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ARAGÓN

Ochocientos mil euros, baby

Es algo sabido que las grandes películas suelen tener su segunda parte, lo que ahora, de manera cursi, llaman secuela. La oposición del Ayuntamiento de Zaragoza, que en 2015 rodó el éxito empresarial One million euros, baby, para evitar que las grandes empresas tributaran de manera más ajustada a sus ingresos, culmina estos días el rodaje de la segunda parte, Ochocientos mil euros, baby, por la que se pretende destinar esa cantidad de dinero a una empresa privada sin ningún tipo de concurso, condición u objetivo claros. 

Una saga con marcado acento neoliberal cuyo único propósito es hacerle el caldo gordo a los poderosos. Algo a lo que nos tiene muy acostumbrados el PP, atento siempre a pagar con el dinero de todos por autopistas sin coches, depósitos de gas que nada depositan o aeropuertos sin aviones, pero que no debiera estar en la práctica política de una organización que se llama de izquierdas, como es el PSOE. 

Conste que desde niño soy seguidor del Real Zaragoza, que fui socio cuando mi padre lo era, que iba a La Romareda todos los domingos de partido, y que a veces me cogía verdaderos chotos cuando el equipo perdía.  Pero ello no impide que me parezca completamente inadecuado dedicar dinero público a una empresa privada en estas condiciones.  Sobre todo cuando los sueldos de los trabajadores de esa empresa resultan escandalosos en comparación con el que perciben la mayoría de los trabajadores y trabajadoras de este país. Claro que no es una cuestión particular del Zaragoza, sino de un mundo del fútbol disparatado, enloquecido y, en muchas ocasiones, más allá de la legalidad.  Pero, en todo caso, destinar dinero público a una entidad de estas características no parece razonable.

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Los reyes de la cabalgata

En estas “entrañables fechas” se repiten cíclicamente comportamientos humanos y sociales. Unos personajes, los de siempre, intentan apropiarse de las celebraciones atribuyéndoles consideraciones religiosas como si se tratara de un dogma al que debemos estar sujetos todos los habitantes del país, creyentes y no creyentes, crédulos e incrédulos.

Así las corrientes que no contemplan la religiosidad de las celebraciones y festejos de las vacaciones de fin de año son sistemáticamente maltratadas e insultadas como si - por no tragarse la llegada del niño - tuvieran  que ser privados de derechos laborales.

La tarde/noche del día 5 de enero se ha consolidado una fórmula comercial que favorece a determinados comerciantes que impulsan a las masas a gastar lo que no tienen en los regalos de la noche de Reyes. El consumo es convenientemente incentivado por las cabalgatas patrocinadas con los caramelos de entidades bancarias y reforzadas publicitariamente por conocidos centros comerciales.

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Cuando los reyes eran los padres

“La gente -escribía Tolstoi en Confesión- vive como vive todo el mundo, y todo el mundo vive basándose en principios que no solo no tienen nada que ver con la fe, sino que, las más de las veces, se oponen a ella. La fe no participa en la vida, no regula en modo alguno nuestras relaciones con los demás, ni es preciso que la confirmemos en nuestra propia vida; la fe se profesa en algún lugar lejos de la vida e independientemente de ella. Si nos topamos con la fe, será solo un fenómeno externo”.

Me gusta releer este párrafo, porque de alguna forma todo, en nuestras vidas, está formulado por procesos externos que se dibujan alrededor nuestro, sin que nosotros seamos capaces de saber por qué han sucedido. Cuando tenía cuatro años, la noche entre el cinco y el seis de enero, mi hermana, dos años mayor que yo, me susurró: “Ángela, despierta; te voy a enseñar algo”. Yo le hice caso, era mi hermana mayor y siempre le hacía y hago caso. Me ayudó a ponerme la bata y con un inmenso cariño cogió mi pequeña mano y me condujo hasta el comedor de la casa, donde, a través de la puerta entreabierta, vimos cómo mis padres depositaban regalos sobre el sillón, en el suelo y alrededor del pequeño árbol.

Yo no dije nada, miré y no dije nada y ella, con los ojos muy abiertos y muy seria, me dio: “Ángela, los reyes son los padres”. Era evidente que era así, pero yo tenia cuatro años y no dije nada. Creo que le sonreí desde mi inmensa timidez y me volví a sumergir en mis sueños de niña de cuatro años, soñando en los reyes que estaban a punto de llegar y que iban a traerme aquel pequeño teatro con el que aprendí a desdibujar la vida cuando esta dejaba de gustarme. La fe es una necesidad que regula nuestra relación con nosotros mismos y que poco o nada tiene que ver con la bondad, la hermosura o la paz, sino mas bien con un combate del que no queremos salir perdiendo y que se llama vida, y del que con salir airosos, a veces, hasta nos conformamos.

