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Porque yo lo valgo

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El PP aprobará el lunes sus candidatos para presidir el Congreso y el Senado

EFE

Me llamo Mariano Rajoy y quiero gobernar porque yo lo valgo. Yo y sólo yo he ganado las elecciones, yo y sólo yo he sumado escaños. A juzgar por la estrategia desplegada por el líder del PP,  parece que  tiene falta de costumbre negociadora. Es lo que pasa cuando se aplica el rodillo con la mayoría absoluta durante cuatro años. Que uno pierde entrenamiento

Y eso que no es su primera vez. Ya en la legislatura de 1996, con Aznar al frente, le tocó a Mariano Rajoy lidiar con las comunidades autónomas al frente del Ministerio de Administraciones públicas, y soportar la presión de la entonces poderosa fuerza catalana, CIU.  En aquellos días, el mismo Rajoy manifestaba en una entrevista frases como que  “Nadie puede ganar por goleada, por diez a cero” en el asunto de la financiación autonómica, tan en boga de nuevo. Y negoció, y negoció, siempre puro en mano (para gran disgusto de la entonces consejera de Economía andaluza, Magdalena Álvarez).

Rajoy, en esta ocasión, quiere llegar al partido sabiendo los goles que le van a meter de antemano, sin sorpresas. A partir de ahí, no se le ve ni con prisa ni con voluntad de pagar un precio por ceder. Quiere ceder lo obvio, lo que ya sabe que va a perder, rectificar en las leyes donde sabe que le van a obligar otras mayorías.

Los amantes del acuerdo (entre los que me incluyo) dirían que es una forma de plantear máximos al principio para ir cediendo poco a poco. Y sería creíble si no fuera porque estos seis meses están dando serios motivos para creer lo contrario. Porque a Rajoy le ha ido bien en este nuevo envite y porque, oigan, "que el que ha ganado soy yo".

Pero resulta que un "porque yo lo valgo" sólo funciona con mayorías absolutas. Y muy democrático y conciliador no suena. Rajoy, como el reciente 21 de diciembre, vuelve a la mesa para decirles a los demás que le apoyen porque sí. Por la unidad de España, por la estabilidad, por la paz del mundo y además, que, de propina, le respalden el presupuesto. Bien sabe él "que gobernar es muy difícil" y muy cansado, diría yo. Y negociar, ni hablamos. Sólo hay que ver lo que le está costando reunirse (nada más reunirse). No es culpa mía, es de los demás que no me quieren. Pero  ni les doy "los chuches" ni comparto la pelota. Que luego se la quedan.

Quiere hacer creer a los ciudadanos que la gobernabilidad sólo es posible con apoyos sin fisuras, compactos y cuasi para siempre. No se ha enterado de que el acuerdo implica comerte una parte importante de tu programa, no hacérselo tragar sin azúcar al resto de fuerzas políticas. Quiere hacer creer que las únicas opciones posibles son el caos o Mariano. Rajoy al natural o terceras elecciones. Eso se llama ultimátum. Y uno pensaría que sería una jugada de final de negociación, cuando ya se han agotado todas las posibilidades. Pero en este caso la negociación ni siquiera ha empezado.

Puede que su experiencia con Aznar hace ya 20 años no fuera tal, que el que diseñara la estrategia entonces fuera el presidente y él ejerciera de buen esbirro. Que la frase  "los partidos están por el diálogo y no por funcionar a golpe de garrotazo" no fuera suya. Puede que efectivamente esté cortito de práctica. Que tenga que aprender aunque el tiempo se acorte. O puede que apueste sus cartas a unas terceras elecciones confiando en seguir sumando.

Y mientras, un Gobierno en funciones sigue llevando el país con un larguísimo año de prórroga,  renegocia la multa con Bruselas, las consecuencias del Brexit para el campo de Gibraltar, el Peñón, los vinos de Jerez, las frutas y hortalizas de Almería y Huelva, o la Costa del Sol. Pero que nadie pregunte, que el Congreso no vigile, que es un Gobierno en funciones.  Y además, Rajoy  gobierna "porque yo lo valgo".

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