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Oxímoron Rajoy

De Rajoy, no es que no se sepa si sube o baja, es que es una auténtico oxímoron de la política. Rajoy es él y no lo es, al mismo tiempo, y así acuña un nuevo concepto de sí mismo.

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Los asesores de Rajoy lo tenían mucho más fácil. Bastaba que entre sus citas ocurrentes le hubieran propuesto a su patrón el auxilio del Romancero de García Lorca: "Aquí pasó lo de siempre. Han muerto cuatro romanos y cinco cartagineses" . Mucho poeta para tan poco presidente.

A falta de inspiración poética, Rajoy,en su comparecencia repentina para decir que no había perdido las elecciones municipales y autonómicas, se empeñó en reflexionar. Una palabra muy utilizada por el presidente para dar profundidad a su explicación pública. Eso decía, que estaba reflexionando, claro; el mismo que, en la jornada de reflexión electoral, enviaba un tuit en el que señalaba la importancia de "representar a España en un acontecimiento internacional muy emotivo"; no, no se refería a España en el Consejo de Seguridad de la ONU, sino en Eurovisión. También, en tan sesuda jornada presidencial, felicitaba, por la misma vía, a Granada y Deportivo por su permanencia en Primera División, olvidándose de los que bajaban, entre otros el Almería, por lo que me toca. Pobres perdedores, siempre abandonados, toda una metáfora presidencial mariana.

Pero Mariano está dispuesto a comunicar y a empatizar. Aunque parece que no le corresponden , o cada vez menos, sus baronías. Quid pro quo. El sin par presidente, urgido en sus contradicciones sobre Andalucía, dudó tanto en su comparecencia que confundió el nombre de la aspirante a la investidura presidencial Susana Díaz y demostró que no se sabe bien el nombre de su hombre, Moreno Bonilla.

Dice una leyenda canchera que a los árbitros se les conoce por sus dos apellidos porque uno de ellos, del mismo primer apellido del dictador, fue objeto de una crítica periodística tan brutal, que aquel, sensible, mandó que a partir de entonces los trencillas usaran los dos apellidos para que nadie se confundiera. Por ahí empezó el cachondeo de la derecha de la pata de palio sevillana contra el nombramiento mariano de un ajeno: tiene nombre de arbitro, decían. Pues con Mariano, ni por esas; no se aprende la gracia y apellidos de su protegido.

Nada de reflexión, criterio caprichoso y oportunista. Rajoy dice que hay que votar la lista más votada. Lo dijo también en su gira electoral por Andalucía. Luego, se desdijo, dando órdenes filibusteras, obstruccionistas, a su representante en el Parlamento de Andalucía; ahora, lo recupera , cuando ha visto sus necesidades y debilidades tras las elecciones.

De Rajoy, no es que no se sepa si sube o baja, es que es una auténtico oxímoron de la política. Rajoy es él y no lo es, al mismo tiempo, y así acuña un nuevo concepto de sí mismo. Sus barones se rebelan, pero sólo los que van mal o pueden empeorar; pero en el fondo, ese recurso retórico los ha invadido. Acorralados por los resultados, advierten de las maldades de las coaliciones ahora, mientras que Aguirre ofrece una coalición PSOE y Ciudadanos para parar al enemigo venezolano. Igual ocurre en Andalucía con Teófila en Cádiz y Zoido en Sevilla, que reclaman estabilidad por la vía de la ausencia de coaliciones, cuando han disfrutado de mayorías absolutas y, aún así, tan estables, han sido rechazados por el pueblo, señalándoles el camino cierto de la oposición.

El PP navega en la confusión mientras los electores cada día lo tienen más claro; han reflexionado. Imperturbables por el fracaso en Eurovisión, con suerte dispar en ascensos y descensos peloteros, han mandado un mensaje claro: nada puede seguir siendo igual.

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