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El mundo de mañana (vs el de ayer, de Stefan Zweig)

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La protesta de los trabajadores de los servicios de limpieza y jardinería ha concluido en la Puerta del Sol / Marilín Gonzalo

La protesta de los trabajadores de los servicios de limpieza y jardinería ha concluido en la Puerta del Sol / Marilín Gonzalo

Alzando la vista al horizonte podemos ver ya el reloj de las campanadas y la bola dorada que baja en la noche mágica. Cierto que la perspectiva de la Puerta del Sol, a mes y medio de Nochevieja, ha contado este año además de con el abeto navideño con una montaña de basura tan alta y sabia como la de  Fraggle Rock. Una masa de desperdicios que nos habla de que si el trabajador calla y aguanta perderá la mitad de su salario mileurista y la mínima opción de un futuro digno para él y sus hijos. Y será sólo el primer empujón hacia el abismo.

En la radio, una compañía aseguradora nos insta a dar “una patada en el culo a este año de Píiii” y ¡A Dios pongo por testigo, en plan Escarlata O’Hara, de que tengo la pierna preparada hace tanto que parezco Panenka ante su perfecto penalti! Aguardo esperanzada porque el 2014, según los gurús, va a ser el año de la recuperación.

Lo del rescate bancario ya lo hemos finiquitado. El ministro De  Guindos asegura que hemos salido del lío “limpios” y que ahora la Troika a otra cosa mariposa.

En unas jornadas que acaban de celebrarse en Málaga de la Confederación Española de Directivos y Ejecutivos, los que cortan el bacalao, vamos, su presidente Isidro Fainé -para más lustre, líder de Caixabank- ha anunciado que  “los indicios de recuperación ya se están notando”. Total, lo que digo, que podemos respirar tranquilos.

Quisiera saber más de anatomía, empero, para extirparme el lóbulo del cerebro donde se aloja la memoria. Porque este Fainé hace sólo un mes se descolgó con que “somos competitivos porque los salarios han vuelto a los de 1999” (cuando yo empecé a currar, por 70.000 pesetas). Y claro, eso me corta el cuerpo de juergón nocheviejesco.

Por si no bastara, en las jornadas malagueñas,  el expresidente paisano ha declarado, al leer su ponencia  “El mundo hacia el que vamos”, que la clave del futuro está en ligar dos tercios del salario a la productividad. Acabáramos. ¿Cómo no se nos había ocurrido? “Menos salario y más trabajo”. La fórmula me suena. ¿De Marx? No. ¿De Engels? Tampoco. ¡Ah, ya, de Díaz Ferrán! Por cierto, ¿faltó a la reunión de capitostes? Quizá le negaron el permiso penitenciario. Oh.

Para compensar la merma salarial se prima ¡la ludopatía! Lo habréis advertido. Los anuncios de póquer on-line han tomado al asalto las televisiones, ocupando los espacios en que antes entidades financieras de diverso pelaje nos tentaban con créditos que concedían por teléfono sin garantías. En las parrillas televisivas, además, la madrugada es coto abierto para el desplume de insomnes.

Y la Comunidad de Madrid, avanzadilla del neoliberalismo salvaje con el que tan bien nos ha ido, va, e irá, actúa de nuevo de mascarón de proa como corresponde a la capitalidad, con esa “apuesta no va más” por la Ciudad del juego de Alcorcón.  “Eurovegas” la llaman; yo contraoferto “Cutrevicio” que va más con el cutremillonario Sheldon Adelson, y su  cohorte de admiradores crutedirectivos, encabezados por Arturo Fernández (¡así se tenía que llamar, como el  fachoso cutregalán), presidente de la patronal madrileña y vice de la estatal y acusado de pagar en negro a los trabajadores de la cafetería que regenta en el Congreso de los Diputados, recordemos, sede de la soberanía popular, ¡así nos va! Y Celestino entre el Mesías de las tragaperras (y demás emprendimientos) y SSMM Juan Carlos I, protagonista de recientes cutreandanzas también.

La ludopatía nos salvará. Con víctimas colaterales. Pero los que quedemos -o queden, nunca se sabe quién cae- lo daremos por bueno. Porque  la economía se reactivará. Ladrillo mediante, además,  ha anunciado el ministro Montoro que considera probado que en el desastre, la burbuja inmobiliaria no ha intervenido para nada.

En conclusión, que  de autocrítica del siniestro modelo que nos ha traído a lo alto del Desfiladero del Sacrificio y está lanzando conciudadanos al vacío, en mucha más cantidad de los que se tiraron el 11-S de la cima de las Torres Gemelas, más “ Cero” que en la zona idem.

El Dios (que no caballero),  Don Dinero, lejos de recular, avanza crecido gracias a nuestra lógica preocupación y desaforado miedo.  Nos ha puesto a correr sin pararnos a pensar a dónde ni por qué. Con su poderosa panspermia  hace que la música se rinda a Miley Cirus y Justin Bieber, la literatura a las vacuas 50 sombras, el cine a Los juegos del hambre. Ejemplos destacados, exitosos, a imitar.  Porque engordan la caja registradora. Obras que testimoniarán lo que hemos sido, nuestro sentido

Una civilización que envía a sus mejores deportistas (los más excelsos futbolistas de España, Europa y el mundo), referentes sociales, a justificar una sangrienta  dictadura militar en nuestra ex colonia,  Guinea, porque como bien explica Andoni Goikoetxea “ me debo al que me paga”. Él, y la Federación Española de Fútbol y la comunidad internacional porque,  según expone Ramón Lobo se compra el silencio con petróleo.

Cabe maliciar que el interés de petroleras, armadores de buques de transporte y aseguradoras  también ande tras la  decepcionante sentencia absolutoria  del Prestige. Haciendo que nadie pague por el crimen se logran dos cosas: dejar que el mercado siga moviendo su  mano invisible y tramposa; y arrasar la confianza ciudadana en el sistema. Robarnos, envenenarnos los argumentos a quienes nos pasamos la vida defendiéndolo. Volvernos más cínicos y descreídos de lo que ya nos hemos convertido.

Es en este contexto en el que, ante una tragedia como  el tifón que acaba de arrasar uno de los países más pobres del planeta, Filipinas -como Guinea, ex colonia nuestra, de cuya tragedia no sentimos la menor responsabilidad, como de la saharaui-  seis de cada diez franceses es contrario a ayudar (¡Francia, madre de la  Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano, de la trinidad “libertad, igualdad, fraternidad”!) ¿Se saca algo de ayudar?  ¿Se gana pasta? No, se pierde. Pues, ¿qué más hay que pensar? 

Acaso no seamos ya humanos, ni ciudadanos. No es que me ponga tremenda, ni agorera. Tiro del hilo soltado por un pope de la intelectualidad mediática, desde presunta postura socialdemócrata,  Lluís Bassets , director adjunto de El País, quien profetizó esta semana en la SER, que  “no es pertinente ya luchar por los derechos de los trabajadores, sino de los consumidores”. No escuché ni objeción, ni carraspeo disconforme al otro lado del transistor. 

Este es el mañana que nos aguarda, agazapado, tras el 2013. Un “ amanecer dorado” que, si no lo remediamos, en vez de conectarnos con aquel entonces griego en que éramos civilizados, nos hará bárbaros cavernícolas, pero de nuevo con pelas en la cartera.  Quizá lo soportemos. Quizá sucumbamos. Como hizo, en el exilio brasileño del nazismo, el autor de El mundo de ayer Stefan Zweig. Se suicidó. Aparentemente.

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