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Low Cost… Tu vida a bajo coste

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low cost

No eres rico. Tu vida es de bajo coste. Si no lo fuese, no existiría la riqueza. Te quedas en paro, trabajas por horas o cobras una miseria y ya estás condenado a la vida low cost. Tú, con la necesidad de tener desde un pijama hasta algo con lo que calmar el rugido de las tripas, no encuentras otra alternativa. Tienes que tirar de lo que te venden como low cost. Queda con más categoría dicho así, simplemente porque está en inglés. Disfrazado en otro idioma queda mejor, porque su traducción no es para nada lujosa: bajo coste.

Te ponen low cost en todo: comida low cost, pan low cost, viajes low cost, dentistas low cost, fisioterapia low cost, ropa low cost, gimnasios low cost, telefonía low cost, peluquería low cost… Todo esto explica las colas en el Primark, en el Hiper Asia, en las nuevas clínicas de precios fabulosos y niños sonrientes en su publicidad, ese pan recién horneado que dos horas después se convierte en puro chicle, esas ofertas 2x1 que no suelen ser de pescado ni verduras, sino de napolitanas y cruasanes pringosos con los que atiborrarte de colesterol… El sistema funciona porque así crees que eres "rico", porque puedes salir de esos locales siempre con algo, hacerte el apaño y mirar un regalito extra.

Todo este sistema low cost esconde detrás la realidad que lo sostiene y que, siguiendo esta palabrería, podemos resumir en low rights. Ahora en castellano, para saber de qué hablamos: derechos de bajo coste. Entre tú y yo: derechos basura. No me refiero a los derechos que están escritos en la Constitución española o la europea, ni mucho menos a los Derechos Humanos. Esos los puedes tomar como la lectura de una tragicomedia.

Ayer escuchaba al ministro de Economía, Luis de Guindos, y decía que cualquier vuelta al incremento del gasto público perjudica a España. Y es así porque su negocio debe ser sostenible. No sólo les vale con robar dinero. Tienen que robar derechos. Mantener esos derechos y garantías requieren de un coste, pero no resulta rentable porque ellos dejarían de privatizar y de recortar, que es su verdadera inversión.

"¡Debes dar las gracias porque te dieron trabajo!"

Puedes acceder a esa vida low cost porque otros cosen tu ropa en el tercer mundo por cinco euros al mes, porque existe la explotación infantil, porque otros no tienen peces en sus ríos por los tintes de los tejidos que confeccionan para occidente, porque el cocinero de la hamburguesería trabaja por horas, porque las horas extras no se pagan, porque no se respetan cadenas de producción, porque usan materias primas más baratas, porque el agricultor recibe dos céntimos por su producto, porque te condenan a la obsolescencia programada, porque la clínica odontológica blanquea dinero, porque el sueldo de la azafata no llega a los 700 euros, porque los masajes te los da una persona sin titulación, porque incluso una etiqueta "Made in Spain" o "Made in Italy" esconde explotación laboral confeccionada en nuestros suburbios y polígonos…

Y tú y yo somos parte de esa vida low cost porque vivimos en precario, porque trabajamos gratis (pero, oye, ¡debes dar las gracias porque te dieron trabajo!), porque no llegas ni al salario mínimo cada mes, porque si quieres comprar algo que respete los derechos se sale de tu presupuesto, porque esos productos ecológicos que quieres te dejan arruinada, porque sólo con los recibos de luz, agua, gas, IBI y teléfono ya se te han evaporado la mitad de tus ingresos…

Y así, después de esa invitación low cost, te dan todos estos datos. Y tú, te muerdes las uñas porque apenas puedes esquivar todo este camino lleno de basura y estiércol. Y te sientes mal. Y culpable. Y miras tu cuenta con números en tembleque y ese monedero que está en las últimas y te preguntas… ¿Y qué hago? Te señalan con el dedo a ti, y los culpables son ellos. Diseñaron todo así, en frío, sin cargo. Tú eres culpable en la medida en que te convierten en cómplice. Eres pieza fundamental del engranaje. Y ahí sabes que te derrotaron. Porque te robaron los derechos, te robaron la conciencia y te convirtieron en esclavo. Esclavo de una vida de bajo coste y de derechos bajo mínimos. Así de mísero… Salvo que te lo digan en inglés, que queda más cool, más pijo, más disfrazado, menos real. Porque de eso se trata… De camuflar la realidad.

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