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ARAGÓN

Soy tu regalo de Navidad

Estoy un poco asustado. Hace ya dos días que llegué aquí. Vivo en una caja de cristal. No estoy con mis hermanos. Comienzo a creer que no veré más a mi madre. Sí, soy el perro que comprarás a plazos. Sí, siento y sufro. Sí, puedes llamarme Pipo.

Esta historia triste se repite a diario y parece que en épocas de vacaciones y compras la vida de un animal sigue siendo una opción cuando se trata de premiar buenos resultados en el colegio o de agradar a alguien con un regalo tierno.

Sin embargo, estos regalos tiernos crecen, comen, manchan, viven, tienen gastos veterinarios y necesidades como todos nosotros. Estos regalos vivos son seres sintientes cuyos padres son meras máquinas desechables, ellas son máquinas de parir, ellos son máquinas de fecundar, los cachorros son productos a ojos de demasiadas personas que se lucran, demasiadas personas que compran, y demasiadas personas indiferentes.

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Aragón y Sijena, el cuento de una traición

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Camión con los bienes retornados de Sijena

Ayer escribía en un tuit: “Me hubiera gustado que los bienes de Sijena hubieran vuelto a Aragón lejos de tanta confrontación e intereses políticos de unos y otros; quizá ahora el Partido Popular devuelva todos esos bienes que de Aragón andan por España”.

Alguien podría decirme: “Ángela, la situación jurídica del resto de los bienes no es la misma”. Respondí: “Lo sé. ¿Y si lo hubiera sido, habría habido voluntad política?, ¿se habría dejado sin recurrir la sentencia, tal y como ha hecho el Partido Popular con la de los bienes de Sijena?”.

Sigo pensando que ojalá los bienes hubieran llegado lejos de tanta confrontación, enmarcado, como está siendo su regreso, en una bronca campaña electoral que ha convertido a los bienes en la cara y cruz de una misma moneda: quien expolió se considera expoliado y quien jamás escuchó ni atendió una sola de las reivindicaciones de Aragón busca hoy titulares a costa de los bienes de Sijena.

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¿Para cuándo NOSOTRAS en la Constitución Española?

Si afirmo que la Constitución española es de todo menos feminista no creo que descubra nada nuevo. No se iba a librar en este país, precisamente, la Carta Magna. Supongo que, a estas alturas, a nadie se le escapa que la ausencia de reconocimiento de los derechos de las mujeres en el 78 no obedeció a simple despiste. Había que sujetar a toda costa un modelo de sociedad patriarcal y ¡vaya si hicieron buen trabajo!

Las mujeres habíamos luchado y sufrido junto a los hombres durante décadas contra la dictadura, la tiranía y el fascismo español pero a la hora de participar en ese momento tan definitivo de la historia de España pasaron de nosotras.

En las Cortes Constituyentes de 700 parlamentarios sólo hubo 27 mujeres: 21 diputadas y seis senadoras . Es importante matizar que, además, ni una sola mujer participó en la ponencia que redactó el proyecto original. Una Constitución sin madres, y con siete padres fundadores [1].

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El sida y nosotros

Cuando en la década de los ochenta nos enfrentamos a las primeras noticias relacionadas con personas portadoras del VIH, personas con sida, lo primero que se instaló en la sociedad fue el miedo, pero se trataba de un miedo parcial, porque pronto esta enfermedad se relacionó casi de forma exclusiva con homosexuales y con personas adictas a la heroína, así que la enfermedad fue entendida por una parte amplia de la sociedad como un castigo casi divino con el que se perseguía a los maleantes -así han sido considerados los homosexuales en nuestro país durante décadas y décadas- y se castigaba a los adictos, a los débiles, a los que cabalgaban por las arterias de la ciudad buscando ese polvo que les hace reyes de una vida imposible.

El sida llegaba para matar y pronto lo vimos en amigos a los que dijimos adiós en noches heladas donde las lágrimas tapaban la vergüenza, porque ese amigo no había muerto de sida, no podíamos pronunciar la palabra sida por respeto a esa madre y a ese padre que sabían que su hijo vagaría por el infierno, mientras ellos soportaban la mirada de vecinos, de amigos que les acusaban por dejar que su hijo fuera homosexual o heroinómano. Entonces nadie hablaba de la serofobia, nadie le había puesto nombre a la forma en que la sociedad trataba y maltrataba a las personas que tenían sida. No había que besarlos, ni hablarles y si algunos hubieran podido les habrían escupido, arañado. Luego, casi al tiempo, supimos que el sida también afectaba a los heterosexuales, pero aún así seguía la constante de que quien se acuesta con un drogadicto sabe a lo que se expone y eso lo tuvimos que escuchar en tantas ocasiones que acabamos tapándonos de tantas palabras que nos escondimos en las cunetas de nuestra propia y silenciosa revolución.

