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Por qué ha fallado la justicia a las víctimas del caso Criado y por qué ha fallado el Colegio de Médicos

El paso de los años ha sido la mejor coartada de Cosby, como en el caso Romanones y como lo será probablemente en el más reciente Weinstein

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Javier Criado niega los hechos y atribuye a un "ánimo de venganza" las denuncias de sus pacientes

Antes de que me digáis nada, ya sé que la mayoría de denuncias por abuso sexual contra Javier Criado, el llamado psiquiatra de la jet sevillana, ha prescrito. Salvo en un caso, y es el menos grave de todos, han pasado más de diez años -el límite legal- desde los terribles hechos denunciados por 32 mujeres. Repito. Treinta y dos mujeres que, sin conocerse previamente de nada, han dado testimonios asombrosamente coincidentes sobre lo que pasaba en aquel despacho cuando se echaba el pestillo. Los abusos, la manipulación, el dominio, el sometimiento químico, la anulación.

Treinta y dos mujeres que han dado también testimonios significativamente idénticos sobre por qué tardaron tantos años en denunciar: el miedo, el temor a nos ser creídas, la vergüenza, la presión social, la incomprensión familiar, las propias dudas. Treinta y dos mujeres cuyo testimonio, por su contundencia, hizo que la propia Fiscalía, forzada por la ley a pedir la prescripción, no ocultara su opinión de que había " serios indicios de culpabilidad" en el caso.

Poco importa. Javier Criado, que gracias al Código Penal tiene muy cerca la exoneración judicial,  se paseó ayer impasible delante de alguna de sus víctimas que le gritaban "ni una más" a las puertas de los Juzgados de Sevilla, sosteniendo una pancarta que decía "el dolor de las víctimas no prescribe, la culpa del abusador tampoco". Ante la juez, y defendido por uno de los penalistas más caros de Sevilla, argumentó que todo responde al ánimo de venganza, a una conspiración que por su alcance dejaría en pañales a los ERE de Alaya o al asesinato de Kennedy, que ahora se ha desclasificado.

El caso Criado tiene todas las papeletas de acabar como el  caso Bill Cosby, la entrañable estrella de la TV de los noventa, que mientras nos hacía amar las historias familiares, los jerseys imposibles, los bocadillos de medio metro y los adosados de ladrillo rojo, hoy nos cuentan que también drogaba y violaba (presuntamente) a 60 mujeres. El paso de los años ha sido la mejor coartada de Cosby, como en el caso Romanones -de abusos en la iglesia de Granada- y como lo será probablemente en el más reciente  caso Weinstein, el productor de Hollywood acusado por una multitud de actrices de haber cometido abusos y violaciones durante décadas. ¿Es legal la prescripción? No cabe duda. Pero ¿no ha llegado el momento de  ampliar los plazos en los casos de abusos sexuales y violación,  como ha hecho la justicia de California y otros estados de EEUU tras los últimos escándalos?

Tampoco pongo en duda que la actuación del Colegio de Médicos de Sevilla se haya ajustado al guión de sus Estatutos. Recibieron la denuncia de las 32 mujeres. Las citaron. Les hicieron comparecer en persona, una por una. Y reconfirmar, pelo por pelo, y en público, cada detalle escabroso de su relato. Todo eso lo pasaron a limpio y lo enviaron a la Fiscalía. A partir de ahí, dejaron el expediente disciplinario contra Criado congelado, en suspenso, y no lo han vuelto a tocar. El psiquiatra, que fue detenido por primera vez en 2005 y años después acusado de nuevo por abusos sexuales, nunca ha tenido que cerrar su consulta. Nadie le ha pedido explicaciones en el Colegio. Sólo un expediente fantasma que, con el argumento de que el caso continúa en los tribunales (recordemos, sólo un caso sigue activo de 32 denuncias), ha quedado paralizado, seguramente para siempre.

¿Legal? Probablemente. Me faltan nociones jurídicas para ponerlo en duda. Pero la realidad es que el equipo jurídico del Colegio de Médicos ha dado muestras de estar más empeñado en espantarse las moscas de la responsabilidad que en garantizar, o ni siquiera intentarlo, que algo tan atroz pueda volver a suceder.

Cabe preguntarse, ¿por qué no pudo el Colegio de Médicos de Sevilla suspender cautelarmente a Criado, pero sí pudo el  Colegio de Médicos de A Coruña retirar la colegiación al médico que criticó las prácticas sospechosas de sus colegas en la sanidad privada? ¿O la Consejería de Salud de Castilla-La Mancha, que  retiró del servicio al médico al que una paciente denunció por masturbarse delante de ella? ¿O el presidente de los médicos de Cataluña, que defendió que se les r etirara la licencia a los médicos antivacunas? O digámoslo más claro: ¿para qué queremos un Colegio de Médicos que, en lugar de velar por la ética y la deontología, se limita a escuchar por televisión los gritos de las víctimas?

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