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Disculpen las fechas, pero nos están asesinando y sigue sin ser una prioridad política

Denunciamos la puesta en marcha de un Pacto de Estado contra la Violencia Machista que nació con falta de compromiso y vacío de muchas medidas y que, además, llega tarde y mal para algunas de nosotras.

Llega tarde porque, según la propia Proposición No de Ley que dio luz a este Pacto, debería llevar un mes puesto en marcha desde su aprobación (recordemos que fue aprobado el 28 de septiembre de 2017) y llega mal porque no hay resultados, nos siguen agrediendo, nos siguen asesinando.

Ayer, precisamente, el Gobierno quería hacerse la gran foto del Pacto contra la Violencia Machista, pero el acuerdo se alcanzó en verano y ni una de las 213 medidas que contemplan se han puesto en marcha. Una foto ridícula y vacía de legitimidad, una foto vergonzosa.

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Montar el belén

Desde que una parte de la sociedad ha tomado conciencia de que vivimos en un Estado aconfesional (artículo 16.3 de la Constitución), todos los años se arma el Belén, precisamente por los belenes que se montan en locales que son de titularidad pública, es decir, laicos.

Hay ayuntamientos que aún no se han enterado que son instituciones públicas del Estado y, por tanto, aconfesionales, por lo que no deben tomar decisiones a favor de una determinada religión por mucha tradición secular que las avale. El Ayuntamiento de Zaragoza, a pesar de estar presidido por Pedro Santisteve, de Zaragoza en Común e investido como alcalde de la ciudad con el apoyo de PSOE y CHA, ha montado un belén municipal como venía siendo tradición. Con estas decisiones, poco o nada se avanzará en laicidad. Si quienes deberían respetar la aconfesionalidad constitucional no lo hacen, y, para colmo, se doblegan a las exigencias de una Tradición religiosa que aniquila la pluralidad de la sociedad, lo tenemos crudo.

A la mayoría de las familias les gusta seguir la tradición de montar un belén en sus casas. Se lo pide su sentimiento religioso. Tal decisión pertenece a la privacidad confesional y no afecta para nada al respeto que se debe a los demás en este ámbito de las creencias plurales y diferentes, por lo que tal conducta nos merece el respeto mientras se mantenga en la esfera de la intimidad del salón de la casa.

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La alegría del monasterio

Es un pueblo pequeño de la provincia de Huesca, en Aragón casi todos los pueblos son de tamaño reducido, pequeños, despoblados. Uno de los problemas que padece nuestra tierra es la huida constante de sus gentes hacia lugares mejor tratados. Pero ese es otro asunto.

Pues bien, Villanueva de Sigena ha pasado a primerísimo plano de la actualidad nacional, ahora existe, o al menos ha dejado de ser un lugar anónimo.

Para no ser excesivamente latoso, vamos a resumir la trama.

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Soy tu regalo de Navidad

Estoy un poco asustado. Hace ya dos días que llegué aquí. Vivo en una caja de cristal. No estoy con mis hermanos. Comienzo a creer que no veré más a mi madre. Sí, soy el perro que comprarás a plazos. Sí, siento y sufro. Sí, puedes llamarme Pipo.

Esta historia triste se repite a diario y parece que en épocas de vacaciones y compras la vida de un animal sigue siendo una opción cuando se trata de premiar buenos resultados en el colegio o de agradar a alguien con un regalo tierno.

Sin embargo, estos regalos tiernos crecen, comen, manchan, viven, tienen gastos veterinarios y necesidades como todos nosotros. Estos regalos vivos son seres sintientes cuyos padres son meras máquinas desechables, ellas son máquinas de parir, ellos son máquinas de fecundar, los cachorros son productos a ojos de demasiadas personas que se lucran, demasiadas personas que compran, y demasiadas personas indiferentes.

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Aragón y Sijena, el cuento de una traición

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Camión con los bienes retornados de Sijena

Ayer escribía en un tuit: “Me hubiera gustado que los bienes de Sijena hubieran vuelto a Aragón lejos de tanta confrontación e intereses políticos de unos y otros; quizá ahora el Partido Popular devuelva todos esos bienes que de Aragón andan por España”.

