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Yayoflautas: la columna amarilla que protesta en silencio todos los lunes

Los Yayoflautas de Córdoba inician el año redoblando su tarea callada con ‘los lunes al sol’, donde reivindican los derechos sociales desde la experiencia que les dan sus años.

La Ley Mordaza, la corrupción, la violencia de género, la reforma laboral, las pensiones o la Ley de Dependencia centran lunes a lunes cada acción de estos jubilados inconformistas contra la actual situación.

Este año, además de la protesta silenciosa en la calle, diversificarán sus acciones con actos en centros de trabajo y educativos para “llevar nuestros mensajes, nuestra experiencia y nuestra reflexión” a la ciudadanía.

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El colectivo de los Yayoflautas de Córdoba conforma su columna silenciosa de protesta cada lunes.

El colectivo de los Yayoflautas de Córdoba conforma su columna silenciosa de protesta cada lunes.

Suman casi 2.000 años de vida y experiencia que caminan en silencio por el principal bulevar de Córdoba. Es lunes y una treintena de jubilados, uniformados con chalecos amarillos y pancartas reivindicativas conforman una columna andante, en silencio, que lleva su mensaje escrito por todo el centro de la ciudad. Son los Yayoflautas de Córdoba, un día más y van para tres años ya, llevando a cabo sus particulares ‘lunes al sol’, como denominan a las acciones que desarrollan cada primer día de la semana para protestar por la situación social y reivindicar los derechos de los ciudadanos.

“Cada 15 segundos una mujer es maltratada”. “Callar nos convierte en cómplices”. “En pareja el respeto es lo que cuenta”. Son algunos de los mensajes que un lunes de enero portan en sus pancartas contra la violencia de género, en respuesta a las primeras muertes de mujeres del año registradas la pasada semana en Elche (Alicante). Y les esperan más lunes.

 

 

Los mensajes y las temáticas de cada día de protesta las eligen en las asambleas de este grupo de jubilados que ya suman 42 yayos y que con sus propias manos elaboran las pancartas que pasean por calles, plazas y hasta en el Patio de los Naranjos de la Mezquita-Catedral. El mayor es Rafael, que con 82 años hace poco que se ha unido al grupo. “Nunca es tarde”, dice, para reivindicar los derechos de todos los ciudadanos, sean mayores o jóvenes.

“Nuestra experiencia nos lleva a reflexionar con serenidad, sin inmediatez. Y tratamos de transmitir experiencias útiles para los demás, nuestros mensajes y nuestras reflexiones”, apunta Benjamín mientras se enfunda el chaleco amarillo. Están dispuestos a redoblar su esfuerzo con el inicio del nuevo año y no sólo se quedarán en la calle: “Vamos a diversificar nuestras acciones”, anuncia para explicar que además de sus particulares ‘procesiones silenciosas’ por las calles de la ciudad, también intensificarán su participación en encuentros, charlas y debates en el ámbito educativo y laboral.

Acciones ante los centros de trabajo y en foros de la Universidad son también objeto de la fórmula experiencia-protesta que los Yayoflautas llevan a cabo. Y es que son pocos los actos de protesta por los derechos sociales y laborales en la ciudad en los que no se ve a algunos miembros de este colectivo de jubilados.

Whatsapp y Google goup: los yayos del siglo XXI

Esta misma semana se preparan para participar en actos contra la Ley Mordaza, protesta que ya desarrollan en uno de sus lunes con la boca tapada para escenificar el recorte de los derechos que propone a su juicio el Ejecutivo con la nueva ley de seguridad. Y seguirán su lucha como lo han venido haciendo contra la reforma laboral, el desempleo y la precariedad laboral, contra los recortes en la Ley de Dependencia, contra la corrupción, por una educación y sanidad de calidad o por los derechos de los inmigrantes. Y, por supuesto, con algo que les toca de cerca: las pensiones.

“La gente tiene tendencia a decir que no hay nada que hacer. Pero eso no quiere decir que no hay que hacer nada”, reflexiona Carlo –el último eslabón de la columna amarilla de este lunes- para explicar las ganas y la conciencia con la que cada día los yayoflautas emplean su tiempo en hacer visibles al resto de los ciudadanos que sí se puede hacer algo contra la situación de crisis actual.

Mientras caminan, Pilar, cámara en mano, es la yaya que ejerce de reportera gráfica. Porque son conscientes de que a cada una de sus acciones hay que darles visibilidad, no sólo en la calle, sino también en la red. Cuelgan sus fotos, videos y textos en su propio blog, desde donde llaman a la participación. Y utilizan el whatsapp y Google group para comunicarse internamente. Son los yayos del siglo XXI, a los que les ha tocado alzar la voz para luchar contra los recortes de los derechos que ellos mismos consiguieron hace décadas.

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