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"Las mujeres debemos inventar una nueva política"

Entrevista con Mariane Van Neyenhoff, periodista y creadora de la campaña Chime for Change

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La periodista Mariane Van Neyenhoff, en el despacho  barcelonés de coworking en el  que trabaja.

Mariane Van Neyenhoff, en el despacho barcelonés de coworking en el que trabaja. M. V.

Mariane Van Neyenhoff, también conocida como Mariane Pearl, era una periodista bastante desconocida hasta que Daniel Pearl, su marido y reportero del Wall Street Journal, fue secuestrado y asesinado en directo ante la televisión por terroristas de Pakistán, a principios de 2002. Estaba embarazada y, como viuda y víctima, fue acosada por medios de comunicación que buscaban lo amarillo de la noticia. Poco después, su nombre volvió a saltar a la palestra cuando Angelina Jolie protagonizó la película A Mighty Heart (Un corazón invencible) sobre la lucha para encontrar a su marido. Los medios volvieron a llamarla, siempre en relación con su esposo.

Pero la lucha de Pearl trasciende mucho esa historia. Lo que pocos conocen y muchos no prestan atención es a la trayectoria individual de esta periodista profesional, que tiene su propio y largo recorrido, y que como muchas otras mujeres, ha quedado oculto.

Buscando compañía a su propio sufrimiento, Pearl se encontró con el de otras mujeres que lidian solas para salir adelante, económica y físicamente. Descubrió en ella misma, y en esas otras mujeres, una fuerza especial, y se ha dedicado a retratarlo. Ha viajado a más de dieciocho países para conocer y contar esas historias, y sigue haciéndolo. Ha escrito el libro In Search of Hope (En busca de esperanza), en el que selecciona doce historias de mujeres que han sido agentes de cambio en sus comunidades. Tiene una web, relaciones con publicaciones y personas de influencia, y dedica su vida a hablar de mujeres que, con sus luchas, pequeñas y grandiosas a la vez, están cambiando el mundo.

Usted trabaja con temas de mujeres. Ha escrito un libro con historias de mujeres en el mundo. ¿Por qué?

Después de la muerte de mi marido, yo había decidido que si seguía en el periodismo era para crear valor. En verdad fue un encuentro periodístico. Después del 11 de septiembre nacieron creo que unos cien niños cuyos padres habían muerto en las Torres Gemelas. Entonces, todo el mundo decía: “¿Cómo vamos a dar esperanza a nuestros hijos?”. Cuando supe esto y miré las fotos pensé: yo también necesito una razón sólida para creer en la humanidad. No una razón religiosa ni espiritual, sino humana. Entonces me contrató una revista dedicada a las mujeres que tiene 13 millones de lectoras. Yo nunca había trabajado en este tipo de cosas, y pude hacer una serie sobre mujeres. Allí conocí y me acerqué a esas historias.

¿Qué vio?

Vi muchas posibilidades para el mundo. Paso mucho tiempo con mujeres, hablando, viendo, observando, y  flipo con lo que son capaces de hacer. El movimiento más interesante de nuestra última generación es, sin duda, la liberación de las mujeres. Pero en esa libe-ración hay mucho más por hacer. Después de encontrarme con todas esas mujeres en esa primera serie pensé: si hay un movimiento al que quiero pertenecer; si hay algo que quiero hacer para esta generación, es con la mujer. Lo que vi y experimenté en todos estos años es que si queremos combatir las guerras, la pobreza, las desigualdades, la solución para la humanidad es abrir la segunda puerta de las mujeres. Veo que las mujeres tienen exactamente el tipo de características necesarias para cambiar el mundo de verdad. Para modificar las causas que llevan a todo el desastre posterior.

Angela Merkel también es mujer...

Me refiero a esas mujeres desconocidas que están luchando en las comunidades en países de Asia, África o América Latina. En general, estas mujeres están sufriendo los efectos de unas políticas que las excluyen. No tienen acceso a las causas. Eso no puede seguir así. Si miramos bien, si realmente nos fijamos en lo que hacen estas mujeres, nos damos cuenta de que todos los problemas graves de este mundo se están creando, en general, por hombres. Es así. Es un tema histórico, factual. La respuesta a los problemas tiene que ser humana, y esa humanidad es una característica que veo muy desarrollada en las mujeres. Si queremos combatir las causas de las guerras, la pobreza, etc., hay que abrir la segunda puerta. 

¿Cuál era su intención con el libro?

Quería enseñar la fuerza de esas mujeres que por una razón mística no eran conocidas. No tenían el poder que debían tener considerando lo que valen. Vi gente en situación muy complicada, con un sentido de justicia intachable y una enorme fuerza de empatía, com-prensión e inteligencia emocional, que tenían respuestas a los problemas. Son mujeres que están sufriendo desde siempre. Aunque no siempre tengan los grados académicos que se piden, conocen todo. Conocen el contexto económico y cultural de donde viven. Y tienen las soluciones. Lo que vi, que me pareció más fuerte, es esa situación íntima de las mujeres de sentido de justicia y de querer mejorar la vida de todos los que tienen alrededor. Es algo muy fuerte en las mujeres.

