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La ilusión confluye en la plaza

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El 15M sevillano se muda a las Setas el 17/5 y ahí permanecerían hasta el final

El modelo político heredado de la Transición ha sufrido, a lo largo y ancho de nuestro país, los horrores de la corrupción. Cuando se desató la crisis, esta realidad se hizo escandalosamente evidente; desde entonces, casi a diario, los medios nos desvelan un nuevo caso infame, una nueva muestra de la perversión de un sistema político que, tras 40 años de malos hábitos, manifiesta sus inequívocos límites, contradicciones y defectos.

Una de las principales respuestas a estos fallos del modelo heredado surgió en el 15M, aglutinante de la ciudadanía más crítica ante una realidad que se hacía presente día a día con toda su crudeza, golpeando con desahucios, precarización y  recortes a ciudadanos y ciudadanas que nada sabían de sobres en b o cuentas en Suiza. La ausencia de vínculos con los partidos tradicionales, la capacidad de identificar un objetivo político claro y la sencillez del mensaje que lo transmitía, fueron las claves de su éxito. Las personas que se sintieron atraídas por este movimiento era mayoritaria en todos los sectores de la población: el descontento era transversal.

Cuando nació Podemos, estableció un discurso que supo dar continuidad a esa transversalidad. Esta ha sido una de las decisiones más efectivas de las tomadas hasta la fecha: logró configurar unos principios u objetivos centrales para una amplia mayoría ciudadana, procedente de entornos ideológicos distintos.

Hoy la sociedad empieza a curarse de sus males, las instituciones se van librando poco a poco de las dinámicas nocivas que nos trajeron a esta situación, y hemos podido comprobar que existe vida más allá de los partidos que las practicaron impunemente. Las ideologías persisten, pero muchas de las ideas que las configuran son ignoradas por las formaciones políticas clásicas, que demuestran mayor empeño en servir de freno a los cambios que fueron reclamados en las calles. En el reto de regenerar nuestro país, las personas que representamos este ilusionante proyecto de cambio debemos actuar con coherencia y firmeza.

Según el diccionario, coherencia se define como una “actitud lógica y consecuente con los principios que se profesan”. Por lo tanto, podemos entender que la coherencia no tiene ideología, sino que se trata más bien de una cuestión de responsabilidad, en este caso, política. Esto quiere decir que debemos medir con minucioso cuidado cada acción individual que se refleja o contextualiza, necesariamente, en el conjunto unitario que las comprende: Podemos.

Asimismo, la firmeza que requiere el ejercicio político debe romper con la demagogia con la que se ha alimentado a los grandes partidos en España. Toda búsqueda de la espectacularidad y el sensacionalismo posee un espíritu negligente, que pretende apelar a lo más irracional de los individuos; pero estos comportamientos pueden ser puestos en jaque con acciones honestas y claras, gracias a la solidez de los cimientos que levantan este proyecto que nos ha unido. Esto no significa que se deba actuar como si se fuera portador o portadora del conocimiento cierto acerca de los que le conviene o no al pueblo, así actuaría un defensor del absolutismo. Un buen representante público sabe mantener una tolerancia elástica para las discrepancias ideológicas, sin dejar atrás la firmeza en sus actos.

Los últimos meses hemos dejado claro que somos un partido diferente. Con Podemos hemos querido construir un instrumento capaz de multiplicar las fuerzas, de recoger a toda esa gente diversa que desea recuperar su país. El cambio político es el objetivo que nos unió y nos mantiene unidos, lo que nos hace superar los escollos que nos vamos encontrando. El 20D nos quedamos a mitad de camino y conseguimos un empate, ahora hay que sumar fuerzas para ganar. Podemos e IU concurrimos a las próximas elecciones del 26J de forma conjunta, dos voces distintas que se unen por un objetivo común, desbancar al bipartidismo; pero siempre con la mano tendida a los que faltan.

Este domingo, 15 de mayo, volveré a las calles y plazas de mi ciudad, para seguir construyendo una mayoría social nueva que pueda cambiar nuestro país. Gente que ha votado cosas muy diferentes, también al PP o al PSOE, ahora pueden ver al alcance de la mano una alternativa, hace muy poco tiempo inimaginable, al miedo y a la resignación que nos habían impuesto. Debemos continuar compartiendo los valores que nos vieron nacer, no podemos perder la oportunidad de conseguir ser el partido que represente esa nueva política, que despertó la ilusión a nuestra gente, ese partido diferente al resto.

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