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¿Qué futuro productivo proponen los partidos?

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El Marbella International Property Show potenciará el turismo residencial como motor de desarrollo

Fácil, casi inevitable, es dejarse envolver por los vientos de la campaña electoral: promesas de creación de empleo, de organismos anti-corrupción, cruces de acusaciones, competición. Más que nunca este año con caras renovadas en los partidos tradicionales y nuevas formaciones con posibilidad de entrar en instituciones como el Parlamento de Andalucía, los ayuntamientos, el Congreso de los Diputados.

Los ciudadanos podemos legítimamente desconfiar de lo que se promete en campaña, acostumbrados al incumplimiento sistemático de los programas una vez que, con el voto en la urna, la suerte está echada. Pero incluso si nos permitimos frenar un momento el acelerado torbellino de declaraciones, si bajamos el audio del bla-bla-bla vacuo de informativos radiofónicos y televisivos telediarios, podríamos preguntarnos: ¿alguien está proponiendo para Andalucía algún horizonte productivo concreto para los próximos cuatro años?

Resulta llamativo que la principal industria andaluza, el turismo, apenas se haya hecho un hueco en campaña. No justifica el silencio el que sea un sector próspero, nuestro flotador cuando todo falla -estalla la burbuja inmobiliaria y el sector agrícola-ganadero-pesquero vive, como el teatro, siempre en crisis. Para empezar porque aún pesa demasiado la estacionalidad, es decir, la dependencia del “sol y playa”; para continuar porque hay provincias como Córdoba en las que no se crece como las condiciones objetivas merecerían y finalmente porque la buena marcha del sector no se traduce en un empleo estable ni de calidad.

Pero, junto al turismo ¿hay alguna otra apuesta productiva en Andalucía?

Por alguna razón vinculo dos declaraciones distintas al comienzo del estallido financiero internacional por cuya causa se perpetran los actuales recortes de derechos sanitarios, educativos, sociales, judiciales... En el plano internacional, recuerdo al entonces Presidente de la República Francesa, líder de la derechista UMP, Nicolás  Sarkozy, prometiendo en foros internacionales la refundación del capitalismo y el fin de los paraísos fiscales. Mientras, en España, todo el arco político coincidía en la necesidad de dejar de apostar todo nuestro futuro a la carta de la construcción para, en cambio, centrarnos en la investigación+desarrollo+innovación, un trabajo lento, a largo plazo pero que nos permitiría desarrollar un sistema más resistente ante los reveses que el futuro pudiera volver a deparar.

Sé cuál es el motivo por el que conecto las palabras de Sarkozy y las de los mandatarios patrios: porque ambas han sido barridas por el viento. Y los ciudadanos quisiéramos poder coger un puñado de esta tierra nuestra -andaluza, española, europea- y clamar al cielo ese “¡A Dios pongo por testigo que no volveré a pasar hambre!” de Escarlata O’Hara pero, ¿en qué alternativo sector productivo cifraremos nuestras esperanzas?

El Tribunal Supremo  acaba de anular el proyecto de dragado del Guadalquivir en el Puerto de Sevilla. El fallo ha sido recibido con alivio por ecologistas y agricultores, sobre todo arroceros de las marismas, pues preserva el ecosistema de Doñana y la salinidad actual de las aguas. No obstante, ¿debe implicar un abandono de la idea de devolver un papel motor al puerto sevillano en lo que se refiere a la actividad comercial, industrial y turística? ¿O más bien un replanteamiento del plan? Sería interesante escuchar a los distintos partido debatir sobre esto y no sólo sobre las  condiciones de debates televisivos o quién ama más esta tierra y se quedará, tras los comicios, más tiempo en ella.

Otro tema de calado ausente de la confrontación de ideas -porque más que el debate abunda el rifirrafe, la estéril polémica- es ¿qué papel queremos que juegue la Universidad en nuestro desarrollo presente y futuro a medio y largo plazo?

Urge por un lado frenar el retrógrado proyecto del Ministro Wert para segregar a los estudiantes entre una masa que se licencie en tres años y llegue antes al paro -2014 se cerró con el 51.4% de desempleo juvenil- y una elite cuyos padres puedan pagarles los desorbitados másteres. Y el problema aquí no es que  el modelo sea el 3+2 o el 4+1 -en terminología simplístico-futbolística- sino lo carísimos que son los máster a diferencia de lo que ocurre en el contexto europeo que, para justificar la reforma, se pone por ejemplo.

Pero de fondo hay que afrontar también qué universidad e investigación queremos, cómo hacer de ellas un puntal de transformación social en Andalucía y España:

De un lado, qué desarrollo industrial, tecnológico, biomédico, aeronáutico, energético vamos a aportar como contribución a nuestro contexto nacional, europeo, occidental, mundial. Y, cómo  recuperar a los imprescindibles científicos hoy emigrados.

De otro, qué apuesta por la cultura -cine, música, artes plásticas, arquitectura, literatura...- va a seguir aumentando ese patrimonio artístico sobresaliente que es junto al sol -no lo olvidemos- el imán que atrae hacia nosotros los ojos del mundo. Porque la cultura es cada vez más olvidada, despreciada como innecesaria pero ¿qué sería de Andalucía sin la Alhambra, la Mezquita, la Giralda, el flamenco, Picasso, Velázquez, Lorca, Cernuda, Machado, María Zambrano? Apenas cuatro trazos del inabarcable mural.

Hay un presente creativo muy potente hoy en todos los ámbitos que, como acaba de subrayar el cineasta  Alberto Rodríguez Librero al recoger su distinción como Hijo Predilecto de Andalucía no se reconoce en la “representación tópica y falsaria” y que ante la disyuntiva entre la realidad “para los turistas y la otra, donde vive la gente”, se decanta por ésta.

De forma análoga, los ciudadanos no deberíamos dejarnos embaucar por el ciclón de consignas electoralistas vacías y exigir a quienes aspiran a representarnos que nos planteen de forma directa y clara en qué tres o cuatro proyectos productivos proponen que centremos nuestras energías y talentos estos años venideros para construir ese futuro de prosperidad, empleo y auto-realización vital que necesitamos. Y cómo vamos a levantarlos.

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