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Una ruta por callejuelas para redescubrir la grandeza de Córdoba

El Festival de Callejas, que se celebra entre el 9 y el 15 de octubre, ofrece un itinerario por 36 callejuelas para bucear en el patrimonio urbano e histórico de estos pequeños rincones de la capital cordobesa

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Calleja de las Flores, en Córdoba.

Calleja de las Flores, en Córdoba.

El pasado islámico de Córdoba dejó su impronta en su trama urbana y, una de sus huellas, fueron las callejas que salpican su casco histórico. Existen hasta 169 callejuelas catalogadas, pequeñas vías muchas de ellas callejas-barrera, sin salida, que multiplican los rincones secretos de la capital cordobesa. Ahora, nace el primer Festival de las Callejas de Córdoba, un nuevo itinerario turístico y patrimonial para conocer estos espacios que esconden leyendas e historia de la ciudad.

A mediados del siglo XX, Córdoba aprovechó el potencial turístico de algunas de esas callejas que se han convertido ya en estampas típicas para el visitante. La calleja de las Flores o la del Pañuelo son algunas de las más conocidas. Pero existen decenas de ellas que aún hoy son un secreto para muchos cordobeses y,  por supuesto, para los turistas. Este festival, que se celebra entre el 9 de y el 15 de octubre, es una oportunidad para adentrarse en esta trama que aúna belleza, historia y patrimonio.

Solo los nombres de muchas de estas callejas llaman a la inspiración para adentrarse en su búsqueda, a través del mapa y el itinerario recomendado por la organización que, a través de un pasaporte sellado en cada punto del recorrido, adentra al visitante en la historia de estos rincones hasta completar la visita. Calleja de los Rincones de Oro, de la Hoguera, de las Siete Revueltas de Santiago son algunos de esos nombres; otros se los daban los oficios de quienes las habitaban: calleja del Tesorero, de Vinagreros, del Posadero, del Tinte, de la Zapatería Vieja o del Herrador, son ejemplo de ello.

Calleja Barrera.

Calleja Barrera.

Muchas leyendas y hechos históricos se ciernen sobre la historia de cada una de estas callejas, cada una de las cuales está al alcance del visitante en la  web del festival. Historias como la de la calleja de los Arquillos, angosta vía de la calle de las Cabezas donde la tradición de muchos siglos sitúa la acción más dramática del viejo cantar castellano de los Siete Infantes de Lara. Siete arcos tenía la calleja, de donde cuenta la leyenda colgaron las cabezas de los siete infantes.

Historias que explican, por ejemplo, el nombre de la calleja de Polichinela, conocida en un principio como Pichelera, por vivir en ella una mujer que se ocupaba en hacer picheles, una especie de vaso de metal muy usado en otros tiempos. Pero, finalmente no quedó ese nombre por la dificultad fonética, y el pueblo la rebautizó con el nombre de este personaje burlesco de las farsas italianas que actualmente lleva.

Cada rincón atesora una historia

O leyendas como la de la calleja de los Rincones de Oro, sobre la que se hablaba del prodigioso efecto que causaban los rayos de sol al conseguir penetrar en esta angostura. O de cómo en esa calleja vivió el comerciante de sedas más famoso del Califato de Córdoba, donde telas tan bellas y finas solo se podían comprar con oro. Hay, incluso, quien señala que el nombre era pura ironía porque la limpieza no llegaba hasta esta angosta vía y, desde luego, no relucía precisamente.

Así, una tras otras y hasta 36 callejas, la historia y las leyendas se entrecruzan para conocer estos rincones cordobeses. Mapa en mano, el turista puede hacer dos rutas: una por las callejas de la Medina y otras por las de la zona de la Axerquía. Y puede hacerlo, bien por libre durante toda la semana o bien en rutas guiadas gratuitas preparadas por la organización del festival, el viernes, sábado y domingo de 10:30 a 17:00 horas para las callejas de la Medina, y esos mismos días en horario de 11:00 a 18:00 horas por las callejas de la Axerquía.

En paralelo, un concurso de fotografía organizado por el festival premiará a quienes obtengan las mejores instantáneas de estos particulares rincones. Y, además, un programa de actividades completa el festival para acompañar los itinerarios con exposiciones, talleres, recreaciones de época y un viaje al pasado de los oficios tradicionales que se ofrecían en muchas de estas calles.

Se abre así una nueva cita turística para redescubrir Córdoba y descubrir secretos de su urbanismo, mucho más allá de la Mezquita-Catedral.

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