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Helena, todo no puede ser

La noticia de la citación a Helena Maleno para declarar en Marruecos como resultado de una investigación, al parecer iniciada por el Gobierno de España, no debería haber sido una sorpresa. Es el nuevo paso de un proceso largo de deslegitimación y persecución de su trabajo y el de su organización, Caminando Fronteras.

Que el trabajo de Helena ha sido fundamental para salvar la vida de cientos o miles de personas no es cuestionable para quienes asistimos al esperpento de la construcción de la Europa Fortaleza desde la orilla norte del Mediterráneo. Son demasiadas ocasiones las que los profesionales de Salvamento Marítimo han sido alertados gracias a una llamada, un aviso de Caminando Fronteras que les permite llegar a tiempo para impedir que crezca un poco más una de las cifras que debería avergonzar a Europa. El número de muertos en el Mediterráneo, en torno a 3.000 sólo en 2017.

El próximo año se cumplirán 30 años de muertes en el mar entre España y Marruecos. Tres décadas de ir llenando silenciosa y discretamente la fosa común del Estrecho de Gibraltar. En estos treinta años la respuesta de los gobiernos de España y la UE ha sido levantar vallas cada vez más altas, pagar a Marruecos para que haga de gendarme de la UE y últimamente chantajear a los países de origen de las personas migrantes condicionando la ayuda al desarrollo a que impidan la salida de sus ciudadanos.

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Corresponsabilidad en el alojamiento de personas trabajadoras temporeras

La Asociación Jaén Acoge, con una trayectoria de más de 25 años de existencia, ha sido pionera en la atención a inmigrantes temporeros y desde entonces seguimos trabajando para conseguir mejoras sociales, laborales y condiciones dignas de alojamiento para este colectivo tan especial por sus características específicas.

En todo este tiempo, hemos sido testigos y agentes activos en las diferentes campañas de recogida de la aceituna, de la llegada de un número muy elevado de inmigrantes temporeros. Esto ha supuesto, en muchas ocasiones, tener que superar muchas dificultades, pues a pesar de existir una planificación previa en el trabajo, el hecho de incrementarse el número de personas que vienen a la campaña, ha supuesto y supone un esfuerzo mayor para poder atenderlos; con el tiempo, y gracias al fortalecimiento y alianzas con todos los agentes implicados (Ayuntamientos, Junta de Andalucía, Diputación Provincial de Jaén, ONGs, Sindicatos y Asociaciones agrarias, a través de la creación del Foro Provincial de Inmigración, que ha ido coordinando las acciones para el colectivo temporero).

La creación de la red pública provincial de albergues que con el tiempo ha alcanzado a día de hoy 22 albergues en toda la provincia con 717 plazas en total, ha supuesto un avance importantísimo para paliar la situación de alojamiento de los temporeros en la primera acogida. Aunque es la única provincia que cuenta con una red de albergues para temporeros, siguen existiendo muchas dificultades para este colectivo ya que gran parte de la problemática radica en la falta de responsabilidad de algunos empleadores agrícolas que siguen sin ofrecer una vivienda a los temporeros ya contratados, pues la red de albergues se creó como un sistema de alojamiento de primera acogida diseñada para la búsqueda de empleo y no para albergar a trabajadores en activo.

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Mujeres migrantes vistas por el cine

El territorio español ha sido, hasta la década de los ochenta del siglo pasado, un territorio emigrante. En la actualidad es un país receptor. Según el  Informe del Observatorio Permanente de la Inmigración (2012), el número de personas extranjeras residentes en España ascendía a 5.333.805. Casi el 49% del total son mujeres. La procedencia de éstas son: Paraguay, Brasil y República Dominicana.

La inmigración unida a los medios no ha sido objeto prioritario de estudio en nuestro país hasta hace relativamente poco tiempo. Es en la primera década del siglo XXI cuando la comunidad científica manifiesta un acertado interés, especialmente a través del análisis de informativos (audiovisuales y escritos), de series de ficción televisadas y cine.

Nos hacemos muchas preguntas relacionadas con estos datos que van más allá de si se está feminizada la emigración. En el estado español, las mujeres que se encuentran en el tramo de edad de 20 a 29 años son ya mayoría frente a los hombres. Las preguntas a las que nos gustaría responder están vinculadas con estas dos: ¿qué mirada mantiene el cine? ¿la realidad y la ficción coinciden en sus maneras de plantear cuestiones relacionadas con el tema?

