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Salvador Távora, el dolor de ser andaluz

Recuerda emocionado Salvador Távora (Sevilla, 1934) una primera vez decisiva. Fue un estreno, un debut que nada tendría que ver con su condición de dramaturgo, de director de la compañía de teatro La Cuadra, la que vendría a revolucionar, en la década de los 70, las artes escénicas nacionales aunando la cultura popular andaluza con el cosmopolitismo de las vanguardias del siglo XX. Era una primera vez que tendría que ver con su compromiso social y político, el de depositar su voto “blanco y verde” en una urna. Era 1979 y ya estaba abierta la puerta a la Democracia en España. “Mi teatro no hace andalucismo. Intenta hacer Andalucía”, contaba ya entonces a los medios de comunicación el dramaturgo y el poeta, el niño proletario, obrero en las fábricas textiles de Hytasa, torero fugaz y cantaor breve, el hombre que ha llenado los teatros más importantes del mundo.

En España se abrieron las ventanas, como decíamos, en los primeros años de vida de La Cuadra y comenzó a entrar el aire regenerador de la libertad. Por primera vez en cuarenta años los españoles fueron a votar. Primero la Constitución, y más tarde, en ese imborrable primero de marzo de 1979, las elecciones democráticas al Parlamento español, que dieron la victoria a Adolfo Suárez. “La gente había dejado de escuchar Radio Pirenaica, y en plena campaña electoral para las primeras elecciones municipales, que tenían que celebrarse el 3 de abril, Salvador Távora, en Bruselas, trabajaba con gentes de la emigración para representar su montaje Andalucía Amarga, que se estrenaría el 25 de abril de 1979 en el II Festival de Kaaitheater Chapelle des Brigittines de Bruselas”, recuerda la escritora sevillana Eva Díaz Pérez, biógrafa del dramaturgo en el vibrante relato que es el libro Salvador Távora. El sentimiento trágico de Andalucía (Fundación José Manuel Lara).

Con esa premisa, ese hondo sentimiento político transido de Andalucía, se ha acercado siempre Távora, no sólo a las urnas, sino a la vida y, sobre todo, al arte. Recuerda también Távora esos días a los que se refiere la escritora: “Parecía que ya no iba a tener sentido hablar de una Andalucía con dolor, pero no era así. Estábamos sólo en el punto de partida porque había una gran parte de Andalucía que aún estaba fuera: la emigración. Yo creí que los motivos de la contestación en el arte no iban a llegar con la llegada de la Democracia, ni tampoco de las elecciones”.

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Juan Antonio Lacomba: al andalucismo a través de la historia

Juan Antonio Lacomba - Fotografía de Pepe Ponce

Como si los andaluces también pudiéramos nacer donde queremos, Juan Antonio Lacomba (Chella, Valencia, 1938-Málaga, 2017) repetía que él era andaluz "de voluntad" y que no encontraba mejor manera de serlo que trabajando por la sociedad que lo acogió. La frase perfila al personaje. Lacomba fue un andaluz nacido en Valencia que rindió el mejor servicio a su tierra de acogida: dedicó la vida a investigar su historia económica y social. Una vez vino a Málaga y se quedó para siempre a estudiar. "Como soy mediterráneo, me quedé aquí", decía.

Se había doctorado en Historia con una tesis sobre la crisis de 1917 en España, presentada en la Universidad de Valencia. Allí aprendió de José María Jover que lo principal en la Historia son las fuentes. Algo debió de ver el régimen en aquel trabajo que censuró la tesis. Años después, un profesor de la Universidad de Málaga intervino ante Pío Cabanillas, y un nuevo censor dio vía libre. Lacomba nunca supo por qué lo que había sido "no publicable" se hizo válido. Así funcionaban las cosas.

Lacomba encontró Andalucía en 1966 y enseguida halló su manera de ser andaluz: estudió a fondo los procesos de industrialización y desindustrialización de Málaga, entonces por explicar, y ahí encontró claves que luego aplicaría al conjunto de Andalucía. "Se levantó una industria de vanguardia sobre una sociedad muy atrasada y eso no ajustaba", decía de las fábricas malagueñas de textiles, de las fundiciones y herrerías, todas truncadas con el siglo XX, en una entrevista para el número 39 de la revista Andalucía en la Historia. "La modernización social es un proceso muy complicado y largo de desarrollar. En Andalucía se comenzó la casa por el tejado, por eso se vino abajo".

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Antonio Gala: Viva Andalucía Viva

Asegura su secretario personal que "hablar de Andalucía es lo que más le puede gustar a don Antonio". Es una conversación tan breve como ceremoniosa, cargada de bellos formalismos y gestos de cortesía que sorprenden en este tiempo de postverdad donde la corrección política no se corresponde, paradójicamente, con las normas de educación que ordenan y dan sentido al entorno del escritor. "El señor Gala está prácticamente retirado de la vida pública", prosigue, amable, el asistente del autor andaluz más leído de las últimas décadas, para explicar su silencio ante los requerimientos que nunca cesan en torno a su compleja personalidad: una figura sin duda poliédrica de la que hoy destacamos uno de sus planos quizás menos transitados, su andalucismo militante.

Porque, si bien ahora Gala ha recuperado ese espíritu silente del que fuera Cartujo durante un breve periodo de su vida, no siempre fue así. Su compromiso cívico, su voz crítica y su conciencia social, apegada a la tierra, convierten a este cordobés nacido en Brazatortas (Ciudad Real) en uno de los autores más completos e inabarcables de su generación. Poeta, dramaturgo, novelista, ensayista, articulista, guionista de cine y televisión, y, además, personaje público que con la pluma como afilado estilete se ha convertido también en un agitador social y un fustigador de conciencias desde todas las tribunas mediáticas a las que se ha asomado durante los últimos sesenta años.

Foto: Inauguración del I Congreso de Cultura Andaluza el 2 abril de 1978 en la Mezquita-Catedral de Córdoba. Crédito: C&T Editores/Centro de Estudios Andaluces. Foto: Ladis

Foto: Inauguración del I Congreso de Cultura Andaluza el 2 abril de 1978 en la Mezquita-Catedral de Córdoba. Crédito: C&T Editores/Centro de Estudios Andaluces. Foto: Ladis

De Antonio Gala no sólo debe conocerse su obra literaria: la popularidad de sus novelas, la carga erótica de su poesía amorosa y el éxito de sus piezas teatrales; sino que ahora que se acerca el 40º aniversario de aquel trascendental 4 de Diciembre andaluz, es un acto de justicia arrojar luz sobre el Antonio Gala más combativo, el de la responsabilidad social y el activismo político. "A veces olvidamos su perfil cívico, su firme compromiso ciudadano a favor de las libertades, de los derechos civiles de Andalucía, de cuya bandera autonómica formó parte desde mucho antes de que existiera la autonomía, cuando a nuestra comunidad se le negaba incluso el derecho a ser por sí, por España y por la humanidad", escribía hace un año el periodista Juan José Téllez como director del Centro Andaluz de las Letras, institución que eligió al cordobés como Autor Andaluz del Año en 2016.

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