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Más Process, pero 'Despacito'

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EFE

Arranco el curso político, tras unas cortísimas vacaciones de sólo dos meses, y me encuentro con que la actualidad me ha guardado mi puesto en el palo de la noria, por lo que sin más preámbulos me pongo a dar vueltas y revueltas a las mismas cosas que ya trillé durante todo el curso pasado, a saber: el Despacito de Fonsi y el Procéss catalán, los dos igual de cansinos y de muy escaso provecho.

Aunque no soy experto politólogo, ni tampoco poseedor de la Verdad Absoluta (nunca podría ser de Podemos), sí quiero tranquilizarles con respecto al fin del mundo, que según los arúspices del Apocalipsis y de La razón, tendrá lugar el día 1 de octubre, día del referéndum catalán y de la Exaltación al Poder de su Excrecencia Francisco Franco Bahamonde, que también es casualidad.

Al respecto, puedo asegurarles que el día 2 de no se acabará la vida en la Meseta, ni se romperá España más de lo que está y que además, al ser lunes, tendrán que volver a madrugar para ir al tajo y ganar la mierda de salario que les dan. Con suerte, la única mejora en comparación con los demás días será que no les pongan el Despacito en la radio del coche.

Todo lo demás seguirá igual, con tendencia a empeorar. Los salarios de limosna seguirán bajando (ya lo han hecho un 8% desde que comenzó la crisis), mientras el número de ricos en España ha aumentado un 40% en el mismo periodo y los beneficios empresariales se disparan, acertándonos a nosotros, que ya es mala suerte. También continúan los desahucios, aumentan las listas de espera hospitalaria, disminuyen las becas y la dependencia sigue a cargo de la buena voluntad de las mujeres españolas, que los hombres a esto nos arrimamos más bien poco, incluidos los catalanes, que para ciertas cosas no hay nada como ser español, español, español.

Poderoso caballero

Con tantos desmanes es necesario tenernos distraídos y para ello nada mejor que elevar a categoría de único problema patrio un asunto que tiene fácil solución, pues sólo se trata de dinero, que siempre se trata de dinero, poderoso caballero. Así, no veo yo inconveniente en que Cataluña tenga un concierto económico como lo tiene la Comunidad de Navarra y allá ellos con sus pelas. También lo podría tener Andalucía, que como dijo la jefa, Susana Díaz, no somos más que nadie, pero tampoco menos que nadie. Otra cosa sería la discusión sobre la aportación de cada cual a las arcas del Estado, con los catalanes queriendo pagar menos, exactamente igual que los Murcia.

Lo que sí es necesario para acabar con esta cortina de humo es despedir a los líderes de los partidos del tres por ciento, el PP y ex Convergencia Democrática de Catalunya, y poner a otros que sepan y quieran negociar un acuerdo. En Cataluña a lo mejor tienen suerte ya que podría haber elecciones anticipadas muy pronto. Peor lo tenemos el resto de los españolitos, que tenemos Rajoy para rato. Y para Bárcenas y para Granados.

Y más si seguimos picando en el timo del España se rompe que el PP nos agita delante de las narices para que entremos al trapo. La única solución sería que la izquierda patria dejara de mirarse dentro del recto y se pusiera a la tarea de armar una moción de censura viable para apartar a don Tancredo Rajoy y poner al timón a alguien que mire por nuestros intereses. También diré que soy pesimista al respecto, sobre todo con Pablo Iglesias, que ya tuvo oportunidad de hacer a Pedro Sánchez presidente y prefirió que siguiera Rajoy, con la única pretensión de pescar en río revuelto.

Aunque me temo que no va a ser posible, ya que el compañero Sánchez está muy ocupado montando una subcomisión para proceder a estudiar el tema, mientras el líder de No Podemos ya ha organizado un debate entre los que piensan como él, dejando fuera al resto, que somos la mayoría. Como ven, dos genios de la política.

En resumen, que no pasa nada, salvo lo que ya viene pasando, que ya estamos a punto para que nos apliquen a todos el artículo 155, que tiene muy buena rima. Al final, el 2 de octubre seguiremos tomando los de siempre por donde siempre. Eso sí, muy despacito, suave, suavecito, para que no nos revolvamos. La vaselina la ponen Pablo Iglesias y Pedro Sánchez.

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