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Los peores deseos

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Una chica muere por esnifar heroína en una Nochevieja tranquila en Madrid

Lo que faltaba, una ciclogénesis explosiva para colmar de alegría e ilusión las reservas espirituales de esta estupenda parte de occidente. Feliz Vanidad y Eufemístico Año Nuevo. "A mí que me registren". Colabore con la justicia. "Montemos el Belén". Cumpla la ley del nacimiento no deseado. "Malos tiempos para la lírica". Golpe bajo a la autoridad moral. "Delate a su vecino". La Familia se lo agradecerá. Por imperativo sentimental, se hace saber que este año los Reyes Malos traerán mucho carbón, carbón a punta pala, dulce condena a la mancha de traviesos que pueblan la Piel de Asno.

Vamos al turrón. Del duro. Deseamos malditas pascuas y un jodido año nuevo a los amos del mundo en general y a un montón de personas e instituciones en particular. Rompemos la crisma navideña a los representantes ilegales de las diversas mafias que nos manejan: la mafia mundial, la mafia nacional y la ruidosa mafia local. Transparentes y susceptibles, arrastramos los muebles de la siniestra estancia pública, cambiamos las cosas de sitio para aparentar revoluciones en el aire, abrimos la ventana impar de los sueños adhesivos, metemos los dedos en el wifi para electrocutar un planeta, hacemos juicios de valor. Sentencia dispar: dos años si acaso. Suplicamos el indulto.

Cuando te hablen de la estética de la hipoteca inmovilista, recuerda que los que reclaman ética como quien abraza a su propia sombra con miedo a ser descubierto, deben hasta de callarse. No quedan tupidos velos en la tienda de la esquina, se los llevó todos el monarca del barrio, dueño indiscutible de las palabras y autor de los hechos consumados, patriarca de la Familia. El que da las órdenes, vamos, a una patulea heterogénea de ejecutores sumisos. En estos días señaladitos, acordémonos de las castas hegemónicas que dominan gremio a gremio. Volemos bajo en libertad condicional. Si huele mal en las alturas, no vea usted cómo cantan los peces en el río abajo. Alguien ha escupido fuerte.

El ego de la mafia se alimenta puerta a puerta. Sopa de cultivo día a día. El amiguismo, el enchufismo, el paternalismo, los intereses creados, las leyes del silencio, naturaleza sangre. Funciona el negocio corleone en la medida del rasero de una tabla de surf que aprovecha las mejores olas y los adioses más rentables a corto plazo; funciona al relente, ¿o era al ralentí?, de este invierno voraz que sólo concede posada a los miembros escogidos de las familias que controlan este antro-pológico. Códigos de deshonor, lealtad geográfica, obediencia debida. Aquí lo que hay es mucho chivato.

Ruido y furia en el adviento huracanado. Parece un temazo de los Doors. Suena a conocido, a reyes y mendigos, a puertas de la percepción andrajosa y a kilos de billetes. El telediario, en lugar de jugar a favor del viento sensiblero de la caída en desgracia del calendario de no laborables y festivos, tendría que ofrecer estos días reportajes curiosos sobre la gente que lo está pasando bien en el año V después de los Lehman Brothers, ya está bien de demagogia barata, penalidades las mínimas. Otra cosa es el deseo. Nuestros peores deseos a tanta gente tóxica, a los usureros, a los dictadores, a los tramposos, a los que usted ya sabe.   

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