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Escrache en Terra Mística

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Torres Hurtado, camino del Rocío/ Foto: Ruiz de Almodóvar

Torres Hurtado, camino del Rocío/ Foto: Ruiz de Almodóvar

Ahora que hasta los yayoflautas andaluces se permiten tomar la calle en Granada para hacerle un escrache al mismísimo Rajoy en protesta por el recorte de sus pensiones, recuerdo con nostalgia aquellos buenos tiempos en los que los súbditos españoles acatábamos sin chistar las acertadas decisiones de las autoridades competentes, y perdonen la inquietante conjunción de palabras. Si se hubiera cortado de raíz el primer motín que se produjo no nos veríamos en esta calamitosa situación en la que las hordas nazis y filo etarras se proponen exterminar a los muy sufridos dirigentes del PP. Por ejemplo, aplicando la drástica receta del ex diputado canario del PP Sigfrid Soria de arrancar la cabeza a los escrachadores. Personalmente, me parece un poco exagerado eso de arrancar cabezas, aunque en cuestiones de orden público no soy nadie para llevar la contraria a tan prominentes líderes del partido que nos desgobierna.

Pues bien, aquel primer escrache tuvo lugar en Andalucía en la ya lejana fecha de 2001, concretamente en Granada, siendo alcalde de esta muy escrachada y muy olvidada ciudad don José Moratalla, socialista, hoy presidente del Consejo de la RTVA. Los furiosos alborotadores eran indignados militantes del PP que protestaban contra el pecaminoso botellón, que todas las primaveras nos hacía pasar un calvario. Así que, ni cortos ni perezosos (es un decir), los inefables miembros del PP y otras hierbas se fueron al domicilio particular del alcalde, donde estaban su mujer y sus hijos, entonces niños, donde, al son de pitos y cornetas, arrojaron basuras y otros excrementos, poniendo la calle hecha un ecce homo.

Para tan arriesgada misión los pioneros amotinados establecieron un control de avituallamiento, que fue atendido por unas buenas monjitas, que obsequiaron a los esforzados asistentes con un chocolate con churros, pagado, como no podía ser de otra manera, con nuestro dinero. El entonces alcalde, que de bueno a veces parecía Forrest Gump, aguantó como un campeón y se abstuvo de ordenar a la Policía Municipal que le despejara la calle, que al fin y al cabo, razón tenían los manifestantes para protestar. A raíz de estos sucesos, aunque no sólo por ellos, Moratalla perdió las elecciones y fue sustituido por José Torres Hurtado, del PP, que este sí que es "Torres Gump".

Por lo tanto, y siguiendo la terminología oficial, desde entonces Granada padece un alcalde filo etarra, nazi y bolchevique. En resumen, un regidor flauta, y no precisamente porque luzca rastas (qué más quisiera él) sino porque si alguna vez acierta es porque le suena la flauta. Y ya son tres mandatos gobernando la ciudad de espaldas a la Junta y a los vecinos, para mayor gloria de Arenas, que ha acabado en Madrid llevándoselo crudo en sobres.

Y como de aquellos polvos y aquellas monjas vienen estos lodos, resulta que a la vuelta de 12 años estamos en la ciudad de la Alhambra sufriendo escraches santificados cada primavera y cada verano y cada otoño, que por si fuera pequeña la cruz de la Semana Santa, la salida del Rocío, la ofrenda floral, el Corpus grande y chico y la Patrona, al pío alcalde se le ha ocurrido montar fuera de temporada un desfile de 33 vírgenes, llamado Magna Mariana, que convocó el sábado pasado a decenas de miles de benditas criaturitas para procesionar todos los santicos que hay en los Escritos.

Y todo empezó con un escrache nazi etarra que ha evolucionado hasta convertirse en un escrache piadoso y eterno en una ciudad que a fuerza de especialización se ha convertido en un parque temático que bien podría llamarse Terra Mística.

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