¿Podría contar un poco más?

El libro incluye historias de todo tipo. Desde la historia de una ama de casa  hasta la de una presidenta. Hay doce mujeres en total. En realidad, para escribirlo viajé a dieciocho países y luego el libro incluye doce historias. Lo que más me gustó, y la historia que me gustaría destacar, es la de una señora que se crió en Marruecos, Fátima. Le encantaba ir a estudiar, a la escuela. Me contó que tenía una antología de Víctor Hugo que la fascinaba. La maestra le leía y ella era feliz. Pero a los doce años la sacaron de la escuela y la casaron con un chico que se iba a vivir a Francia, y a ella se le cortaron todos los sueños. Tuvo dos hijas, y el hombre con el que la habían casado se fue de casa. Se encontró, como tanta gente y como tantas mujeres, sola, sin poder ni leer ni escribir. Sin carrera, sin nada... Entonces escribió un libro fonéticamente para ha-blar de su vida y decir “soy transparente. Limpio las casas de los otros, pero nadie me ve. No importo”. Un día tuvo un accidente y en el hospital la atendió una psicóloga. Fátima le mostró lo que había escrito y la psicóloga entendió el árabe fonético. Vio que era muy bello y se lo tradujo. Fátima fue, ella misma, con su libro traducido, a visitar a las editoriales. Finalmente, una se lo publicó. Yo escribí sobre ese libro. Hubo luego muchas traducciones y tuvo mucho éxito.

No hay muchas con la suerte de Fátima…

Yo, que me crié en Francia, había visto millones de mujeres así, como ella. Las veía, pero no sabía nada de ellas. Son mujeres que en Francia cuidan a niños o a ancianos, como aquí las latinoamericanas. Son mujeres que, además, son víctimas de racismo, de malos tratos. Son mujeres desprotegidas. La historia es que entonces otras muchas mujeres como Fátima empezaron a escribir. Querían decir: “También he sufrido como Fátima”. Sobre el libro se rodó una película y se presentó en Cannes. Era maravilloso verla a ella, en medio de las estrellas. Allí estaba Fátima. Es una historia perfecta para ilustrar por qué hago todo esto. Soy una mensajera, pero la fuerza de Fátima viene de ella. Es una cosa tan real, tan pura, que creo que es ese tipo de energía el que va a cambiar el mundo.

Pero son unas pocas las que logran salir. En general, esas mujeres que cuidan de niños de otras mujeres siguen estando castigadas. Incluso, en general, las mujeres profesionales siguen dependiendo de otras mujeres como Fátima para poder trabajar... ¿Realmente están liberadas las mujeres?  Siempre que voy haciendo perfiles de mujeres, en cualquier lugar del mundo, ellas me dicen: tenemos que unirnos. Son muy partidarias de trabajar juntas. Eso está ocurriendo ahora como no había pasado antes. 

En general, el debate que se oye trata de si la mujer llega a los puestos políticos, si llegan a los consejos de administración. A eso lo consideran igualdad. Pero nosotras tenemos que hacer mucho más que buscar la igualdad. Lo que podemos ofrecer es mucho más que eso. Tenemos que cambiar las cosas. Traer a la sociedad todo lo que tenemos y en lo que podemos contribuir. No sólo buscar la igualdad en puestos de poder, sino inventar un nuevo método de ha-cer política, economía… Otra forma de entender el mundo, sus problemas y sus soluciones.

¿Cómo?

Creo que en los últimos cuarenta años la vida de las mujeres ha cambiado y se ha desarrollado más que en todos los siglos pasados juntos. El ritmo mismo del cambio está variando, por diferentes razones, por las tecnologías, por la globalización, pero también hay algo como el apartheid. Es injusto, es horrible. Un buen día ya no se puede más y se termina con él. A lo mejor, y ojalá, estamos ahí las mujeres.

Usted coordina una página web que se llama Chime for Change. ¿Qué es?

Chime for Change es una campaña que está ahí para amplificar las voces de las mujeres, esas historias escondidas. También está para desarrollar proyectos que ayudan a mujeres a ayudarse a sí mismas. Se crea esa solidaridad y funciona muy bien. En los dos años que llevamos en marcha tenemos noventa proyectos financiados. Mi misión es dar voz a las mujeres, pero no soy yo quien escribe. Las ayudo a escribir, y edito un poco, pero ellas son quienes escriben. Las historias son muy fuertes. Por ejemplo, en Malaui hay una chica de dieciocho años que escribió su historia. Es lesbiana en un país sumamente homófobo. La iban a casar, y ella fue al periódico principal y dijo: “Aquí estoy. Soy homosexual”. Al día siguiente apareció su foto y ella decía: “I am a Lesbian”. 

¿Qué le pasó?

La llevaron a la Iglesia. La echaron de casa. La reacción fue violenta, pero toda la gente que era como ella la apoyó. Lo importante es que fue ella solita, con sus dieciocho años, a romper con lo estructurado. Fue algo que nunca había ocurrido en la historia de su país. Es esa fuerza la que las mujeres tienen, y esa fuerza es la que mostramos en nuestra web. Cuando ves que hay una historia así dices: vale; es una historia. Pero cuando te dedicas a esto y ves que esas historias se repiten, y son quince, y son cuarenta... dices: esa fuerza está ahí. No me lo invento. Son sus historias. 