El sida ha tenido a su alrededor componentes claramente ideológicos y religiosos y por eso ha sido una enfermedad tan maltratada; son muy pocas las personas que admiten en su entorno tener el virus por miedo al rechazo y se quedan viviendo en la ansiedad, la angustia y la depresión de saberse aisladas. Parece mentira que después de tantos años se tenga que insistir en que las vías de transmisión del virus son tres: a través de la sangre, la vía sexual o la materno infantil (durante el embarazo, parto o lactancia). Y si todos conocemos las vías de transmisión ¿por qué ese miedo irracional a estar con una persona seropositiva? ¿Por qué rechazamos a una pareja por su estado serológico? ¿Por qué asumimos que la persona seropositiva debe llevar la carga de contar su estado a todo el mundo? La serofobia es discriminación, genera dolor e incomprensión para quien la padece, que en ocasiones son niños. No deberíamos apartar a alguien de nuestro lado por su seroestatus, como tampoco podemos exigir que la persona con el virus tenga que contárnoslo. Y si no lo hace es porque el sida sigue siendo tabú: la cultura popular así lo ha concebido y muy pocos quieren atender y escuchar las verdades científicas.

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Huesca sin glifosato

El glifosato es un herbicida que ha sido clasificado por la Organización Mundial de la Salud como “probablemente cancerígeno para los seres humanos”. La Unión Europea renovó el pasado 27 de noviembre la licencia del glifosato otros cinco años más, 18 votos a favor frente a 9 en contra y 1 abstención. Ha sido necesario que Alemania, Polonia, Rumanía y Bulgaria, que se abstuvieron el pasado 9 de noviembre, votaran ahora sí junto a España y otros 13 Estados miembros.

Nueve países se han mantenido en el no. Liderados por Francia, Italia, Croacia, Chipre, Malta, Austria y Luxemburgo no quieren que se siga comercializando y usando este químico, mientras que Portugal ha decidido abstenerse. A ellos se unen más de un millón de ciudadanos y ciudadanas europeas que apoyaron “#StopGlifosato”, la cuarta iniciativa ciudadana europea de la historia.

“A pesar de los indicios de conflictos de intereses, la disfunción de las agencias europeas y la falsificación de los estudios científicos, la CE se ha puesto del lado de la industria en detrimento de los y las consumidoras y la salud pública. Podría haber elegido, pero los intereses del nuevo buque insignia de la industria química europea, Bayer-Monsanto, han primado frente el interés general”, señaló el eurodiputado Florent Marcellesi.

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Glifosato ¿santo o demonio?

Estos días hemos estado debatiendo en Europa, con gran polémica y acaloramiento, sobre si se debía seguir permitiendo el uso del herbicida glifosato. Puede que a algún lector le pueda parecer un debate excesivo, después de todo sólo hablamos de un herbicida.

Vale, que la Organización Mundial de la Salud lo ha calificado como “probablemente cancerígeno” y numerosos estudios científicos alertan de su toxicidad, pero no deja de ser un herbicida.

Pero si nos fijamos en que el glifosato es el componente principal del Roundup, un herbicida fabricado por la todopoderosa Monsanto y que es el que se emplea para eliminar las “malas hierbas” en la mayoría de los campos en que se cultiva lo que comemos, en las cunetas de nuestras vías de comunicación e incluso se usa mayoritariamente en las calles y los parques de nuestras ciudades. Y si sabemos que este componente penetra en el suelo, se disuelve en el agua y permanece en los cultivos entonces ya podemos comenzar a hacernos una idea de que el debate incluso debería haber tenido mayor repercusión.

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Ocultos tras las sotanas

Con frecuencia resultan sorprendentes los argumentos que se usan para inclinar la balanza de la justicia del lado que mejor favorezca los intereses personales de cada cual.

No se para en mientes en la utilización de cualquier tipo de recurso. Es de todo punto intrascendente si la prueba  propuesta carece o no de validez, no importa. La finalidad que se persigue es lo fundamental.

