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Proporciones bíblicas

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Todo listo en el Congreso para recibir desde mañana a los nuevos diputados

EFE

Desde aquí quiero dar mi más sincera enhorabuena a la izquierda española en general, ya que en estas elecciones ha conseguido su principal objetivo, que no era otro que mantener a Mariano Rajoy como presidente para los próximos cuatro años. Y no era tarea fácil, que don Mariano Pinocho había hecho todo lo posible por dejarlo, a base de corrupción, recortes, leyes mordaza, policías patrióticas y demás zarandajas.

Parte del mérito hay que atribuírselo al PSOE, y a sus barones y baronesas, que se han empeñado, antes y después, en demostrar a los españoles la gran democracia interna que hay en el partido, que casi se puede comparar a la que hay en una comunidad de vecinos cuando hay que cambiar el ascensor.

También ha contribuido la formación política antes llamada Izquierda Unida y ahora el chico de los recados, que ha pasado de ser el pitufo gruñón (Pablo Iglesias dixit) a ser el pitufo poeta, no vano hace falta que te guste mucho la lírica para aceptar un lema como La sonrisa de un país. Lo malo de su transformación es que los demás nos hemos convertido en el pitufo llorón cuando pensamos que tenemos PP para otra legislatura.

Pero, sin lugar a dudas, quién más ha hecho por el bienestar de Rajoy y la desgracia de los españoles todos, ha sido el ya mencionado profeta del Apocalipsis, Pablo Iglesias, que se ha pasado los dos últimos años preparándose para ser venerado por la plebe, sin darse cuenta de que el puesto ya estaba ocupado, que para adorar a un becerro los españoles ya teníamos a Cristiano Ronaldo.

Han pasado ya 10 días desde aquel infausto 26 de junio y el becerro sigue preguntándose qué es lo que ha pasado para que el populacho no haya reconocido sus muchos méritos. Para averiguarlo ha encargado un estudio demoscópico  para saber qué ha fallado, aunque teniendo en cuenta su soberbia trayectoria, es más probable que la encuesta sea para descubrir en qué nos hemos equivocado al no elegirlo como presidente, ¡dos veces!

Yo podría decírselo, aunque no creo que mente tan estudiada pudiera entender una explicación sencilla. Si cruzas la calle por donde no está autorizado, con el semáforo en rojo, mandando mensajes por el iPad, y tras mirar sólo a la izquierda, lo más probable es que atropelle el autobús que te viene por la derecha. Y todo por culpa de Pedro Sánchez, de los medios de comunicación, de la campaña del miedo y de la chachá.

Como una plaga

Tras hacer este profundo y sincero análisis, Pablo Iglesias se prepara para ser jefe de la oposición (ya se sabe que el PP y el PSOE son lo mismo) y nos augura un futuro lleno de felicidad cuando gane las elecciones dentro de cuatro años. En un alarde de humildad (debería hacérselo mirar) añade que si no lo hacen bien, también podrían darse una hostia de proporciones bíblicas. Por lo visto la que le han dado ahora es una obleílla de las de comulgar a diario.

De momento, las consecuencias de las furias bíblicas las vamos a sufrir todos los españoles, sobre todo la plaga de langostas del PP, que van a seguir devorando todo lo que encuentren a su paso, y la de las ranas pegajosas, que los líderes de Podemos parecen más que dispuestos a seguir croando hasta que nosotros quedemos afónicos.

Lo triste es que todo ello podría haberse evitado un día, tal que el 2 de marzo, cuando el bíblico Pablo prefirió que fuera Rajoy, y no Sánchez, el presidente. Un día que podría ser llamado el Día de la Ignominia, aunque igual es exagerado y sólo sería el Día de la Estulticia. Y quizás la segunda se pague en las urnas más que la primera.

A pesar de todo, Podemos Pero Poco sigue con sus ensoñaciones y anima al PSOE de la cal viva y del Ibex 35 a encabezar un gobierno de izquierdas, que esta vez es casi seguro que le vota, según y cómo. Y todo ello, a pesar de que la derecha tiene mayoría en el Congreso, que cuando se hable de la reforma laboral o de la renta mínima, ¿qué creen que van a votar C's, CDC o el PNV?

Siguiendo el Antiguo Testamento lo primero que debería hacer el profeta Pablo es leerse la historia de Sansón, que si se quita algo de pelo a lo mejor ya no se le va la fuerza por la boca. Aunque lo mejor sería seguir el ejemplo del general  Holofernes, que también perdió pelo, pero de forma más radical. Nada grave, que en el caso de que el becerro perdiera la cabeza, tampoco se iba a notar mucho. Perfecto para dar clase de Politología.

 

 

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