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Tres lustros para transformar una cárcel de la represión franquista en centro cívico para Córdoba

La antigua prisión provincial, que estuvo activa hasta el año 2000, se reconvierte para su nuevo uso al servicio de los vecinos

En uno de los barrios más populosos de la ciudad, el edificio ha sufrido 16 años de abandono, saqueo y protestas vecinales

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La antigua prisión provincial de Córdoba, reconvertida en centro cívico municipal.

La antigua prisión provincial de Córdoba, reconvertida en centro cívico municipal.

Una antigua garita de piedra hace de centinela frente al portón de madera, tan alto como para dejar pasar a las camionetas que trasladaban a los presos. Las ventanas del edificio conservan sus rejas, que ahora adornan con macetas de flores, flores que también se han dispuesto en un arriate del patio empedrado de entrada donde, pintada en azulejos, aún se puede ver la imagen de Nuestra Señora de las Mercedes con la siguiente leyenda: "Patrona de este establecimiento penitenciario".

Ahora, un toldo cubre parte del patio y por la cristalera de entrada entran y salen vecinos. Un grupo de mujeres mantienen una reunión en un aula, junto al espacio expositivo y la sala de formación y salón de actos. En la planta de arriba, está abierta la ludoteca, la biblioteca, una sala de usos múltiples, una zona infantil y un espacio con acceso a internet.

Es la antigua Prisión Provincial de Córdoba, ‘la cárcel de Fátima’ para muchos cordobeses, conocida así por su ubicación en el barrio del mismo nombre en plena ciudad y que estuvo activa desde los años 30 del pasado siglo –siendo el destino de los represaliados por el franquismo en la zona- hasta comienzos del actual. Fue en el año 2000 cuando el Gobierno clausuró esta prisión incrustada ya entonces en medio de edificios de vecinos de uno de los barrios más populosos de la ciudad. Y no ha sido hasta ahora, 16 años después de su cierre, cuando la antigua prisión ha cobrado  una nueva vida como centro cívico municipal del distrito de Levante de la capital cordobesa.

Un centro cívico reivindicado por los vecinos desde que el edificio quedó cerrado y vacío en el año 2000. Dos años después del cierre de la prisión, Gobierno y Ayuntamiento llegaron a un acuerdo para el desarrollo de la bolsa de suelo que se liberaba en este espacio: 25.000 metros cuadrados, de los cuales 5.000 se destinarían a viviendas y el resto quedaría en manos del Ayuntamiento para distintos usos. Uno de ellos, el edificio administrativo de la antigua prisión, sería el de crear un centro cívico municipal para el barrio y sus vecinos.

Pero tuvo que pasar casi una década más hasta que el edificio se rehabilitó para tal fin en 2011, con un presupuesto de 770.000 euros con cargo a fondos gubernamentales. Sin embargo, ese año, con el cambio de Gobierno municipal (PP), el proyecto quedó paralizado y en los siguientes cuatro años los ladrones aprovecharon el abandono del lugar para llevarse todo lo que encontraron a su alcance: desde las cañerías a los grifos y hasta ventanas. En mayo de 2015, con el nuevo cambio de Gobierno municipal (PSOE e IU), el proyecto se retomó y, con un presupuesto de 170.000 euros para subsanar desperfectos y adecuar el edificio, el centro cívico municipal ha quedado por fin abierto para los vecinos a primeros de este mes de abril.

"Era el barrio más seguro: 24 horas de vigilancia"

En la memoria queda todo este tiempo en el que han sido constantes las protestas vecinales por el abandono que sufría el proyecto y el edificio. Años en los que se sumaron los retrasos de las administraciones y los saqueos de los vándalos.

María, vecina del barrio desde hace más de cuarenta años, ha sido testigo de todos los episodios por los que ha pasado el edificio de la prisión de Fátima: "Que se le haya dado una utilidad es vida para el barrio", señala satisfecha mientras recuerda los años de reivindicaciones, de manifestaciones y pancartas a las puertas de la antigua cárcel.

Ella, aún vive en uno de los primeros bloques de pisos que se construyó junto a la prisión: "El resto era campo", recuerda mientras ahora pasea con su nieto frente al edificio penitenciario. Rememora sus años de juventud y cómo sus hijos crecieron con los presos como particulares vecinos. "Nunca hubo un problema con la cárcel aquí. ¡Claro! Era el sitio más seguro, con vigilancia 24 horas", ríe.

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