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Te quiero, como el primer día

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PSOE y PP se acusan de recortar políticas sociales e IU garantiza luz y agua

Batman vuelve. Cuando el personaje del Pingüino se va a presentar a Alcalde, su mánager le dice: los alcaldes pasan, los millonarios se quedan. Hoy la política es cosa de tiesos. Es un entretenimiento en barras y paradas de metro, una diana fácil de las frustraciones cotidianas. Es un entretenimiento, aburrido a veces, pero un espectáculo siempre.

Mientras, en otra realidad paralela: consejeros delegados del Ibex se jubilan con 14.5 millones de euros tras salarios de 3.5 millones al año. Mientras, el organigrama de Telefónica es la encarnación de familias eternas. Mientras, el gran desguazador del Estado de Bienestar sigue dando conferencias, el Sr. Aznar que vendió toda empresa rentable del estado. Mientras, las eléctricas ahora son un negocio, un negocio sobre las personas. Mientras, Felipe González sigue aburriéndose. Mientras, un partido convertido en empresa gobierna este país con la única ansia de vender lo poco que nos queda, como Aena. Mientras, la sanidad enferma, ya convencidos todos de que lo público es malo, Y debemos ahorrar para gastar en seguros privados. Mientras, la universidad ve como "winter is coming", tendremos que ahorrar, mucho, si queremos que nuestras hijas e hijos vayan a estudiar. Mientras, en una comida Alierta con P.Botín deciden lo que hay que decidir. Mientras, las Sicav suben más de un 20%. Mientras, hay más ricos en los últimos cinco años que antes en años anteriores. Mientras, la palabra desahucio tiene siempre los mismos nombres.

¿Y la política? Jugando al espectáculo. Perdonen el excurso pero al fin y al cabo me apellido Brumario. Juguemos pues: primero la forma, que ya sabemos es fondo. La estética de noche del pescaíto sevillano en la Feria de Abril, de Moreno con la corbata de lunares, es un sutil avance, buscando dar un perfil menos rígido que en el anterior debate. El mediador Maíllo mantuvo su apuesta por la estética Syriza y Susana fue fiel a su cartelería, defendiendo chaqueta&blusa de similares tonalidades a las que cuelgan de las farolas. Nada nuevo bajo los focos. Esos, por cierto, que en las primeras tomas abrasaban la cara de la candidata socialista, luego rectificados.

Los relatos: los tres ajustados a sus narrativas. Esta vez sí. Moreno se hace Juanma, cercano, afable, sin adoptar al viejo vendedor de coches como personaje. Esta vez es el rescatador para esa tierra de corrupción y paro que es la Andalucía que él ve. La misma que miró Arenas, la misma que le dijo no. Moreno dice de Susana que representa un gobierno de treinta años pero él lo hace de una oposición que no ha cambiado su discurso en esos mismos treinta años, temerosa quizás de tener que explicar mas allá, de corrupción o clientelismos en su sede de Madrid, cómo es posible perder tras perder. Mismo discurso, mismas consecuencias. Habla de cocaína&prostíbulos, desconexión mental de su elector, dos credos. Saca un caso de sanidad, la vez anterior un libro roto, gráficos, bien, son recursos para su relato. Herramientas, sí, pero mismo discurso y por tanto mismas consecuencias.

Maíllo, tono de voz más ajustado que la vez anterior, menos gritón. Tiene la angustia del opositor por soltar el tema, corre en demasía. Llama profesionales a sus contrincantes, puñaladitas dice que se dan, es llamado "resentido" por la Presidenta y él los denomina Pimpinela. Pero Maíllo hace un Pimentel. El mediador de IKEA es de IU. Oficia de padre. Pivota su tono en ello. Centra sus críticas en PP/Psoe y no mira queriendo a Podemos. Está bien su lucha por el caladero del socialista huérfano y el cabreado con Rajoy pero es que sus papeletas hoy corren al morado Podemos. Ese era el torniquete que no ha puesto. El sabrá, las urnas dirán. Quizás cuando la podemitis pase, que pasará, será Maíllo el que salte a Madrid antes que Susana.

La presidenta con el storytelling mantiene una relación de amigo especial. Familia, barrio, Andalucía son su triada. La narrativa de su discurso nos dice que somos la aldea gala aguantando el empuje privatizador, "no hay desigualdad donde yo esté". "Soy como parezco que soy". En esta ocasión ha adoptado la interrupción como medicina, años luz que nos queda aún de Borgen, pero sabemos que no hay veneno sino dosis. Hay una delgada línea entre poner nervioso al contrario, hacerle perder el hilo, ofrecer una imagen de firmeza, mostrar carácter presidencial y parecer nervioso tú, de conjugar tus verbos en imperativo. ¿Se cruzó la línea? Pregunta incorrecta. ¿Cuál era el objetivo? Correcta (que para eso escribe un servidor el artículo). Esta sí es la pregunta. Quien haya seguido la campaña de Díaz habrá visto sus recorridos por calles, parques, abrazos, besos, selfies multitudinarios, mítines abarrotados, gente, mucha gente en lugar del puerta a puerta, el pueblo a pueblo. Y el mensaje: "a esta presidenta (eso de hablar en tercera persona no es bueno) no la calla nadie y menos nadie de la derecha" tiene en el target buscado un efecto movilizador.

Porque no olvidemos nunca que en una campaña no se convence al de enfrente, se moviliza al tuyo. Quienes más movilizan ganan y cruzar la delgada línea buscaba eso. Si no lo apruebas es que no te estaban buscando y si lo haces, ya sabes.

Dos consideraciones finales: primera, quienes hayan encontrado la señal para ver el debate tiene convalidadas tres asignaturas en teleco. Espero que con las elecciones autonómicas, próximas, de otras comunidades pase lo mismo, Y segunda, quienes piensen que todo esto de la política es mentira, alejado de la vida real, que piensen cuál es su respuesta cuando su pareja le pregunta si la quiere como el primer día.

 

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