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Europa blinda la naturaleza andaluza con 142 millones de euros en las dos últimas décadas

El programa Life, de financiación mixta, ha entregado a Andalucía 73,5 millones de euros directamente de fondos europeos.

El águila imperial y el lince ibérico se han salvado de la extinción gracias a estos proyectos comunitarios.

El Life dedicado al felino más amenazado del planeta ha recibido dos galardones europeos por su innovación en la conservación.

La concienciación y el apoyo social se han convertido en pilares básicos del éxito de todo proyecto.

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Muere un lince atropellado en la N-422, carretera del entorno de Doñana

Han salvado de la extinción al lince y al águila imperial. Le han dado alas al quebrantahuesos y han rescatado de su hundimiento a las praderas marinas. Han luchado contra los envenenamientos de especies protegidas y preservado nuestras costas y humedales. Los proyectos del programa Life han contribuido con 142 millones de euros a proteger la naturaleza andaluza durante más de dos décadas. Hoy en día sigue habiendo diez de ellos en ejecución.

Desde 1992, fecha en la que se lanzó el proyecto para salvar el águila imperial, Europa ha puesto casi 73,5 millones, es decir, más de la mitad de la financiación de los Life. Los expertos no dudan en calificar de "fundamental " esta herramienta de protección ambiental, que ha evolucionado desde la conservación pura y dura de la naturaleza hacia proyectos donde se prima la mejora de la ejecución de las leyes ambientales y la concienciación de los ciudadanos.

En estos 22 años se han llevado a cabo en Andalucía proyectos donde urgía salir al rescate de especies que estaban al borde de la extinción como el propio lince ibérico o el águila imperial. En el caso de esta última, por ejemplo, había que luchar contra la desaparición de su hábitat, la disminución de conejos, la caza o el veneno, entre otras presiones y, si por un lado, ha sido fundamental recuperar su hábitat mediante la compra de fincas o la sustitución de tendidos eléctricos peligrosos, las tareas de sensibilización han sido fundamentales.

Miguel Ángel Simón, director del programa del lince ibérico, subraya el cambio social que ha generado este programa en la sociedad y cómo hoy en día las revistas especializadas en caza inciden en el valor añadido que supone para sus cotos de caza tener una especie protegida. El lince y otras especies en peligro han dejado de ser vista por los cazadores como enemigos de su actividad a ser sus aliados naturales. Toda una revolución.

Esa concienciación se ha visto reflejada también en la manera de financiar estos proyectos. Si durante la década de los 90, Europa ponía el 75% de los fondos, el porcentaje de su contribución ha ido disminuyendo hasta situarse en el 56% de media en los proyectos en ejecución actuales. ¿Se ha reducido la financiación de Europa? Todo lo contrario, las partidas se han incrementado y sobre todo han aumentado los socios tanto públicos como privados que contribuyen a impulsar los proyectos. La sociedad está más implicada en la protección de la naturaleza.

El éxito del Life Iberlince

Si, por ejemplo, los primeros programas del lince ibérico se limitaron a hacer un censo de estos felinos con menos de medio millón de euros y tan solo fondos andaluces y comunitarios, el actual Iberlince cuenta con un presupuesto de 34 millones de euros y más de 20 socios diferentes entre los que se incluyen desde federaciones de cazadores hasta asociaciones ecologistas o agrarias, pasando por administraciones públicas nacionales (España y Portugal) y regionales (Extremadura, Castilla la Mancha, Murcia y Andalucía).  Enrique Segovia, director de conservación de la organización, destaca precisamente el éxito que ha tenido el proyecto y el esfuerzo que han hecho todos los socios para conseguir la recuperación del felino.

El programa del lince ha tenido tal éxito que hoy en día hay 319 ejemplares en libertad y la Unión Europea lo ha premiado en dos ocasiones con el galardón ‘Best of the best’ (‘Lo mejor de lo mejor’).  Según el director del proyecto, en 2002-2006 se premió tanto que la población, que estaba a punto de extinguirse, se hubiera casi duplicado (pasando de 94 individuos a 177),  como el empleo de estrategias de conservación novedosas. "Había fincas privadas y asociaciones de cazadores. Se premió la apertura a la participación directa en la ejecución de un programa. Hicimos además una selección de áreas de reintroducción, algo que era muy novedoso ", señala Simón.

En cuanto al premio del proyecto 2006-2011, el biólogo insiste en que se hizo "un reenfoque nuevo ". "Había disminuido la probabilidad de extinción. Hasta entonces no habíamos estado defendiendo y era hora de pasar al contraataque. Creamos nuevos núcleos de introducción y por primera vez en un proyecto de conservación se hizo una encuesta social para ver si teníamos el apoyo de los cazadores y la sociedad en general ", aclara Simón.

El apoyo social, un pilar básico

El apoyo y la conciencia social se han convertido así, poco a poco, en un pilar básico del programa Life y, por tanto, del peso que se le concede en la protección de la naturaleza. Prueba de ello es el proyecto de comunicación de la Red Natura, que cuenta con un presupuesto de más de dos millones de euros y con el que se pretende mejorar el conocimiento de la Red Natura 2000, a la que propia Consejería de Medio Ambiente y Ordenación del Territorio define como "la mayor apuesta realizada por Europa para conservación de la biodiversidad ".

Hoy en día, Andalucía participa en diez proyectos Life diferentes que tienen en total un presupuesto de casi 76 millones de euros, de los que más de 42,5 los financia Europa. Al proyecto del Lince Ibérico, que es el de mayor presupuesto, o el de comunicación de la Red Natura, se unen otros para proteger las aves esteparias, mejorar las praderas de posidonia oceánica, promover la gestión sostenible de las dehesas, tratar las aguas contaminadas o restaurar suelos degradados por la actividad minera o promover una edición de libros sostenible, entre otros.

Desde organizaciones como WWF reclaman a la administración pública que los otros fondos europeos, aquellos destinados por ejemplo a la agricultura o las infraestructuras, se diseñen para propiciar un cambio de modelo de producción sostenible que prime las energías renovables, los espacios protegidos y la agricultura y la ganadería extensiva. Es decir, que los otros fondos europeos no terminen siendo un daño para el medio ambiente. 

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