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Llanto por Diana Quer pero olvido de Mohamed Bouderbala y el menor Soufian

Los asesinatos obra de delincuentes comunes no pueden eclipsar las muertes de migrantes en las que existe responsabilidad institucional y social

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Propaganda islamófoba en una farola de la sevillana calle Pedro Salinas.

Propaganda islamófoba en una farola de la sevillana calle Pedro Salinas. M.I. / Sevilla

Anne Igartiburu brillaba cual espumillón junto al Ramón García de rancia capa antes de las campanadas cuando su rostro se nubló. El plano se acercó, vi humedecerse sus ojos y casi esperé que hablara de los ahogados del Mediterráneo, de Mohamed Bouderbala ahorcado en la cárcel de Archidona donde el Ministerio de Zoido encierra ilegalmente a 500 migrantes, del menor Soufian muerto en el centro de acogida de Melilla tras perder un pie bajo un camión, de la activista Helena Maleno criminalizada... Una milésima de esperanza de Fin de Año antes de oír "Diana Quer" y avergonzarme del recurso a la visceralidad contra el criminal-monstruo.

Tras usar la desaparición de la joven, tras extender las peores sospechas sobre su familia para lograr audiencia y con ello dinero, ahora de guinda, lágrimas en las campanadas. Es fácil apuntar con el dedo al animal, detenido al fin tras intentar  reincidir. Y es eficaz: alimenta el miedo social y genera un alivio compartido entre quienes somos normales justo antes de brindar por el nuevo año con champán.

Si la presentadora usara tal minuto de oro, ante millones de espectadores, en un directo imposible de cortar, para apuntar al éxodo de guerra-terrorismo-pobreza, a la desigualdad sistémica del capitalismo por la que hasta en el primer mundo crecen los excluidos, ¡o al uso propagandístico de RTVE por el PP! no sería llorar por llorar sino para dejar de lamentarse. Ahora bien, no es un mal individual sino colectivo que las muertes de migrantes resulten más indiferentes que las de crímenes de sucesos, accidentes de tráfico, ataques terroristas o los asesinatos machistas que, al fin, parece que importen socialmente.

La razón es la misma por la que supimos que el 28 de diciembre se canceló un vuelo Sevilla-Amsterdam por alarma anti-terrorista al sospecharse de " un hombre de origen marroquí y con nacionalidad española, que vive en San Pedro de Alcántara", pero luego se divulgara poco que el hombre -español, con independencia de dónde nacieran sus padres o abuelos- no era terrorista, que la alarma fue provocada porque otro pasajero, "árabe" o "que sabe árabe" según los medios consultados, creyó oírle decir "Alá es grande" y que, pese a que la Guardia Civil le registró, descartó todo peligro y subrayó el buen talante con que el estigmatizado por ser musulmán colaboró, el comandante de Transavia se negó a despegar. 

Llevamos dentro una islamofobia venenosa cuyo origen, en España, no arranca del 11-S. La aparición en Sevilla de pegatinas con el lema "Andalucía es hija de Castilla y no del Islam" lleva a preguntarse: ¿Dicen que no existió Al-Andalus? ¿Que nada bueno, bello, enriquecedor hubo en ocho siglos? ¿Que la Alhambra, la Mezquita, la Giralda fueron construidas en los cinco actuales de catolicismo? No, no hablan del pasado, sino de hoy. Están amenazando y dando por sentado que la vida de un moro no vale en esta tierra lo que la de un blanco. Y, una de dos: 

  • O la cúpula del Ministerio del Interior, que rige desde su Taifa sevillano, rastrea, y en Twitter es fácil, el origen de esta campaña de odio supremacista nacional-católico y la lleva a los Tribunales como hace con otros tuiteros/titiriteros y el ministro Juan Ignacio Zoido da todas las explicaciones sobre las muertes del argelino Bouderbala y el marroquí Soufian para, acto seguido, dimitir...
  • O será patente que la islamofobia es tan medular del Gobierno y PP como la corrupción. 

Y, en consecuencia, los ciudadanos y partidos que por acción, votándoles, u omisión, no articulando una alternativa inmediata, permitan que apliquen su política dañina serán/seremos responsables del sambenito que, ya dice la RAE, es el "capotillo o escapulario que se ponía a los penitentes reconciliados por el tribunal eclesiástico de la Inquisición".

Mejor propósito para 2018 que ir al gimnasio es hacer lo necesario para evitar que las uvas de 2019 tengan el gusto amargo del colaboracionismo nazi o inquisitorial. 

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