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El último héroe de Doñana

"Esta historia sería más pequeña, más empobrecida y, quién sabe, con Doñana transformada en un arrozal y un bosque de eucaliptos estéril, si Luc Hoffman no hubiera intervenido"

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De izquierda a derecha: José Antonio Valverde, Mauricio González-Gordon, Luc Hoffmann, Max Nicholson y Francisco Bernis

De izquierda a derecha: José Antonio Valverde, Mauricio González-Gordon, Luc Hoffmann, Max Nicholson y Francisco Bernis

Hace unos meses, mientras el estío terminaba de cuartear los barros de la marisma y Doñana languidecía en un martilleo de chicharras, falleció Luc Hoffmann. Luc fue una de las figuras olvidadas de la creación de la Reserva y el Parque Nacional de Doñana, al que sin duda, se debe gran parte de la repercusión internacional que resultó fundamental para recabar apoyos y sensibilizar al gobierno de Franco para la protección de las Marismas del Guadalquivir.

Luc era suizo de Basilea, heredero de las empresas farmacéuticas Hoffman-La Roche, poseedor de una gran fortuna y con numerosos contactos en la alta sociedad europea. Sin embargo, en su trato personal mostraba una gran humanidad, era entrañable y sencillo. Supongo que estas cualidades, unidas a su profundo amor a la naturaleza y la ornitología, determinaron que él y mi padre, José Antonio (Tono) Valverde, un castellano poco dado a los apegos vacíos, se hicieran grandes amigos.

En los años 50 del siglo pasado, cuando España se recuperaba de la fratricida Guerra Civil y las autoridades se preocupaban más de exterminar alimañas y desecar terrenos para urbanizar o establecer una agricultura de subsistencia, el triunvirato formado por Luc, Tono y el Egreto (Mauricio González-Gordon, empresario de vinos jerezano, propietario de parte de Doñana y ornitólogo) salvaron Doñana. La endiablada maquinaria de presión internacional, diplomacia y habilidad social que trajinaron tornó la ciega intención desarrollista del régimen de Franco hacia Doñana por una más informada y proteccionista, motivando de premio la creación del WWF, una de las fundaciones internacionales más importantes para la protección de la naturaleza.

En aquella época, Luc Hoffmann había invertido parte de su dinero y su prestigio en la creación de la Reserva Ornitológica de la 'Tour du Valat' en la Camarga francesa, consciente de la creciente desaparición de los humedales donde se refugiaban numerosas aves acuáticas. Lamentablemente para los grandes humedales litorales, su coincidencia con áreas de paludismo crónico y playas extensas, han hecho que, por cuestiones de salud o negocio, hayan desaparecido por todo el mundo.

Una amistad duradera

Hoffman dedicó gran parte de su vida, unida al WWF, a observar y conservar humedales como la Camarga, donde vivió y finalmente murió en julio de este año. Pero en los años cincuenta Luc era un joven dinámico apasionado por la ornitología que invitó a Tono Valverde, un muchacho castellano tísico y delgaducho a su reserva de la Camarga a estudiar las garcetas. Embadurnados de barro, prismáticos al cuello, un buen vino y similar pasión por la ciencia, fundarían una amistad duradera a prueba de obstáculos.

Como no hay nada más fuerte para la mente humana que repetir y mejorar algo exitoso, mi padre se dedicó en cuerpo y alma a intentar crear una reserva como la de su amigo en Doñana, contando en todo momento con el apoyo de Luc. La famosa 'Doñana Expedition', que trajo a Doñana algunas de las personalidades europeas más eminentes de la protección de la naturaleza de su época, las cartas entre Franco y el Príncipe de Holanda que Luc y Valverde escribían de ida y vuelta, la formación del WWF para recabar dinero y apoyos internacionales y la formación del Parque Nacional de Doñana, como culmen de todo aquello, forman parte de la historia europea.

Esta historia sería más pequeña, más empobrecida y, quién sabe, con Doñana transformada en un arrozal y un bosque de eucaliptos estéril, si Luc Hoffman no hubiera intervenido. Resulta además una historia ejemplarizante para estos tiempos tan ávidos por la multitarea, la red global y el trabajo en masa: algunas veces es el empuje de muy pocos héroes empecinados y cabezotas lo que transforma el mundo.

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