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El año de la infamia

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Mato condena el último asesinato machista y llama a las víctimas a denunciar

Ana Mato, ministra de Sanidad

Ni los buenos oficios de Papá Noel consiguieron hacernos endulzar el amargor de un 2013 que pasará a la historia como uno de los peores años de nuestra memoria, ni me temo que los afanes de los Reyes Magos puedan diluir el recelo de que el año recién estrenado sea tan malo o peor que su antecesor.

Con Navidad y alevosía, el BOE del pasado 26 de diciembre, publicaba una de las decisiones más infames aprobadas por Gobierno alguno. Amparándose en el paréntesis navideño, en el que casi toda la ciudadanía se ha refugiado para huir por unos días de la pesadilla en que nuestros gobernantes están convirtiendo la vida cotidiana, el ejecutivo de Rajoy suprimía de un plumazo el derecho a la asistencia sanitaria para aquellos españoles que, empujados por el paro, salen de nuestro país para buscarse la vida.

De tapadillo, con la absurda esperanza de que no nos enteráramos demasiado, nuestros muy cristianos gobernantes dejan desamparados, sanitariamente, a todos aquellos españoles en paro que residan fuera del país noventa días a lo largo del año natural. Sé que cuesta trabajo creerlo, pero así es.

La decisión publicada en el BOE pone claramente de manifiesto la inhumanidad y bellaquería de unos gobernantes que se ceban con los más débiles y se pliegan servilmente ante los más fuertes, y aflora un escandaloso desprecio hacia quienes, desde los despachos del poder, se considera como mano de obra barata, reemplazable y prescindible.

Semejante afrenta vuelve a incidir en la deriva ya demostrada por este Gobierno y que no es otra que la de poner bajo sospecha a toda la ciudadanía. Ya lo hizo la Vicepresidenta del Gobierno, al acusar de defraudadores a buena parte de los parados de este país; lo hace habitualmente el ministro de Hacienda con los contribuyentes; y ahora el Gobierno, con quienes al drama de no tener empleo, suman el desgarro de abandonar su hogar y su país para buscar un trabajo en otras tierras.

Como siempre, el ejecutivo de Rajoy adopta una decisión de esta trascendencia sin cuantificar el supuesto ahorro que la misma supondría para las arcas públicas, porque ¿Qué gasto supone para la sanidad un emigrante que reside fuera del país? Ninguno, absolutamente ninguno. Eso sí, con semejante felonía, el Gobierno abre la puerta para ir minando la universalidad de la cobertura sanitaria, un derecho conseguido tras no pocos sacrificios y que ha convertido a nuestro Sistema Nacional de Salud en un ejemplo a seguir en todo el mundo.

Pero con ser grave, que lo es y mucho, semejante canallada, lo que me deja perplejo es la impudicia con que Rajoy y sus secuaces, tratan a los ciudadanos más desfavorecidos de  nuestro país. Mientras a los parados en el extranjero se les retira la asistencia sanitaria, al Gobierno le falta tiempo para enviar a su ministra de Fomento a Panamá para intentar sacarle las castañas del fuego a Sacyr, empresa paradigma de la cultura del sobrecoste pero, eso sí, generosa donante del PP.

Dicho todo lo anterior, toca mirar hacia nosotros, hacia la infantería ciudadana, a la que me temo que el Gobierno lleva tiempo desafiando para ver hasta dónde llega su capacidad de aguante, de miedo, o de indolencia y de esta forma, seguir perpetrando una felonía legislativa tras otra, hasta convertir este país en lo que según ellos nunca debió dejar de ser: la Reserva Espiritual de Occidente en lo ideológico y el almacén de mano de obra barata y sumisa con el que seguir engordando sus fortunas.

Esta nueva afrenta del Gobierno atenta contra la línea de flotación de la más elemental dignidad. Si la ciudadanía no es capaz de defenderse y de echar para atrás semejante contradiós, habremos abonado el camino para futuros y aún más graves atropellos, desde la sumisión del rebaño camino del matadero.

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