Encuentro contradicciones. Cuando hablamos de mujeres, lo apoyan grandes marcas de moda, revistas y algunas artistas que presentan un modelo de mujer muy distinto de lo que somos en rea-lidad. Y muy distintas de esas mujeres de las que usted habla...

Para mí no es contradictorio. Un día estaba en Londres en una conferencia y había dos feministas que plantearon por qué yo estaba con todas estas artistas del tipo de Beyoncé... Les respondí: si tú vives en un mundo en el que puedes permitirte vivir sin la gente que puede ayudar, te felicito. Pero yo no vivo en ese mundo. Es así. Confío mucho en lo políticamente correcto, pero no puedes parar la ayuda. Para mí, y para todas las mujeres que ha apoyado Chime for Change, esta es la realidad.

Hay otra contradicción que me causa sorpresa. Tanto usted como otras mujeres que provienen del mundo anglosajón, aunque se supone que siguen la liberación de la mujer a fondo, se cambian el apellido en cuanto se casan, por el de sus maridos. ¿Por qué?

En mi caso, cuando me casé mi marido me dijo: “Vamos a ponernos tu apellido”. Pero mi apellido es Van Neyenhoff. Cuando fuimos a la India, empecé a realizar entrevistas y comencé a dar mi apellido, pero me volvían loca. Así que terminé diciendo “Pearl”, que es mucho más fácil. Ya está. Pero eso no me quita nada a mí. No significa nada. Es algo cultural del mundo anglosajón, pero no es significativo. En España conservan sus apellidos. Tienen incluso un montón de apellidos, y luego no son nada liberales. 

¿De qué tratan sus próximos proyectos?

Ahora estoy desarrollando un proyecto documental justamente sobre las mujeres que nunca han hablado. Vamos a desarrollar este proyecto y haremos talleres de una semana para mujeres que quieren contar su historia, y publicarlas en grandes revistas. Es algo que quiero hacer para romper con lo que hay en esas revistas hasta ahora. Historias que sufrieron las madres, las abuelas, las bisabuelas, y que estas mujeres están cambiando. Creo que comenzaremos con Grecia, y luego tenemos Colombia, y otros países latinoamericanos. Aún estamos produciendo, y veo que es complicado obtener esas historias. Cuando haces tu trabajo te das cuenta de que la capa que nos mantiene abajo está muy bien confeccionada. Cuando las ves dices: ¿Cómo puede ser que el mundo entero no se haya enterado de esto? Hay una razón. No se le ha dado importancia. El único sentido es que no quieren verlo. En nuestra plataforma vamos a darle visibilidad.

¿En qué se beneficia la economía con la liberalización de la mujer?

Hemos hecho miles de estudios que demuestran que las mujeres son viables económicamente, que saben manejar la economía y tienen tendencia a reinvertir en la comunidad, en la familia, en los niños. No hay que preguntarse si las mujeres tienen o no que trabajar. Es un debate antiguo. Mantener a la mujer pobre es una manera de controlar a la población. 

¿Por qué?

Cuando una mujer empieza a empoderarse económicamente, su mirada empieza a cambiar. Recuerdo una mujer paquistaní que comenzó a trabajar con ganado. Se peleaba mucho con su marido, y cuando ella empezó a ganar dinero, su marido comenzó a cambiar de actitud. Al marido no se le había ocurrido que su mujer podía producir un valor económico. Ella, encantada de la vida. 

¿Se separó? 

No. Él la pudo valorar, por todo lo que ella era y hacía. Pudo verla de verdad, desde otro lugar.  Entonces, él cambió de actitud. Él se dio cuenta de que lo mejor era contar con ella como no había contado hasta entonces.

¿Por qué insiste usted tanto en que el tema de la mujer debe tratarse de forma internacional?

Cuando te quedas en tu país es mucho más fácil que te callen. Pueden utilizar a tu familia, está tu comunidad, la vergüenza. En cambio, cuando tu historia sale internacionalmente, cuando tienes un reconocimiento internacional, es mucho más difícil que te repriman. Eso tenemos que hacer las mujeres. Salir al mundo internacional. Chame for Change está creciendo muchísimo y se va a asociar con una organización que se llama Global Citizen. Es una organización muy grande y trabajaremos en el tema de mujeres y niñas. Espero que las mujeres puedan conectar con las de otros sitios. Hay una capa en su país que las hace invisibles.

Esa capa que las invisibiliza no sólo está en las mujeres que sufren violencia machista... 

No. Está en general en las mujeres, y está muy bien hecha. Es un tejido grueso. Las justificaciones para que exista la capa no son justificaciones: cultura, tradición y religión. Nada es tangible. Nada tiene una razón. Vamos a intentar deshacer ese tejido.

[Este artículo ha sido publicado en el número de noviembre de la revista Alternativas Económicas, a la venta en quioscos, librerías y app.  Ayúdanos a sostener este proyecto de periodismo independiente con una suscripción]

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