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Pactos anti natura

"La señora franquicia de la legalidad vigente pretendía personarse en la causa perdida a bordo de su flamante Mercedes Alaya, mira tú qué gracia, pero los agentes de la autoridad incompetente salieron al paso esgrimiendo sus cuadernos de notas".

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Los Beatles.

Martes de carnaval, miércoles de cenizos. Las encuestas predicen que un treinta por ciento votará a los que mandan, un treinta por ciento a los que quieren volver a mandar y otro treinta por ciento a los que quieren mandar al cajón a unos y a otros. El porcentaje restante acudirá a las erecciones con una caña de pescar, una caña del país. Qué país. España mañana será bolivariana.

Yo comparezco, tú compareces, él comparece. Prevaricación García aparca su auto en la puerta del congreso de los imputados. Tiene delito la cosa. La señora franquicia de la legalidad vigente pretendía personarse en la causa perdida a bordo de su flamante Mercedes Alaya, mira tú qué gracia, pero los agentes de la autoridad incompetente salieron al paso esgrimiendo sus cuadernos de notas. Este diario punto es ha tenido acceso a la documentación y puede certificar que, de un día para otro, el cielo se ha colmado de eufemismos, nubosidad variable. En este rincón del planeta todo depende. Depende de quién, cómo, dónde y cuándo se cometan las cosas más o menos horrorosas. Y hay respuestas pa' tó.

Los presuntos invitados pasarán por la piedra tras los comicios correspondientes, y para que la veleidosa justicia no se entrometa en asuntos políticos y entre de pleno en la agenda de nuestros embaucadores, nada mejor que cerrar los palacios de primera, segunda y lejana instancia. Total.

Con claridad meridiana, como dicen los analistas de la confusión reinante, lo suyo sería autoinculparse y marchar todos voluntarios al Cadalso, que es un gastro bar muy curioso donde ponen unas tapas de muerte. "¿Usted con quién va a pactar?", preguntan airados. "A ti te lo voy a decir", farfullan. Y asunto terminado. Hoy recordamos el primer pacto antinatural que sellaron pepés y pesoes en la actual etapa dedocrática. Corría el mes de octubre de 1986. El alcalde comunista de El Puerto de Santa María, Rafael Gómez Ojeda, fue descabalgado en nombre del progreso, Puerto Churri, complejo deportivo, urbanístico, esdrújulo proyecto mecido por las olas de los petrodólares de la época, curiosamente un banco mitad árabe, mitad venezolano. Resumiendo: Puerto Churri nunca levantó cabeza, ahí está a medio construir, tal que un buque fantasma amarrado al pantalán del futuro pasado, y sin aduana. Mejor dicho: un gachó en una garita leyendo el Marca. ¿El pase? ¡Que pase!

Lo hicieron tan bien los pepés y pesoes que propiciaron la creación de un grupo independiente que acabó con ellos de inmediato. A la postre, el mandamás independiente sumó más años de inhabilitación que de gobierno, dulce condena. Ya nadie espera el tren del progreso en el andén del olvido.

El Puerto quería ser Marbella. Y de veras que lo intentó. El caso Malaya nació con la pérfida idea de extenderse de Málaga a Ayamonte, en romería justiciera, pero no cristalizó.

Para pacto, el de Lennon y Mc Cartney. No duró mucho, pero cambió el mundo. Se cumplen cincuenta años de la única visita de los Beatles a España. Torrebruno fue el presentador de los festivales celebrados en Madrid y Barcelona ante la atenta mirada de los guardias de la moral. Se cumplen también cincuenta años de los Beatles de Cádiz, mítica agrupación carnavalesca que triunfó en la Piel de Toro y parte del extranjero. El autor, Enrique Villegas, se reunió una noche con el manager de los Beatles, en un pub madrileño, con un torero de Algeciras en el papel de intérprete. Villegas y Brian Epstein alcanzaron un pacto, firmaron un cartel inaudito: Los Beatles de Liverpool vs. los Beatles de Cádiz. El destino frustró, otra vez, el histórico entendimiento. Amarillo, submarino es. 

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