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La construcción conjunta de la convivencia

Corría el año 1987. Granada era una pequeña capital de provincia acostumbrada a los numerosos visitantes que llegaban desde lejos para admirar los delicados palacios y jardines de la Alhambra, para perderse por las intrincadas calles del Albaicín o para dejarse llevar por el desenfreno en una exótica zambra del Sacromonte.

Pero poco a poco fueron llegando otras personas desde lejos, que en lugar de maletas cargaban con la esperanza de echar raíces y construirse un futuro más próspero, tanto para ellas mismas como para las familias que dejaban atrás. Personas cuyo viaje era arriesgado y peligroso, que encarnaban el sueño de toda una comunidad que construyó con ellas un proyecto migratorio que beneficiaría también a la colectividad.

Su presencia en las calles granadinas era una consecuencia más del cambio social que estaba experimentando España, que estaba dejando de ser un país de emigrantes para convertirse en un país de acogida. Pocos podían intuir entonces la profunda transformación que viviría la sociedad en las décadas posteriores, la cual supuso un inmenso cambio de conducta en toda una población cuyo nivel adquisitivo aumentaba, permitiéndole el acceso a empleos con sueldos más elevados y mejores condiciones laborales.

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Un antes y un después en la Frontera Sur

Fotografía tomada aquel día en la que se ve cómo, tras descender por una de las escaleras colocadas por la Guardia Civil, dos personas fueron entregadas a las autoridades marroquíes por una de las puertas de acceso de la valla.

El pasado 3 de Octubre, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH)  condenó a España (ECHR 291 (2017)03.10.2017) a indemnizar a dos ciudadanos de origen subsahariano que en Agosto de 2014 intentaron entrar en España, a través de la valla de  Melilla, e interceptados por las autoridades españolas fueron  devueltos a Marruecos. El Tribunal considera que esta devolución vía de hecho o devolución en caliente, vulnera la legalidad contemplada en el Convenio Europeo de Derechos Humanos, concretamente los artículos 4 del Protocolo 4 y artículo 13, por estar prohibida expresamente.

Para poder concluir con las posibles consecuencias que tendrá para España, y la legislación de extranjería, hay que analizar la figura de las devoluciones en caliente, una práctica que se ha detectado en la frontera entre España y Marruecos, concretamente en la zona territorial de Ceuta y Melilla. En estos territorios se ha constatado que las personas que intentan entrar en España por puestos no habilitados y son interceptadas por las autoridades españolas se ponen a disposición de las autoridades marroquíes, sin control administrativo ni judicial y, por tanto, como han denunciado tanto ACNUR como otras ONGS que trabajan en estos territorios, dicha práctica es contraria tanto al orden constitucional español como al europeo e internacional.

Desde el año 2000 cuando se promulgó la Ley 4/2000 de Derechos y Libertades de los Extranjeros en España (Ley de Extranjería) se implanta un procedimiento de devolución para quienes pretendan entrar irregularmente por un puesto de control fronterizo y también para los que intenten la entrada ilegal por lugares no habilitados, que conlleva unas garantías jurídicas imprescindibles: individualización, audiencia con asistencia letrada, motivación y sometimiento al correspondiente control jurisdiccional.

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Resaca veraniega

Después de vivir el estío más dramático que se recuerda tras el ataque terrorista a las Ramblas, debemos seguir trabajando para vencer esta resaca. Es alarmante escuchar y leer reacciones que van desde las expulsiones masivas de cualquier persona incluso con nacionalidad española sobrevenida; pasando por alentar bombardeos indiscriminados sin saber dónde ni contra quién, hasta intentar suprimir derechos adquiridos en función de la etnia del individuo.

Duros tiempos en los que mezclamos de manera aleatoria los términos yihadista, árabe, musulmán o islamista sin saber muy bien la diferencia de sus significados y sin calcular la dimensión del error terminológico.

