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Desalojo preventivo

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Vecinos contra un desahucio en Madrid (Efe)

EFE

Últimamente llama mucho la atención cómo se desmorona (casi) todo mientras suena la orquesta Desengaño al ritmo de un asustadizo bolero suicida. Manos arriba, esto es un mero trámite, limítese a seguir la línea carmesí. Nos quieren calladitos y acojonados. Disimula, hazte el muerto, ya luego en casa haremos lo que nos venga en gana, no sin antes movilizar todos los locos electrodomésticos para conocer las últimas novedades del mundo vecinal.

En Cádiz, otrora cuna de las libertades y segunda residencia de la ironía, la autoridad incompetente juega a policías y ladrones, y vicerveza, y mantiene a todo quisque en ascuas con tal exhibición de poderío cutre y complejo de superioridad que produce cierto canguelo. Desalojan los plenos municipales de derrotistas a las primeras de cambio, desalojan de modo preventivo la calle en cuantito que asoma el carnaval libertino, censuran a los díscolos, meten miedo con todas las de la ley del embudo.

De eso se trata, de meter mucho miedo a la libertad para que la mayoría silenciosa se quede en casita contemplando el espectáculo, a pique de un repique de mandarlo todo al caribe, todos los canales en uno, dale voz, a ver cómo anda el asunto de asunta, las cuitas del torero, la niña de la folklórica, los muertos del ministro.

En casa ya no dormimos con la tele prendida, alguien la apaga por nosotros, detalle que se agradece sobremanera, porque se habían teñido los sueños de lances la mar de desagradables, nada que ver con las pesadillas tradicionales de curvas sinuosas, carajazos desde lo alto de montañas rusas y encuentros casuales con algún figurante del pasado revenío.

En la ciudad donde la democracia es un cachondeo, porque todos los cargos se nombran a deo, los tunantes se llevan las manos a la cabeza con tanto tuit, tanta opinión suelta, ahora quieren prohibir el libertinaje digital. ¿Se acuerda usted del libertinaje? Algo así como tomarse el albedrío al pie de la letra. Pues olvídelo. En Cádiz, lo mismo que en otras capitales de luces y sombras, se practica el insano deporte de la puñaladita trasera, hablar mal por bajini, cortar cabezas al capricho de la guillotina de envidias inoxidables. Sería menester que alguien barriera la suciedad decadente. Perdón por la ingenuidad.

Ya no se ven alcalduchos señalando con el dedo al horizonte en las fotos oficiales, por la simple razón de que hoy sólo se inauguran catástrofes mayores. Ahora somos nosotros los que señalamos con el dedo a tantos prebostes que, no contentos con dejar este tufillo de tierra quemada, continúan para bingo en siniestra concatenación de cargos impúdicos. Ültimamente designan gerentes de turismo a gente que no sabe inglés y barandas de asuntos sociales a trepas con título perrito faldero, sin que pase ná del otro planeta. Menos mal que las exportaciones van de maravilla, la movilidad exterior, observen cómo le va a Bibiana Aído en la Onu. Ejem. 

Los politiquillos de larga duración que no terminan de arreglar la cosa del trabajo, y mira tú que se lo trabajan bien, ostentan el liderato europeo del desempleo. Recuérdese que Cádiz sufría en los años ochenta la tasa de paro que hoy luce la Expaña magefesa, más del 25 por ciento. Hoy ya vamos por el 40%, con dos cohone. Imparables, oiga. Saca la recortá.

Me dicen que la última expresión vulnera claramente la nueva ley de inseguridad ciudadana. Voy a entregarme. Ahora vengo.

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