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¿Caixa Andalucía?

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Unicaja reduce al 90,8% la participación en el capital de su banco tras la compra de Ceiss

No queridos lectores, el título de esta columna no es un error, sino el vaticinio de cual podría ser el nombre, más o menos próximo, de la primera entidad financiera de Andalucía.

Tres décadas después de que esta tierra se dotara de una autonomía, impensable para muchos, uno de nuestros mayores fracasos ha sido nuestra incapacidad para dotarnos de una entidad financiera de carácter eminentemente andaluz, capaz de dar respuesta a nuestras necesidades, con independencia de centros de decisión financieros muy alejados de las mismas.

Fracasó Borbolla, fracasó Chaves y fracasó Griñán. El intento por conseguir la demonizada caja única, que hubiera podido dotar a Andalucía de una entidad financiera potente, como suma de las cajas de ahorros que en los ochenta, noventa y primera década del siglo XXI operaban con solvencia en nuestro territorio, se saldó con sucesivos fracasos, ante localismos muchas veces alentados desde las fuerzas políticas, que hubieran debido conseguir esa gran herramienta financiera del sur.

De aquellos polvos del localismo más miope han llegado los lodos de que Andalucía, salvo el honroso caso de Unicaja, no esté hoy en día en condiciones de competir financieramente con otros territorios del estado.

El cataclismo de la crisis ha dibujado un escenario inimaginable hace apenas una década en el que la concentración financiera ha dejado sin una herramienta bancaria potente a una comunidad con más territorio y población que muchos países de la UE.

A estas alturas de la película, tras las dos rondas de fusiones que han dejado el panorama financiero español reducido drásticamente, Andalucía parece resignarse a ser una especie de comparsa en este tablero, en el que se sigue jugando la partida sin que nuestros depósitos sean otra cosa que suculentas piezas de caza para la Caixa y Bankia.

Parece evidente que tanto para Fainé como para Goirigolzarri y por supuesto para de Guindos, el proceso aún no ha concluido y determinadas entidades como BMN -con una presencia notable en el levante, Andalucía Oriental y Baleares y un saneamiento ya concluido- son un apetitoso bocado tanto para catalanes como para madrileños.

Ante semejante panorama cabe preguntarse ¿a qué está esperando la Junta de Andalucía para al menos articular una alternativa autóctona?

Conviene recordar que la fusión entre Unicaja y BMN alumbraría una entidad resultante de 150.000 millones, a la que no sería descabellado intentar sumar los 90.000 millones de la extinta Cajasur, lo que nos daría un banco con casi 250.000 millones, casi hegemónico en Andalucía y con una fuerte implantación en Castilla y León, todo el arco mediterráneo y Baleares.

Lo que no consiguieron Borbolla, Chaves, Griñán o Arenas, debería ser una prioridad para Susana Díaz y Juan Manuel Moreno, en lo que sin duda es la última oportunidad para dotar a Andalucía de una herramienta fundamental para su futuro. Ese sí que es un reto a la altura de los tiempos que corren.

No debería perder mucho tiempo la presidenta de la Junta para ponerse manos a la obra y explorar una posibilidad como esta. Claro que para ello habría que contar con no repetir errores pasados y evitar los localismos y personalismos que frustraron los intentos precedentes.

Muy de vez en cuando, a un gobernante se le presenta la ocasión de dejar una huella profunda de su paso. Sin duda, la ocasión de Susana Díaz es la de conseguir que Andalucía tenga voz propia en el sistema financiero de este país; algo para lo que, por cierto, no le queda mucho tiempo.

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