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Qué calor y qué paz

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Vuelvo de mis cortas vacaciones de casi dos meses y lo hago bastante aplatanado tras aguantar el golpe de calor y el subsiguiente golpe de tinto de verano, que ha sido peor el remedio que la enfermedad. Y regreso estupefacto, porque allá en la playa donde se me cocieron hasta las criadillas, no leí ni oí la más mínima referencia a Andalucía, cosa que es de agradecer. Es más, en los pocos días que llevo despierto tampoco hemos salido en los papeles más que lo justo y no siempre para mal.

Tanta paz ha sido debida, sobre todo, a que los muy lenguaraces líderes del PP han estado muy entretenidos con Cataluña y se han olvidado de nosotros y de nuestro analfabetismo, nuestros miedos y nuestros estómagos agradecidos, que vaya año llevábamos hasta que el pueblo soberano y veterano decidió reducir su representación parlamentaria en un tercio, por bocazas. Esperemos que lo de Cataluña les dure un tiempo más, que cuanto menos nos miren más felices somos.

Y lo digo con tranquilidad, que lo de Cataluña no tiene mucho recorrido, pues como dijo El Gallo, "lo que no pué ser, no pué ser y además es imposible", salvo que Mariano Rajoy se empeñe. Que a nada que se esfuerce un poco más conseguirá una Cataluña independiente, con derecho incluso a un 3% a modo de comisión. Si así fuera, yo sugiero que ese tres por ciento de terreno incluya las sedes del PP, como la de Sevilla, situada en la calle Rioja, que a lo mejor va a ser eso.

En cualquier caso no descartemos lo de la secesión catalana, que es muy posible que todo sea una astuta maniobra por parte de Rajoy y de Florentino para apartar al Barça y que el Madrid pueda ganar la Liga.

Mejorar el silencio

A la calma chicha y achicharrada que nos invade también contribuye la ausencia forzosa de nuestra más querida presidenta, Susana Díaz, dedicada estos meses a sus otras labores, tras cambiar su habitual mala leche política por otra más alegre y nutritiva. En ausencia de la jefa, la tropa está más bien anestesiada y eso que vamos ganando. Eso sí, aconsejamos a la presidenta andaluza que no visite Granada -ni Teherán-, que en su situación lactante bien podría meterse en un lío.

Contribuyen al sosiego del que disfrutamos, por ahora, los estruendosos silencios de la jueza Alaya, que por fin ha dejado su escaño en el juzgado número seis, y de Podemos, que todavía está recuperando el resuello tras tragarse el sapo que les sirvió su compinche Alexis Tsipras, al que han tenido que alabar con entusiasmo tras aceptar que la Merkel le hiciera un griego con el tercer rescate. Esperemos que sigan atragantados hasta que Alexis se vuelva a llamar Alejandro el Grande y deje de responder por Storbas. Les rogaría que la próxima vez que dijeran algo fuera para mejorar el sonido del silencio. O sea, ad calendas graecas.

También se han quedado bastante traspuestos los compañeros andalucistas, que tras su estrepitoso fracaso en las últimas elecciones (las diez últimas) están pensando en disolver el partido aun más de lo que ya lo tenían disuelto a cuenta de tanta escisión (PA, PSA, PAP, CA), que ya no sabíamos si eran socialistas, nacionalistas, populistas o taxidermistas, o un batiburrillo de las cuatro cosas. El funeral de cuerpo ausente y posterior incineración tendrá lugar, Dios mediante, el próximo día 12 setiembre, al que asistirán todos los militantes, los doce.

Esperemos que a partir de ese día nos regalen los oídos con su silencio, que cuando no hay nada que decir, lo mejor es no decirlo. Y que lleven tanta paz como la que aquí dejan. La pena es que no se lleven a Arenas y a Anguita con ellos.

 

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