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La Pantoja y más allá

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Defensa de Pantoja pide un aplazamiento para poder celebrar conciertos pendientes

Defensa de Pantoja pide un aplazamiento para poder celebrar conciertos pendientes

Con la condena y orden de entrada en prisión de Isabel Pantoja y Maite Zaldívar, y el probable procesamiento de la infanta Cristina –que se decide este viernes- la justicia parece que comienza a meter mano a esa singular corte de ciegos, sordos y mudos -pero no mancos- que tan a menudo ha rodeado a nuestros más honorables corruptos. Almas benditas incapaces de sospechar nada cuando aparecen bolsas de basura repletas de billetes bajo la cama, Jaguars en el garaje, bolsos de Loewe en el armario o las llaves de un palacete de Pedralbes en el bolsillo. O cuando, hay que tener mala suerte, te das un paseíto en un yate por aguas gallegas y al revelar las fotos -¡carallo!- aparece de la nada un narco sentado a tu lado, sonriendo junto al timón.

Bien está que el sistema vaya abriendo el círculo en la lucha contra la corrupción para abarcar a toda esa red de cómplices y aprovechados que vemos ahora sentarse de perfil en el banquillo poniéndole ojitos de cordero a los jueces. Sus excesos, como los de las tarjetas opacas, o los intrusos de los ERE, tocan nuestra fibra sensible porque nos hablan de cosas que conocemos, de magnitudes que -aunque inalcanzables para nosotros- somos capaces de manejar en nuestra calculadora mental. Sabemos lo que hay que currar para ganarse una modesta jubilación, todos tenemos familiares y amigos en paro y vemos cada día desangrarse nuestra cuenta corriente.

En busca de la fuente de la ponzoña

Pero temo que nos estemos equivocando cuando concentramos nuestra ira y se nos hincha la vena del cuello ante el televisor, en lugar de abrir el foco para ver la imagen completa. Tenemos tendencia a seguir río abajo el curso de las aguas podridas de la corrupción, donde es fácil entretenerse en sus afluentes y remolinos, pero pocas veces decidimos remontar la corriente en busca de la fuente de la ponzoña. Esas manos que mecen el maletín, esos oscuros empresarios que con demasiada frecuencia entran y salen anónimamente por la puerta de atrás de las salas de justicia y que continúan haciendo negocios, como si nada, incluso después de haber sido condenados.

Porque, hagamos las cuentas, si hubo que abonar 15 millones de euros en tarjetas black a los consejeros de Bankia –además del sueldo- para pagar su silencio ante las operaciones más que irregulares que se llevaban a cabo en la caja, ¿cuánto dinero en realidad se ha saqueado? ¿Cuantos proyectos que no lo merecían se han visto regados con una lluvia de millones? ¿Y a cambio de qué? ¿De dónde salieron los billetes que llenaban los sobres del PP o pagaron la costosa renovación de la sede de Génova? ¿Cuántos ceros tenemos que añadir a nuestra calculadora para entender de qué estamos hablando?

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