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Como lo hacíamos antes

Usted, señor Zoido, así, natural, campechano, como es usted, sin sonrojo ninguno, pone agenda de ministro de toda España en su ciudad cuatro días de los siete de la semana

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Zoido reitera que "no tenía ni idea" del caso Lezo cuando le llamó González

EFE

Señor ministro del Interior, ya sabemos que, al parecer, hay un antes y un después. Y que ahora, como bien dijo en el Senado, no se hace  "como lo hacíamos antes" en el espinoso asunto (por no decir lamentable, deplorable, penoso, terrible) de la corrupción. Antes se hacía de ocultona y ahora, gracias a la sensación de impunidad reinante, se hace con naturalidad. Porque  las cuentas en Suiza están a la orden del día en el Partido Popular y a nadie le chocan. Y las reuniones con investigados son para tomar cafés y hablar del tiempo.

La metedura de pata verbal (o el desliz del subconsciente, vaya usted a saber) que cometió Juan Ignacio Zoido esta semana en sede Parlamentaria, además de demostrar que la delgada línea roja entre el buen hacer político y la corrupción no la tiene clara, retrata al nuevo ministro del Interior como personaje cuanto menos llamativo y denota una falta de seriedad preocupante para el cargo que ocupa.

Porque señor Zoido, en el Ministerio no puede hacer las cosas como las hacía antes. No puede pasarse el día en Sevilla, que cree que no nos hemos dado cuenta. Pero usted, así, natural, campechano, como es usted, sin sonrojo ninguno, pone agenda de ministro de toda España en su ciudad cuatro días de los siete de la semana. Si no cinco, como este mismo jueves en el que va a inaugurar una comisaría. Y el de la semana pasada (aniversario de la Expo mediante). Y no vayamos a ser malpensados, que el hecho de que la Feria está literalmente al caer seguro que no tiene nada que ver.

No, señor ministro. No puede hacer las cosas como las hacía antes. No puede creer  que un equipo de trabajo se hace trayendo a su "clan de paisanos". Que está todo dominado. Y visto lo visto, bien parece que "los amigos de Zoido" han llegado al Ministerio del Interior para transformarlo en la T.I.A., la maravillosa parodia de la CIA perpetrada por el dibujante Ibáñez. Si no, dígame si no casa el caso de Gregorio Serrano y su piso de la Guardia Civil, o la más reciente  reunión de su secretario de Estado Nieto con el ya detenido hermano de Ignacio González con los absurdos casos de Mortadelo y Filemón. Porque me imagino perfectamente a un Rompetechos buscando informes perdidos por todo el Ministerio.

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¿Sabía, señor Zoido, que el súperintendente Vicente Ruínez, más conocido como el Súper, votó en una de las historietas al partido R.A.N.A.? Reconocerá que tiene su punto alegórico dado el número de ranas, Esperanza Aguirre dixit, que le salen al PP según pasan las semanas y los años.

Pero no se preocupe, señor ministro, que sabemos que no hay que subestimarle. Es usted el juez que consiguió gobernar Sevilla con la mayoría absoluta más amplia de la democracia, a pesar de que se le recordará por poner un mapping en Navidad y cambiar las farolas del centro. Sabe usted jugar como pocos la baza del poli bueno y el poli malo (siempre en el papel de bueno, que para malos ya tiene muchos candidatos fieles). Y es lo suficientemente inteligente para decir públicamente  que habló por teléfono con Ignacio González antes de que salga a la luz.

Pero, como le estoy diciendo, señor Zoido, cuidado, porque las cosas no se hacen en el Ministerio como se hacían antes. Y puede tener un importante talón de Aquiles. Que los problemas del Ministerio no se pueden manejar como los de una ciudad como Sevilla, a golpe de chascarrillos, saludos en la calle, besos a niños y abrazos a diestro y siniestro. Usted nunca ha sido un hombre de despacho. Y no lo lleva bien. Pero en el Ministerio ese trabajo hace falta y, convénzase, su tarea no puede ser inaugurar comisarías o dar medallas a Cristos, sobre todo, porque en Sevilla no hay tantas comisarías o no suficientes para rellenar su agenda durante toda la legislatura.

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