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Urdangarín, la infanta y las mujeres indefensas de Corín Tellado

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La infanta pagará los 600.000 euros que le pide el fiscal confiada en ser exculpada

La mujer del César no sólo debe ser honrada sino que debe de parecerlo. ¿Y la mujer de Urdangarín? Pues exactamente lo mismo que la mujer del César… y que el resto de los ciudadanos y ciudadanas de este país. Ni más ni tampoco menos. O sea, lo propio de un Estado de Derecho y no de una república bananera.

Los linchamientos mediáticos, cuanto más lejos, mejor. Y eso incluye los linchamientos de sangre azul. Pero ni una cosa ni la otra. Ni condenarla sin pruebas ni tampoco convertirla en un personaje de Corín Tellado, víctima ignorante de las tropelías de su codicioso marido.

Vayamos por partes.

El juez que investiga los presuntos delitos cometidos por el duque de Palma tiene que decidir si sienta en el banquillo de los acusados a la infanta Cristina de Borbón por, supuestamente, haber defraudado a Hacienda y haber ayudado a su marido a través de la sociedad Aizonn a blanquear parte del dinero que logró en sus labores de ‘conseguidor’ junto a Diego Torres, su compañero de presuntas fechorías.

Si hablamos desde la perspectiva legal, se entienden las dudas. A nadie se le juzga por meras conjeturas o elucubraciones cogidas con más pinzas que en un tendedero. Y si en este caso, ni la Fiscalía ni la Abogacía del Estado ven suficientes elementos probatorios como para sentarla en un banquillo, no tenemos por qué concluir sin remedio que si la dejan fuera del proceso es porque hay una operación subrepticia de las cañerías del Estado para salvar a la infanta. Las teorías conspiratorias mejor las dejamos para los fans del pequeño Nicolás.

Podemos pensar que hay suficientes pruebas para imputarla, procesarla y condenarla, pero eso lo tendrán que decidir los jueces. Y no es tan fácil. Aquí no valen los brochazos de trazo grueso ni las sentencias condenatorias que se dictan en las redes sociales en menos de tres segundos. Esto es la vida real. Y en la vida real, para condenar a alguien se necesitan algo más que sospechas o convicciones.

¿Pero y si hablamos desde la perspectiva ética? ¿Supera la Infanta Cristina los mínimos criterios de rigor y ejemplaridad que se le presumen a cualquier ciudadano, más si cabe si esa ciudadana en particular forma parte de una Casa Real desde que la arroparon con su bata de cristianar para bautizarla?

Evidentemente, no. Y es más, con sus antecedentes, no parece que esté ni para aprobar la asignatura de Educación para la Ciudadanía.

¿Conclusión? Menos lobos y menos pintar a Cristina de Borbón, como ha hecho el fiscal Horrach, como una señora indefensa.

No, señor Horrach, una señora indefensa no es un a mujer que se pone de perfil cada vez que su marido llega con un dinero que no se sabe de dónde procede. Una señora indefensa es una anciana de 85 años a la que desahucian de su casa, no una que es hija y hermana de reyes y que va a devolver medio millón de euros ipso facto para que no la sienten en un banquillo de los acusados.

Así que menos desgarros en la camisa y menos lágrimas de plañidera herida y más moral, más civismo y más ejemplaridad, que es lo que nos hace falta en este país. Si no hay que condenarla, que no la condenen, pero que tampoco nos vendan lo que no hay quien se trague.

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