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El momento municipal de Podemos

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Podemos.

Pasado el tiempo de valoraciones de resultados electorales y en plena vorágine informativa por el comienzo de la legislatura, con la sociedad española transitando en la incertidumbre en materia política, siguen también sucediéndose las opiniones e interpretaciones sobre la forma tangible que adoptará Podemos para lo que ya es asumido por toda la militancia como el "nuevo ciclo" del partido.

Los mensajes que llegan de los principales portavoces acerca de este nuevo momento no acaban de dibujar con claridad ese "carril largo" que también mencionan, pues, como en los buenos momentos de reflexión, se abren más preguntas que respuestas se cierran. Los órganos de dirección, las diputadas y diputados estatales y autonómicos irán funcionando con normalidad. Esta será la realidad más visible en lo mediático al tiempo que menos palpable de en lo concreto, en el sentido de acercamiento a las vecinas y vecinos de cualquier pueblo o ciudad del país. Sin embargo, hay otra realidad menos visible pero más palpable por la gente: el espacio político municipal. Ese espacio al que de alguna forma renunciamos en Vistalegre en detrimento de la disputa relámpago por abrir brecha en tiempos convulsos.

Hace un año y medio desde que se constituyeron más de 700 órganos territoriales de  carácter municipal, con muchos más círculos en su entorno. Desde entonces, la labor de toda esa parte de la organización ha sido ingente en el papel que les tocaba jugar dentro de esa carrera rápida en la que, además, había que atarse los cordones. Salvo excepciones en algunas capitales de provincia, estos órganos no cuentan ni con diputados autonómicos ni estatales, en muchísimos casos tampoco con concejales, y de estos últimos, solo en algunos casos (muy pocos) pueden dedicar todo su tiempo a las labores políticas, institucionales y orgánicas. Es decir, la mayoría de la base orgánica de Podemos le dedica al partido su tiempo libre, robándole o fiándole el tiempo a su familia, a sus amistades o al trabajo. Evidentemente, esto no es exclusivo de Podemos, pero lo que sí es exclusivo de este partido es el volumen de gente que se mueve en estos términos.

La organización, a nivel local (exceptuando de nuevo a las capitales) ha estado lejos de los focos mediáticos, pero ha sufrido las mismas convulsiones que las más conocidas a nivel autonómico, o estatal. Convulsiones que, aunque no se vean por televisión, son conocidas de piel a piel por las vecinas y vecinos de cada localidad.

Todas y todos los dirigentes de Podemos agradecen en cualquier acto público la labor de toda esta militancia organizada alrededor de órganos y círculos locales. Labor calificada incluso durante las sucesivas campañas electorales como una de las grandes diferencias con otras organizaciones políticas. Sin duda, la militancia de Podemos en los pueblos y ciudades de España es un factor diferencial en la política actual. Sobre todo por el enorme montante de ilusión que representa, esa ilusión que lleva a tantísima gente a dedicar su tiempo libre a una organización política que abandera la posibilidad de cambios sociales que beneficien a la gran mayoría de la población, gente que es protagonista de lo que llamamos batalla cultural, gente que sigue librando la batalla (contra)hegemónica

 Salvando el tiempo de los movimientos relámpago, cabe reflexionar sobre el papel de la base organizada en torno a Podemos y su papel en el carril largo del nuevo ciclo que se avecina. Si se puede comparar a toda la organización de base de Podemos con el chasis de la "máquina electoral", es quizá momento de restañar los golpes y las abolladuras. La cuestión es cómo hacerlo, y la respuesta tendrá que pasar por el mantenimiento del enorme caudal de ilusión (incluso hacerlo  aumentar) como motor de todo ese tiempo empleado desinteresadamente a la actividad de la organización, máxime teniendo en cuenta que todos los portavoces coinciden en que, en este nuevo ciclo, la labor institucional debe estar apoyada por "mucha calle".

Puntualizando esto último, es interesante que Íñigo Errejón ya haya descrito  algunas de esas tareas relacionadas con el "ciclo largo" y la primera que menciona tiene, a nuestro modo de ver, mucha relación con la actividad en el ámbito municipal: de cara a concretizar a Podemos como el núcleo de un nuevo proyecto de país hay que ser motor en el tejido asociativo y de ocio, de vínculos comunitarios y emocionales que aseguren espacios cotidianos de socialización, combinando la relación con la sociedad civil existente con la generación de espacios nuevos. Parte fundamental de la construcción de ese país nuevo que se teje en los detalles. La cotidianidad, solidaridad, cercanía, vecindad, fundamentales en la cultura andaluza y que deben empoderarse en una acción generosa por parte de la gente. Si el discurso transversal es importante a nivel estatal, a nivel municipal es crucial. A la gente, en lo cotidiano, no le interesa saber de grandes debates ideológicos, de si uno se define de izquierdas o de derecha, si ostenta tal o cual bandera.  Quiere que sepas arreglar los problemas, quiere ser partícipe de arreglarlos. Será mucho más fácil poner de acuerdo a la gente en torno a un problema concreto, local, palpable, sin pedirle el carnet o la bandera con la que llora o tan siquiera si la tiene. El municipalismo es, quizás, el espacio político más transversal.

Estas tareas no están reñidas con la enorme diversidad y heterogeneidad existente en la base orgánica de Podemos, diversidad que se puede observar a cualquier escala territorial, incluso internamente en cada municipio, incluso en cada círculo. Pero, aún a falta de más concreción de organización de estas tareas, el ciclo largo no debe dejar pasar un detalle al abordar la organización de base, y es que Podemos debe ser reconocible en cada municipio por sus vecinas y vecinos. Reconocible por su trabajo, honestidad y compromiso, no por sus insignias o símbolos. Faltan aún mecanismos de comunicación, de información y de vigilancia estatutaria, para evitar el efecto de descoordinación que genera incertidumbre en la gente que nos apoya. Habría que tratar de evitar que coexistan tres Podemos distintos en tres municipios distintos separados por 30 km. Transversal es tocar distintos instrumentos sin desafinar, la armonía debe estar por encima. Los puntos de consenso social y sentido común, ahí es donde debemos construir pilares huyendo de derivas identitarias o izquierdistas. La mayor o menor trascendencia de todo esto tendrá que ver con el hecho de que, como mencionábamos antes, se percibe por las vecinas y vecinos de piel a piel.

En definitiva, como dice también Errejón, Podemos deberá prepararse para una disputa más lenta y tiene que aparecer como un movimiento popular más amable hacia dentro y seductor hacia fuera. Se antoja que, tanto para este nuevo ciclo largo como, incluso, para alcanzar la nueva hegemonía que perseguimos habrá que reforzar mucho esta base orgánica para capitalizar esa ilusión diferencial que la caracteriza y la mueve al activismo. Esta base municipal no puede ser más de lo mismo, no puede ser como las bases municipales de otros partidos. Como él dice: inventemos o erraremos. Ha llegado el momento municipal de Podemos.

Roberto del Tío es secretario general de Podemos Dos Hermanas, doctor en Biología y profesor de secundaria. 

David Benavides es secretario Político de Podemos en Andalucía, doctor en Informática y profesor en la Universidad de Sevilla

 

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