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Mirando la EPA según características sociodemográficas

El cambio de tendencia de 2014 ha afectado de manera muy diversa a los diferentes segmentos de población. Por ejemplo, los mayores de 45 y las personas con formación universitaria han acaparado casi todo el empleo creado y presentan tasas de paro inferiores a la media

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La Encuesta de Población Activa publicada hoy día 22 certificó el cambio de tendencia del mercado laboral en 2014 tras seis años de deterioro continuado, con avances en el cuarto trimestre superiores a lo esperado. Frente a 2013, los ocupados crecieron en 205.000 (+1,2%) y los parados cayeron el doble, unas 440.000 personas (-7,3%), debido a que la población activa se contrajo en unas 235.000 (-1,0%) –los 434.000 nuevos empleos que destacan los medios son los del cuarto trimestre frente al mismo periodo del año previo-. En los próximos días aparecerán muchos análisis de la EPA sobre la evolución de los asalariados por sector, por tipo de jornada y contrato, la tasa de paro, etc., centrados especialmente en el último cuarto del año pasado.

Pero yo adoptaré otra perspectiva: comentaré la evolución entre 2008 y 2014 de tres variables principales (activos, ocupados y parados) según cuatro características que incluye la EPA (edad, sexo, nivel de formación y origen), para tener una visión algo más amplia y menos cortoplacista. Para ello es útil utilizar “contribuciones al crecimiento”, una medida que permite visualizar de manera sencilla la evolución de cada grupo (cuánto aumenta / desciende) combinado con la importancia relativa de dicho grupo en el total. Por ejemplo, hay mucha más población activa nacional que extranjera, pero esta se ha reducido a mucho mayor ritmo en los últimos años. Las contribuciones al crecimiento –las barras en los gráficos– muestran ambas cuestiones a la vez.

EPA – Población activa: evolución anual (en %) y contribuciones (en puntos porcentuales)

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Según muestra el primer gráfico, la población activa –quienes están ocupados o en paro– cayó en 2014 un 1,0% frente a 2013, una tasa similar a la registrada entonces. Esta disminución, de unas 240.000 personas, se produjo solo entre los jóvenes (16-29 años) y los de edades intermedias (30-44 años), ya que los mayores de 45 años siguieron incorporándose a la vida activa. A su vez, más hombres que mujeres salieron de la población activa en 2013 y 2014, tras años en que estas siguieron entrando con gran dinamismo. Por nivel de formación, se observa que aquellos con estudios bajos y medios han salido intensamente del mercado laboral, mientras los de estudios altos han seguido incorporándose todos estos años. Por último, la caída de la población activa en este último bienio procede casi totalmente de los extranjeros.

Mientras, los ocupados crecieron un 1,2% en 2014 (unas 200.000 personas) tras caer un 2,8% en 2013, algo por debajo de los 250.000 de la serie de afiliados a la Seguridad Social. El segundo gráfico muestra que el empleo siguió cayendo entre los jóvenes (aunque mucho menos que en años anteriores) y no varió entre las personas de edades intermedias. De esta forma, el incremento total de la ocupación se debió casi en exclusiva a los mayores de 45 años. A su vez, benefició algo más a hombres que a mujeres, si bien entre 2009 y 2013 estas sufrieron contracciones menos severas. Por otro lado, siguió destruyéndose empleo entre las personas con formación baja mientras se creó sobre todo para aquellas con estudios altos. Y benefició en exclusiva a los nacionales, ya que el empleo entre los extranjeros continuó cayendo. En conjunto, la creación de empleo en 2014 se dirigió a los nacionales de más edad y con mayor formación. Por el contrario, la situación de los extranjeros y personas jóvenes y con menor formación empeoró nuevamente.

EPA – Población ocupada: evolución anual (en %) y contribuciones (en p.p.)

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Por su parte, el paro disminuyó en 2014 por primera vez en siete años. Lo hizo en un 7,3% (unas 440.000 personas), mayor al de la serie mensual de paro registrado (-6,2%). El descenso del paro se concentró en los jóvenes y las personas de edad intermedia (pero no porque consiguieran un empleo, sino porque han salido de la población activa). Además, benefició más a hombres que a mujeres, tras años de mejor comportamiento de estas en términos relativos. A su vez, favoreció sobre todo a los de menor formación, aunque los parados con estudios medios y altos también declinaron. Y benefició más a nacionales que a extranjeros. Con todo, es mejor centrarse en los datos de empleo que en los de paro, como ya expliqué aquí.

EPA – Población desempleada: evolución anual (en %) y contribuciones (en p.p.)

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En términos de la tasa de paro, esta promedió un 24,4% en 2014 (aunque fue del 23,7% en el cuarto trimestre). Según muestra el último gráfico, siguió siendo menor para los de edades intermedias (22,2%) y los mayores de 45 años (20,5%). La de los jóvenes se redujo más pero siguió en niveles astronómicos (39,7%) –y si nos ceñimos solo a los menores de 25, el dato es aún peor (53,2%)–. Además, la tasa de paro femenina (25,4%) siguió superando a la masculina (23,6%) y siguió afectando más adversamente a las personas con estudios bajos (33,8%) que a las de estudios medios (24,2%) y sobre todo altos (14,7%). Asimismo, la situación siguió siendo mucho peor para los extranjeros (34,5%) que para los nacionales (23,0%). Por tanto, los peores datos los sufren jóvenes, extranjeros y personas con escasa formación, mientras que los mejores los alcanzan los mayores de 45 años y, muy especialmente, las personas con estudios terciarios.

EPA – Tasa de paro general y por características (como % de la población activa)

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En suma, es posible exprimir la riqueza de la EPA un poco más de lo que estamos acostumbrados. El principal mensaje es que el cambio de tendencia de 2014 ha afectado de manera muy diversa a los diferentes segmentos de población. Así, los mayores de 45 años y las personas con formación universitaria han seguido incorporándose a la población activa pese a la caída agregada de esta. También han acaparado casi todo el empleo creado y presentan tasas de paro muy inferiores a la media nacional. Por otro lado, en 2014 los hombres consiguieron mejores resultados que las mujeres, que venían exhibiendo en años anteriores un mejor comportamiento relativo. Mientras, los jóvenes siguen constituyendo la asignatura pendiente: su colosal tasa de paro ha descendido, pero no porque hayan encontrado un empleo, sino por haber salido de la población activa (son ninis, han emigrado o han vuelto a formarse).

Estas y otras muchas lecturas –más sofisticadas y rigurosas– pueden ayudar a señalar los segmentos más resistentes y más vulnerables o perjudicados del mercado laboral. Estudiar la EPA desde este ángulo puede y debe contribuir al diseño de políticas públicas eficaces. Que los partidos perfilen sus propuestas y tomen nota ahora que comienza la avalancha de promesas electorales.

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