Con el trasfondo de una pretendida consulta electoral, continuamos analizando si se tomaron las adecuadas medidas de seguridad que se aconsejaron las pasadas navidades o si le dimos alguna credibilidad a los avisos dados meses atrás sobre la posibilidad de que podría pasar lo que finalmente ocurrió en el lugar más emblemático de Barcelona. Seguimos preguntándonos como el conductor terrorista pudo salir por su propio pie del lugar más transitado de Cataluña -tras recorrer más de medio kilómetro atropellando transeúntes-, apuñalando incluso a otro inocente en su huida, antes de ser abatido días más tarde. Nos interrogamos cómo, días antes, no pudieron llamar la atención decenas de bombonas almacenadas con material sospechoso en un lugar que a la postre resultó ser el refugio terrorista donde se planeaban asesinatos indiscriminados contra la población civil.

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Migraciones y cambio climático

Vista de la zona desértica de Tabernas (Almería).

Los migrantes, una nación sin pueblo, no sólo tienen que huir de otros hombres para sobrevivir, con el colapso climático, también deben huir del planeta. Son los migrantes climáticos. Sienten en su cuerpo la inhospitalidad de la Tierra y además reciben en su rostro la escasa solidaridad y ausencia de fraternidad de sus nuevos vecinos. La patria, para aquellos a los que esta palabra todavía dice algo, sólo significa la imposibilidad de sobrevivir. Son nuda hominum. Hombres desnudos, despojados de todo estatuto jurídico, al no ser reconocidos por el derecho internacional como refugiados y no haber ningún régimen legal que los proteja. ¿Puede llegar a ser el colapso climático un instrumento biopolítico de control de flujos migratorios y dominación?

Sujetos políticos en su país, pero sin estatuto jurídico en su éxodo, los migrantes climáticos se han convertido en sujetos de segunda clase. No están pero son retenidos. El resultado de esta indefinición es la paradójica figura de los «expulsados retenidos». Meras existencias de frontera. Vidas desnudas ante el poder soberano de la Naturaleza y del Estado, a la que quedan reducidos los seres humanos sin derecho ni ciudadanía. En ellos la trilogía clásica estado-nación-territorio queda truncada. Pero desde su abandono y desprotección nos interrogan. Ponen en cuestión nuestro estatuto de ciudadanos de la Unión Europea, blancos y occidentales, titulares de derechos.

Europa es un punto neurálgico para las migraciones climáticas que llegan desde África y Oriente Próximo. Pero para muchas personas será imposible huir. Sólo quienes gozan de buena salud o posen más recursos podrán emprender el éxodo, el abandono de todo lo que son y de todo lo que tienen. Las poblaciones inmovilizadas entretanto habrán de padecer situaciones humanitarias más graves que quienes emigran. Muchos serán abandonados a su suerte en zonas semiabandonadas, inhóspitas, sin la protección del estado y en contextos angustiosos. Es necesario preguntarse, por ello, si cuando el colapso climático se haga más profundo, estas regiones pueden llegar a convertirse en «espacios de excepción» donde todo sea posible, a modo de modernos campos de concentración. Sin alambres de púas, barreras, rejas, sólo con barreras climáticas.

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La Europa sin alma

Hay una Europa sin alma. Una Europa capaz de traicionar sus valores más profundos. Una Europa que se niega a sí misma adentrándose por caminos inquietantes. Uno es el camino del rechazo, del despliegue de políticas disuasorias que en su conjunto transmiten un nítido mensaje: “no vengáis”. El otro camino es el del engaño, manipulando y desviando la atención sobre las terribles consecuencias que sus políticas están teniendo para las vidas de miles de personas necesitadas de protección.

Esta Europa inquietante se nos ha revelado con la crisis de los refugiados. Acuerdos con países como Turquía, entre otros, para que actúen como gendarmes de nuestras fronteras y dificulten que las personas refugiadas puedan llegar a Europa. Y en virtud de estos acuerdos, la devolución de cientos de ellas a países con enormes carencias en la protección de las personas refugiadas e inmersos en situaciones de inestabilidad política y violación de derechos humanos.

Para las que sí consiguen llegar, procedimientos de reconocimiento de protección internacional extremadamente lentos, faltos de garantías y discriminatorios según nacionalidades. A lo que se suma una escandalosa falta de determinación para reubicar a las personas refugiadas llegadas a Italia y Grecia, condenándolas a condiciones de acogida, en muchos casos, deplorables. Por si todo lo anterior no fuera suficiente para "disuadir" de llamar a las puertas de Europa, blindaje y militarización de fronteras.

