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“El poder eleva a una figura a los altares pero no pone en práctica sus principios”

    En el centenario de su nacimiento, la nieta del escritor y filósofo, presenta en Andalucía Breviario de la dignidad humana, compendio conmemorativo de su pensamiento.

      El humanismo de Camus es el legado intelectual que considera más en vigor. “Leer a Camus invita a desafiar esa tendencia de nuestra sociedad individualista de no mirar a los vecinos, ni incluso a nosotros mismos”.

        Ante las consecuencias de la crisis financiera, Elisabeth Maisondieu-Camus asegura que “es seguro que él rechazaría la polarización de extrema pobreza y extrema riqueza”.

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          Elisabeth Maisondieu-Camus, nieta del Nobel de Literatura francés, Albert Camus

          Elisabeth Maisondieu-Camus, nieta del Nobel de Literatura francés, Albert Camus

          Elisabeth Maisondieu-Camus, nieta del Nobel de Literatura francés, Albert Camus, habla como la científica que vierte líquidos a la probeta sin saber si la tarea va a fructificar, malograrse, ¿explotar? Con precaución y concentración. Es grande la responsabilidad de custodiar la memoria, al menos de una parte, la íntima. Y esta tarea recae en la familia. Cuando, como este 2013, por el centenario del nacimiento de Camus, el 7 de noviembre de Mondovi (la Argelia entonces francesa), se presentan ediciones conmemorativas, actos de homenaje, la familia agradece poder acercar al autor de El extranjero, La peste o La caída a posibles nuevos lectores. Pero la cautela de Maisondieu-Camus da prueba de la voluntad de no extralimitarse, no suplantar a quien murió a los 47 años, en un accidente de coche que conducía su editor Michel Gallimard. Él ya no está.

          El Centro Andaluz de las Letras y el Instituto Francés de España han puesto en marcha actividades sobre este autor que, en vida, fue ejemplo de radical independencia, considerado francés en la colonia y argelino en la metrópoli, resistente comunista en tiempos de la invasión nazi, atacado luego por Sartre y la ortodoxia marxista cuando criticó las tiranías soviéticas. Un Solitario. Solidario, como tituló en 2010 la hija del escritor, Catherine Camus, el volumen biográfico de fotografías y extractos. 

          Ahora es la hija de Catherine quien presenta Breviario de la dignidad humana, selección de pasajes convertidos en aforismos. Ayer lo hizo en la B.P. de Sevilla y hoy lo hará en Málaga (19 h, Centro Andaluz de las Letras). “Sigo creyendo que este mundo no posee un sentido superior. Pero sé que algo en él posee sentido y es el hombre, porque él es el único ser que exige que lo tenga”, es uno de los aldabonazos de la poderosa voz de Camus. 

          Para Maisondieu-Camus, abogada penalista, “acostumbrada a tratar de comprender conductas criminales atendiendo a infancias desgraciadas” resulta destacable que su abuelo, huérfano de padre a los pocos meses, criado por una madre pobre y víctima de malos tratos familiares, “lograra convertir la iniciática experiencia con el mal, en fe en el ser humano”. El legítimo orgullo humedece los ojos de la mujer de temple científico. Quizá porque, como escribía Albert Camus, “el juicio del cuerpo vale tanto como el del espíritu” y aunque vivamos volcados en la razón, a veces domina la emoción.

          ¿Con “Breviario...” y “Solitario. Solidario” desean acercar a Camus a nuevos lectores? 

          La familia no habría impulsado, por propia iniciativa, la publicación de estos libros por el centenario del nacimiento o cincuentenario de la muerte porque nosotros le añoramos igual siempre. Pero al manifestarnos autores y editores un gran interés por sacar a la luz estos trabajos, sí concebimos la idea de transmitir al público, sobre todo al más joven, el pensamiento de Camus, que es moderno y de plena vigencia.

          ¿Qué parte de su herencia intelectual considera más relevante para el presente? 

          Para mí, lo más importante es su pensamiento humanista, la atención hacia los otros. Es extraordinario cómo atiende al ser humano. Algo que ha desaparecido en nuestra sociedad individualista donde no es ya que la gente no mire al vecino, sino que rara vez se mira a sí misma. Camus nos propone una mirada sobre el propio yo y los demás. 

          ¿Qué pensaría él, comprometido en obra y vida, del modo en que la sociedad afronta consecuencias de la crisis como la pérdida de libertad y derechos?

          En mi opinión, no es posible saber lo que alguien, muerto con 47 años, pensaría de hechos acaecidos cincuenta años después. A sus descendientes se nos pregunta pero yo, en respeto a él, a lo que habría podido evolucionar, no creo adecuado especular. Ahora bien, más allá del debate político, de actitudes de gobiernos concretos, lo que creo que no hubiera cambiado en él sería su dificultad para vivir una situación como la actual polarización de una extrema pobreza y una extrema riqueza. 

