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Crueles y cobardes

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Lluvias en Galicia, en el Sistema Central y en parte de Andalucía

Treinta por ciento de tiesos, treinta por ciento de sobraos, y otro treinta por ciento de asustadizos, colmado el vaso de la paciencia estadística. Si el sueldo medio, el salario del miedo del expañolito medio se sitúa peligrosamente en los mil y pico de machacantes, ¿cuánto gana Fulanito?

Amén de descontarnos la parte chunga concerniente a la deuda histórica, los hombres y las mujeres del tiempo han cogido manía a Andalucía. Observen el mapa, un sol bajo mínimos muestra su redonda figura en lo alto de las previsiones para hoy, mañana y pasado. La gachí deletrea el futuro con destreza, póngase una rebequita septentrional, encienda la chimenea al sur de Zamora, salude la humedad reinante, la mujer recibe alarmas en el pinganillo, aligera, aligera, que va a saltar el Levante, y cuando nos disponemos a entonar el himno de la alegría, qué alegría de irnos, pasa por Andalucía como un huracán, unos segundos de felicidad arreglada y al Caribe.

No hay derecho. La gente del dinero y del respeto hace lo propio a la hora de repartir plusvalías, deja al Sur para los postres. Total, ellos se lo pierden. A la hora de la verdad, al cabo y al fin, basta con volcar el mapa, como si fuera una tabla clasificatoria, para sentirse aliviado por una linda nubosidad variable.

Al calor de alguna pitonisa rebelde, los que manejan la barca se abandonan ahora al porno duro de los porcentajes puros y jevis. Somos tontos por ciento. Dan por perdida la reputación, y también el prestigio, así que dedican sus esfuerzos exclusivos a la franja de presuntos indecisos, yo creo que gobiernan para los que dudan, o al menos proyectan sus pasos hacia ellos. Esto es, nos persigue una mancha de sociópatas insatisfechos recién levantados. Ellos saben que el treinta por ciento no escucha, y que otro treinta por ciento pasa un kilo, por no hablar del otro siete por ciento que se encuentra en estos momentos en un gastrobar, la cultura es un gastrobar. De tal modo que las promesas de futuro, y los mapas del viento, se sirven de usted mismo. Por si cuela, martillean sobre la casta aparentemente silenciosa.

Por cierto, Pedro Sánchez tiene dos opciones: pepé o podemos. Susanita tiene un marrón chiquitín, mira que decir esas cosas sobre el porvenir de los imputados, y pasa palabra a Pedro Sánchez, que la para con el pecho, la baja con clase, regatea a dos o tres adversarios y chuta … ¡alto, mal, fuera! 

Nadie hay más cruel que un cobarde. En boga quieren interponer el instante preciso de dar la cara. Floriano, que tiene premio, remarca que lo importante es que el mangante dé la cara. Dar la cara es mucho. Mucha cara.

Dicen que, lejos de adelantar las elecciones, han adelantado los chivatazos de corruptelas para que a la gente inocente y mayormente dubitativa, le dé tiempo a asimilar la cuestión. A olvidar. De amnesia vamos bien despachados. Piden a los jueces que no sean malos y que corran mucho, cual mujer del tiempo, a riesgo de que el hombre del saco caiga en su comprometido ego roto.

De cultura no hablamos porque apenas vende. Arrojaron la cultura por la borda. La cultura es un cupón premiado. Bote, gracias. 

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