Para convencer a la jueza de la pertinencia de su salida de prisión, los miembros del Govern encarcelados han puesto toda la carne en el asador, ¿mediante argumentos jurídicos? Pues no. En varios casos a través de mostrar su fe o exhibiendo su conciencia religiosa. ¡Qué poder tan inmenso deben de tener las creencias para poder ser utilizadas en sede judicial!

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Entre la mentira y la difamación

Que un político mienta es algo a lo que desgraciadamente estamos acostumbradas. Que lo haga sin complejos, con chulería y desprecio por el/la adversario/a es inadmisible. Pero si además lo hace en sede parlamentaria o en el pleno de su ayuntamiento entenderán que solo merezca el más absoluto desprecio por parte de la ciudadanía a la que intenta engañar y a la que presupone tan estúpida como para creerse sus mentiras.

Comprobar como envuelven su discurso en las telarañas de la falacia, la falsedad e incluso de la calumnia hasta distorsionar por completo la verdad ciertos personajes que se sientan en nuestras instituciones como representantes elegidos por todas, no solo cabrea por lo tendencioso y cobarde de su comportamiento, también asusta.

Asusta tanta mendacidad en boca de quienes deberían ser los mayores defensores de la verdad, asusta el grado de chapucero fingimiento al que son capaces de llegar en su acoso y derribo con sus infundios. Pero más que nada sobrecoje el desenfado, la desvergüenza con la que sin ningún miramiento lanzan acusaciones a diestro y siniestro, sabedores de que mienten entre feroces sonrisas que parecen sacadas de un documental de esos que se desarrollan en la sabána africana.

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El algodón de Montoro sí engaña

La modificación del art. 135 de la Constitución, la intervención de Cataluña y de los ayuntamientos de los comunes son tres hechos que parecen distantes pero que no son tan distintos. La crisis de valores económica y social está llevando a buscar salidas diferentes según el entorno.

Por un lado, en Cataluña mucha gente piensa que una independencia puede dar mayor nivel de vida a sus habitantes, algo que está por demostrar. Por otro lado, los ayuntamientos de los comunes ya han demostrado que se puede gestionar en favor de la población y con recursos escasos. Recordemos que además de estar muy endeudados por las políticas previas de PP y PSOE, se encuentran intervenidos por las leyes de Montoro. En esta situación es tan difícil demostrar una buena gestión, que haberlo hecho es un éxito sin precedentes en la democracia española. La transparencia no sólo permite un control de la actividad política en las instituciones, sino que es fundamental para garantizar una gestión eficiente de los recursos públicos.

La regla de gasto está vigente desde 2012.  Impide a todas las administraciones aumentar su presupuesto anual, con respecto al año anterior, por encima de la cifra de crecimiento económico medio de España que se estime. Es una norma estúpida, ya que premia el despilfarro. Una ciudad que no haya ahorrado nada, al año siguiente puede gastar lo mismo más el porcentaje permitido (2,1 % para 2017). Otra ciudad que haya ahorrado un año, sólo podrá presupuestar al siguiente lo que gastó más el porcentaje, es decir, ya nunca podrá volver al gasto previo aunque tenga las cuentas saneadas.

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El valor del miedo

El miedo te aprisiona y te deja en el lugar más vulnerable. El miedo es como un espejo de humo en el que no queremos mirarnos. El miedo es, simplemente, el sitio donde algunos te colocan para ser ellos muchos más valientes, más hombres, más todo. Pero el miedo tiene un valor incalculable, es silencioso, pero se agranda conforme el dolor es mayor y la incomprensión alcanza ese espacio opresivo donde una mujer es violada y agredida. Nadie sabe cómo responder ante el miedo: el miedo a perder una vida, el miedo a perderse a una misma, el miedo a ser humillada y violada, el miedo a no saber si seguir o dejarte morir.

Pero el miedo tiene un valor incalculable, porque te hace sabia, porque en ese instante de gran dolor solo debes protegerte a ti, en ese preciso instante donde el mundo se agrieta y tú no ves la grieta porque jamás la provocaste, solo debes protegerte a ti. Aunque luego el mundo te juzgue desde su miedo cobarde, tú habrás sido la más valiente, porque no gritaste ni insultaste, porque el miedo era tan intenso que supiste que solo ese valor que da el miedo más terrible podía salvarte. Salvar tu vida. En ese preciso instante, lo sé, tu intimidad estaba rota, pero sigues avanzando, nombrándote, queriéndote y dejando que te queramos, aunque la justicia de los hombres jamás sabrá sobre el valor del miedo. De nuestro miedo.

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