          ¿Ve contradictorio que ciudadanos e instituciones homenajeen a figuras como Camus y al tiempo olviden sus ideales políticos, sociales o elijan los contrarios? 

          Pienso que es coherente con el poder que hoy rige el mundo y sus códigos. El poder eleva a los altares a una figura, pero luego no pone en práctica sus principios. Ahora bien, desde un punto de vista ético es completamente esquizofrénico. 

          Muñoz Molina, al escribir sobre los homenajes a Camus, advirtió de que hay riesgo de que las autoridades intenten, con la consagración de hombres como él, desactivar el poder transformador de sus obras. ¿Por eso rechazó su familia la propuesta del Presidente Sarkozy de trasladar los restos del cementerio de Lourmarin al Panthéon de Paris (con Rousseau, Zola, Malraux...)?

          Debo ser tajante: no. Siendo cierto que, a mis ojos, tanto la propuesta de Sarkozy como una que hiciera el actual presidente, perseguiría objetivos políticos, en nuestro caso se decidió que no porque los dos hijos de mi abuelo, mi madre y su mellizo, discreparon. Mi madre lo consideraba un honor, pero mi tío defendió que había que rechazar la propuesta porque su padre así lo habría querido. A mí, como no creyente, me es igual donde “reposen sus restos”, pues para mí él está donde yo lo siento.

          La obra (narrativa, teatral, ensayística, periodística) de Camus es compleja, profunda, con ambición de estilo e ideas. La actual industria editorial apuesta por libros muy distintos, de inminente y masivo éxito comercial: los best seller . ¿Habría un desconocido Camus encontrado editor de haber empezado hoy? 

          A pesar de los pesares, creo que lo habría conseguido. Me parece que, como él, soy optimista por naturaleza. Aunque es cierto que me resulta decepcionante en general el nivel de la literatura y el periodismo actuales. 

          ¿Y de aquí a diez años qué es más probable: que gane el Premio Nobel la autora de 50 sombras de Grey o que haya un cambio de rumbo en la apuesta literaria? 

          (Risa) Una autora como la de 50 sombras de Grey no ganará jamás el Nobel. Seguirá habiendo “escritores pensadores”, más escasos y tal vez con una obra menos ambiciosa, pero existirán, sobrevivirán, se abrirán camino y a ellos estará destinado el Premio Nobel de Literatura. O bien éste desaparecerá. Pero creo que sí, que ellos lo lograrán.

          Como nieta de Camus y abogada experta en derechos de autor, ¿Qué opina de ellos? ¿El lapso de setenta años tras la muerte del escritor en que la familia es depositaria de éstos le parece adecuado? ¿Por qué? 

          Tengo opiniones distintas como nieta y abogada (risa). Es complejo. Como nieta, considero que setenta años no bastan porque quisiera que la familia velara siempre porque su obra no se desnaturalizara. Si bien es verdad que hay un “derecho moral” que no prescribe, gracias al cual si un día el Frente Nacional, por ejemplo, quisiera convertir una frase de Camus en su eslogan podríamos impedirlo. Ahora bien, como abogada, creo que el plazo es justo y equilibrado entre el derecho de los descendientes de un autor a recibir su herencia -como los de cualquier otro trabajador-, y el derecho del público a recuperar lo que el escritor creó para ellos, sus destinatarios naturales, no para su familia.

          ¿Cuándo y cómo empezó a leer a Camus? ¿Cuál es su obra preferida? ¿Logra leerlo como si no fuera su nieta?

          En mi vida hay cuatro etapas de lectura de Camus, una por década. De niños, mi hermano y yo vivimos en Niza, lejos del ambiente intelectual, ocupados en ir a la playa en verano y a la nieve en invierno. Muy sano. En la adolescencia mi madre nos contó que el abuelo había sido escritor y era conocido -aunque no insistió en su fama. Yo le pregunté qué podía leer de él. Me recomendó El extranjero. Lo leí con 13 años. Y luego El exilio y el reino, La muerte feliz, La peste...  Sin reflexionar mucho, por la edad. He vuelto a los textos a los 25, a los 35, pasados los 40. He visto muchas obras teatrales. Calígula en especial. Cada vez mi visión ha sido más compleja. Doble, como nieta y lectora. Y en tanto que tal, como mujer más madura y con experiencias. Aún así, hay obras que no puedo leer del todo, como El primer hombre, cuyo manuscrito llevaba en el coche en que murió y fue publicado póstumamente. Y mi preferida, sin duda, es La caída, sobre todo por la lucidez que encuentro en ella de cuestionar, no ya lo que en el humano hay de malo -algo que se hace en otros textos-, sino de poner en cuestión también nuestra bondad.

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