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Carta abierta en apoyo a Helena Maleno

Hay una idea, una frase, que Andalucía Acoge repite desde sus primeros años: "La inmigración no genera nuevos problemas, fundamentalmente pone de relieve las carencias que ya existen en las sociedades receptoras".

Es fácil olvidar esta idea cuando estamos invadidos de imágenes dantescas de los naufragios en el Mediterráneo o de la violencia callejera producida por el resurgir de la ultraderecha en EEUU y la propia Europa.

Pero detrás de cada una de estas imágenes hay una realidad que es resultado de las brechas aún no cubiertas de nuestro modelo de sociedad. Eso incluye a ministros de la Unión Europea que se desentienden de los muertos en el Mediterráneo, incluso criminalizando a las ONGs que intentan salvar vidas, o dejando que ciudadanos europeos sean virtualmente secuestrados en aguas internacionales por patrulleros libios. Incluye también a las personas que ven frustrado su proyecto vital por la precariedad y que son vulnerables a los mensajes racistas que algunos medios alimentan generando tensión y violencia social.

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¿Por qué incluir la religión cuando hablamos de convivencia?

Enero de 2015. El Centro Cultural Islámico de Valencia convocó una concentración ante el consulado de Francia en Valencia para hacer llegar la condolencia con las víctimas del atentado contra Charlie-Hebdo y expresar la repulsa del terrorismo, especialmente el que pretende legitimarse religiosamente.

Instintivamente, pensamos la convivencia como aspiración en ámbitos muy diversos: la vivienda, el lugar de trabajo, el edificio, la calle, el barrio. Aspiramos a convivir relación positiva entre personas y grupos basada en el respeto, cuidada a través de la comunicación, potenciada con metas compartidas, labrada en la gestión de los asuntos comunes, del reconocimiento del otro en lo que tiene de común y en su diferencia, salvada mediante la negociación para resolver tensiones y conflictos. Convivir es más que coexistir en el mismo espacio con personas y grupos extraños, sin apenas factores de identidad compartida, que evitan los conflictos sin tender puentes de comunicación, más bien cerrados en grupos estancos.

Así como la coexistencia puede contentarse con relaciones superficiales, la convivencia exige mayor profundidad o intensidad en la relación. A tal fin, es ineludible tomar en serio los distintos componentes que identifican a la otra persona, también los que se mueven en las capas más profundas: las tradiciones en las que ha sido formada, su identidad electiva, lo que toca a su vocación, su escala de valores, su espiritualidad, lo que afecta a su conciencia. Esta es la gran razón por la que contemplar la dimensión religiosa de la persona, su modo de vida en lo que viene moldeado por tradiciones religiosas, lo que le está permitido y vedado en conciencia, lo que afirma su fe, sostiene su esperanza y le vuelca hacia los demás. O lo que le pone en guardia, porque afecta a lo más sagrado.

Cuando se trata de convivir día a día en un ámbito local próximo, hay cuestiones que tocan a la religión que no se pueden desconocer. Por ejemplo, en ocasiones, la práctica religiosa desbordará los espacios familiares y comunitarios, de modo que será preciso negociar el uso del espacio público: locales municipales, parques, plazas, calles… Las fiestas religiosas que jalonan el año para toda la comunidad y las que jalonan la vida son ocasiones en las que, frecuentemente, se invita a parientes, amigos, vecinos… Asociarse a la alegría y al duelo de otros es importante para convivir, cosa que facilita saber qué celebran, el significado de tal o cual rito, las normas mínimas de cortesía de quien participa sin formar parte de la comunidad religiosa. La religión ordena muchos significados, jerarquiza valores, establece catálogos de deberes y prohibiciones. Una sociedad plural no comparte todas las propuestas de sentido, ni todas las escalas de valores. La convivencia se juega en reconocer qué valores son compartidos, qué diferencias se pueden respetar o tolerar, en qué la discrepancia se muestra respetuosa, y que no debe ser tolerado. Es preciso mediar, sí. Para ello, es preciso discernir con finura el revestimiento cultural del fundamento religioso de muchas normas y costumbres. Es necesario contar con quien conozca las varias tradiciones religiosas e ideológicas en conflicto por una cuestión dada, y que ayude a traducir elementos equivalentes, a delimitar bien lo más difícil de armonizar.

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