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Nutrición: igualdad en las condiciones de salud de la infancia

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El Consejo de Gobierno de la Junta ha aprobado el Decreto Ley de Medidas Extraordinarias y Urgentes para la Lucha contra la Exclusión Social en Andalucía, que tiene como objetivo paliar el impacto de la crisis económica en los colectivos más vulnerables de la comunidad, especialmente personas desempleadas que no reciben prestación y familias con todos sus miembros en paro. Este objetivo general se materializa en varios planes, uno ellos es el denominado Plan de Solidaridad alimentaria para garantizar el acceso a la alimentación básica a escolares y  personas mayores en situación de pobreza.

El derecho a la alimentación está consagrado internacionalmente en la Declaración de Derechos Humanos. Organizaciones como la FAO señalan que existe seguridad alimentaria cuando todas las personas tienen en todo momento acceso físico y económico a suficientes alimentos inocuos y nutritivos para satisfacer sus necesidades alimenticias y sus preferencias en cuanto a los alimentos a fin de llevar una vida activa y sana. Esta definición tiene diversas vertientes relacionadas con la existencia de alimentos de calidad adecuada, el acceso a los mismos, la utilización en condiciones de salubridad y el factor de estabilidad. Éste último cobra gran importancia ya que supone que la persona debe tener garantizado el acceso a alimentos adecuados en todo momento. No debe correr el riesgo de quedarse sin acceso a los alimentos a consecuencia de crisis repentinas (por ej., una crisis económica o climática) ni de acontecimientos cíclicos (como la inseguridad alimentaria estacional). De esta manera, el concepto de estabilidad se refiere tanto a la dimensión de la disponibilidad como a la del acceso de la seguridad alimentaria. El entorno familiar, la situación sociocultural y económica, el número de miembros, los hábitos higiénicos, la dedicación y conocimientos de las personas encargadas de la alimentación, entre otros factores, condicionan de manera muy relevante la seguridad alimentaria de sus miembros, especialmente importante en el caso de grupos que necesitan mayor atención, como es el caso de los niños.

De acuerdo con la Convención sobre los Derechos del Niño, todos los niños y niñas tienen derecho a una buena nutrición. En Estados Unidos la ley de salud infantil y lucha contra el hambre del año 2010 establece programas de desayuno y almuerzo escolar que integran los programas de alimentación saludable y lucha contra la pobreza. Programas similares se desarrollan en numerosos países a fin de garantizar este derecho fundamental a las clases sociales más deprimidas. La alimentación es fundamental para el desarrollo y crecimiento físico e intelectual de los niños, el mantenimiento de la salud y la prevención de enfermedades.

Un equilibrado aporte de nutrientes es necesario para obtener un adecuado estado de salud, un óptimo crecimiento y desarrollo, y para contribuir a prevenir problemas de salud en la edad adulta. Hay que tener en cuenta que los primeros años de vida son un periodo de grandes oportunidades, pero también de grandes vulnerabilidades con respecto a la nutrición, salud y desarrollo. En la edad escolar las necesidades de crecimiento son prioritarias, por lo que hay que cuidar el aporte energético de la dieta controlando el peso y ritmo de desarrollo del niño. Todas las guías alimentarias señalan que en la etapa escolar existen alimentos imprescindibles para un adecuado desarrollo como lácteos, frutas, verduras, legumbres, pan y alimentos proteicos (carnes, pescados y huevos). Además, numerosos expertos reconocen que el ámbito escolar es el idóneo para implantar hábitos saludables de alimentación y así poder prevenir situaciones de desequilibrio nutricional.

Durante los últimos años las administraciones sanitarias, tanto central como autonómicas, han realizado un considerable esfuerzo para difundir pautas para la elaboración de menús en el ámbito escolar que recogen una serie de requisitos mínimos exigibles, como el de incluir verduras y ensaladas ya sea como plato o guarnición, fruta fresca como postre, pescado y legumbres al menos una vez por semana y evitar el abuso de fritos y precocinados.

Sin duda, esta medida es una oportunidad para mejorar la alimentación de la población infantil y a la vez instaurar hábitos saludables, lo que en esta etapa resulta decisivo. Una mala alimentación eligiendo productos más baratos pero ricos en azúcares, grasas y sal puede conducir a una situación no deseada de obesidad y malnutrición, comprometiendo la salud de las generaciones venideras.

El desarrollo de este plan nos servirá para comprobar si efectivamente la medida es ambiciosa y garantiza el acceso a la alimentación a todos aquellos que se encuentran en riesgo de exclusión, consiguiendo al mismo tiempo equidad en las condiciones de salud de la población infantil.

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