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Pedro Sánchez dice que convocará el congreso del PSOE "cuando lo crea conveniente"

EFE

Cuando escribo estas líneas, ha saltado la noticia desde Israel: por primera vez en 67 años, un exprimer ministro, Ehud Ólmert, ha sido condenado por corrupción a dieciocho meses de cárcel. Aquí, sin embargo, estamos en pleno debate sobre la inestabilidad, después de que haya ganado las elecciones un partido presidido por un señor, al que el líder de la oposición llamó indecente, que acaba de anunciar que, si hay elecciones, será otra vez candidato. A ese señor indecente es al que algunos líderes antiguos del socialismo quieren que Sánchez facilite el gobierno.

La misma noche electoral, Susana Díaz se apresuraba a afirmar que en Andalucía había ganado otra vez el socialismo y que uno de cada cuatro diputados se había elegido en Andalucía. Sánchez, después de haber obtenido los peores resultados recordados en época reciente por el PSOE, corría para proponerse a formar gobierno si no podía Rajoy.

Tanto en uno como en otro caso, nada de autocrítica, ningún reconocimiento del fracaso. Sánchez también, como Rajoy, ambos como Joe Rigoli: yo sigo.

Y un aparente desconocimiento de la realidad que representan . La derecha lo puede todo, es capaz hasta de arrastrar a la izquierda convencional, en loor de una responsabilidad que pretende vendernos que solo hay un camino , o facilitar que gobierne la derecha indecente o pactar con ella una coalición que ya no sería ni grande. Pero no puede gobernar, ni toda la derecha unida , salvo que incluyan los demonios, según ellos, vascos y catalanes, esos que quieren partir España.

Por la otra parte ¿de que mayoría de izquierda hablamos? PSOE y Podemos solo suman 159 escaños; UP solo aportaría dos y no creo que suponiendo que Sánchez convenza a Podemos -yo no me dejaría convencer- que sean suficientes para hacer los cambios que necesita el país. Si el PSOE considera separatistas a Podemos, qué pensará de ERC y Bildu, puestos a sumar imposibles.

Pero todo, como decimos por aquí abajo, es ojana. No se puede gobernar, entre otras cosas porque han fracasado los mayores, y los electores han dicho muy claro, en mi opinión: con esos dos candidatos, no. Los movimientos reales no son para formar gobierno sino para posicionarse para unas próximas elecciones, en las que los fallidos siguen erre que erre.

El fallo desde el socialismo andaluz consiste en que su postura no ha sido percibida como una autocrítica, como una llamada a la revisión crítica de lo ocurrido sino como una embestida orgánica presidida por las ansias de conquista del poder. Ese ha sido el error de Díaz. Se hubiera comprendido que desde el sur se cuestionara lo hecho, se cuestionaran las políticas, se provocase el debate interno para mejorar, para acercarse a la gente a la que han abandonado, en manos de giróvagos y nostálgicos de la Transición. Se comprendería que derivado de un debate autocrítico y renovador, se propusiesen nuevas personas, nuevos candidatos, pero no. Ha parecido una lucha simple por el poder y va a costar convencer de lo contrario. El establishment socialista gana tiempo, sigue amagando con la posibilidad de gobernar, una locura aunque solo sea un delirio para escapar de la crítica, mientras realmente lo que se resiste es a cambiar, y menos de candidato.

Podemos se frota las manos. En eso tiene razón Díaz, hay una fuerte competencia por el espacio del PSOE, es eso, lo demás es un trágala orgánico, poner a una persona por encima de un proyecto que los purifique, solo resistencia. Pero el PSOE o se renueva, de verdad, o muere y si no lo hace ahora por Navidad, le queda una durísima semana de pasión por primavera, con Díaz vestida de mantillas. La oposición purifica, las prisas dan colesterol del malo.

Los andaluces nos jugamos mucho, en eso también tiene razón el socialismo andaluz, pero se equivocan en su estrategia contra Podemos. El peligro es que el PSOE está interpretando mal el 28-F, que no se da cuenta que si sigue así irá a su remolque. Las asimetrías en la constitución territorial de España no se combaten negando la lucha de los demás sino afirmando la propia.

Por los errores cometidos, porque la autocrítica define a la izquierda, la llamada desde Andalucía debería consistir en una renovación total. Nuevas elecciones, una segunda vuelta, curiosamente negadas por los que defienden lo segundo y hasta clamaron por nuevas elecciones en Andalucía antes y ahora en Catalunya.

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