Alguien podría decirme: “Ángela, la situación jurídica del resto de los bienes no es la misma”. Respondí: “Lo sé. ¿Y si lo hubiera sido, habría habido voluntad política?, ¿se habría dejado sin recurrir la sentencia, tal y como ha hecho el Partido Popular con la de los bienes de Sijena?”.

Sigo pensando que ojalá los bienes hubieran llegado lejos de tanta confrontación, enmarcado, como está siendo su regreso, en una bronca campaña electoral que ha convertido a los bienes en la cara y cruz de una misma moneda: quien expolió se considera expoliado y quien jamás escuchó ni atendió una sola de las reivindicaciones de Aragón busca hoy titulares a costa de los bienes de Sijena.

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¿Para cuándo NOSOTRAS en la Constitución Española?

Si afirmo que la Constitución española es de todo menos feminista no creo que descubra nada nuevo. No se iba a librar en este país, precisamente, la Carta Magna. Supongo que, a estas alturas, a nadie se le escapa que la ausencia de reconocimiento de los derechos de las mujeres en el 78 no obedeció a simple despiste. Había que sujetar a toda costa un modelo de sociedad patriarcal y ¡vaya si hicieron buen trabajo!

Las mujeres habíamos luchado y sufrido junto a los hombres durante décadas contra la dictadura, la tiranía y el fascismo español pero a la hora de participar en ese momento tan definitivo de la historia de España pasaron de nosotras.

En las Cortes Constituyentes de 700 parlamentarios sólo hubo 27 mujeres: 21 diputadas y seis senadoras . Es importante matizar que, además, ni una sola mujer participó en la ponencia que redactó el proyecto original. Una Constitución sin madres, y con siete padres fundadores [1].

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El sida y nosotros

Cuando en la década de los ochenta nos enfrentamos a las primeras noticias relacionadas con personas portadoras del VIH, personas con sida, lo primero que se instaló en la sociedad fue el miedo, pero se trataba de un miedo parcial, porque pronto esta enfermedad se relacionó casi de forma exclusiva con homosexuales y con personas adictas a la heroína, así que la enfermedad fue entendida por una parte amplia de la sociedad como un castigo casi divino con el que se perseguía a los maleantes -así han sido considerados los homosexuales en nuestro país durante décadas y décadas- y se castigaba a los adictos, a los débiles, a los que cabalgaban por las arterias de la ciudad buscando ese polvo que les hace reyes de una vida imposible.

El sida llegaba para matar y pronto lo vimos en amigos a los que dijimos adiós en noches heladas donde las lágrimas tapaban la vergüenza, porque ese amigo no había muerto de sida, no podíamos pronunciar la palabra sida por respeto a esa madre y a ese padre que sabían que su hijo vagaría por el infierno, mientras ellos soportaban la mirada de vecinos, de amigos que les acusaban por dejar que su hijo fuera homosexual o heroinómano. Entonces nadie hablaba de la serofobia, nadie le había puesto nombre a la forma en que la sociedad trataba y maltrataba a las personas que tenían sida. No había que besarlos, ni hablarles y si algunos hubieran podido les habrían escupido, arañado. Luego, casi al tiempo, supimos que el sida también afectaba a los heterosexuales, pero aún así seguía la constante de que quien se acuesta con un drogadicto sabe a lo que se expone y eso lo tuvimos que escuchar en tantas ocasiones que acabamos tapándonos de tantas palabras que nos escondimos en las cunetas de nuestra propia y silenciosa revolución.

El sida ha tenido a su alrededor componentes claramente ideológicos y religiosos y por eso ha sido una enfermedad tan maltratada; son muy pocas las personas que admiten en su entorno tener el virus por miedo al rechazo y se quedan viviendo en la ansiedad, la angustia y la depresión de saberse aisladas. Parece mentira que después de tantos años se tenga que insistir en que las vías de transmisión del virus son tres: a través de la sangre, la vía sexual o la materno infantil (durante el embarazo, parto o lactancia). Y si todos conocemos las vías de transmisión ¿por qué ese miedo irracional a estar con una persona seropositiva? ¿Por qué rechazamos a una pareja por su estado serológico? ¿Por qué asumimos que la persona seropositiva debe llevar la carga de contar su estado a todo el mundo? La serofobia es discriminación, genera dolor e incomprensión para quien la padece, que en ocasiones son niños. No deberíamos apartar a alguien de nuestro lado por su seroestatus, como tampoco podemos exigir que la persona con el virus tenga que contárnoslo. Y si no lo hace es porque el sida sigue siendo tabú: la cultura popular así lo ha concebido y muy pocos quieren atender y escuchar las verdades científicas.

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