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ARAGÓN

Momento C

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¿Y ahora? ¿Y ahora qué en España? Decía Naomi Klein en su Doctrina del Shock que el neoliberalismo encuentra “oportunidades fantásticas” allí donde los demás no pueden dejar de sufrir los efectos de una catástrofe que los paraliza. ¿Por qué no convertir nosotros también amenazas en oportunidades?

La puesta en marcha por parte de los poderes autonómicos catalanes de un proceso conducente a la secesión y a la creación de la República Catalana ha hecho estallar una profunda crisis política en el estado. Y ello sucede con el sumidero de la corrupción tragándose toda la legitimidad que tenían los partidos políticos del régimen de la Constitución de 1978. La gente corriente, la que apenas ha acabado de asimilar la crisis social y económica, se encuentra ahora con que hay una crisis política sin precedentes, con que su pueblo está roto.

Es una tautología decir que el proceso catalán es una amenaza de muerte para el régimen político transado en el texto de la C.78. Pero los mismos partidos que agitan ahora como sagrados los artículos que les interesan son los que la hirieron gravemente con la reforma del art. 135 en el verano de 2011.

Ahora mismo, el estado español está luchando por no mostrarse como un estado fallido incapaz de impedir lo que está pasando. Porque un estado fallido es un estado en disolución. Y donde un estado se disuelve, queda anulado el pacto político y es la oportunidad para uno nuevo, para un Proceso Constituyente: para un Momento C.

Están en el aire los dos contratos que construyen nuestra comunidad: está en el aire el contrato social que crea la identidad del pueblo y articula sus relaciones socio­económicas y está en el aire el contrato político que regula esas relaciones y crea el estado con el que el pueblo se da las herramientas para la acción colectiva.

Sí, ya se está haciendo un nuevo contrato social: nos lo están haciendo en sede europea los negociadores del TTIP y el TISA, tratados mal llamados comerciales que ocultan la definitiva entrega de la soberanía a los mercados financieros y a las grandes corporaciones transnacionales. Sí, habrá un nuevo contrato político en España: como no lo pueden evitar, intentarán hacerlo los de siempre. Dejar el mando de este proceso constituyente, o reconstituyente o como lo queramos llamar, a PP­PSOE­C’s sería asegurar el cierre en falso del actual momento de crisis o, peor aún, blindar para toda una generación un nuevo pacto social y político cortados según el patrón que nos impongan los amos del dinero, los futuros amos de las vidas.

Nadie se llame a engaño creyendo que ahora mismo no se está reformando ya la C.78. Se está reformando por la vía de las directivas europeas y por la vía de anular o no aplicar el contenido que no resulte útil a los mercados. Del antiguo y manifiesto absolutismo monárquico creímos pasar a la soberanía del pueblo, pero sólo era una época previa al inapelable (por difuso) absolutismo financiero.

Es imprescindible que todo el éxito político en estas elecciones lo consigan las fuerzas políticas que están libres del dominio de los poderes financieros “deconstituyentes”. Es imprescindible para que puedan ser elemento clave de control, impulso o bloqueo en el nuevo pacto político que se ha de formular; para que este pacto sea como queremos y para cuando necesitamos que sea.

Es necesario que todas las candidaturas que sinceramente se asienten en el pueblo actúen con la vista puesta en el inminente Proceso Constituyente. Sin embargo, dado (como diría un activista de los de toda la vida) que la actual correlación de fuerzas no hace posible previamente la destitución del régimen, en este Momento C habrá que amoldarse a la proclamación de la necesidad de una profunda Reforma Constitucional.

Nosotros, el pueblo, tenemos que asegurarnos una Reforma Constitucional articulada en torno a la defensa de la efectiva soberanía de las personas; en torno al reconocimiento de los derechos sociales y colectivos con las mismas garantías que los derechos civiles y políticos, y, finalmente, en torno a una nueva división de poderes que exija la separación entre poder político y poderes fácticos como es el financiero y que refuerce los poderes de control judicial y popular sobre la acción legislativa y ejecutiva del estado.

Incluyámoslo con claridad en los programas y los discursos. Propongamos con tranquilidad en el pensamiento y palabra vehemente un nuevo pacto social y político para volver a asentar nuestra convivencia. El Momento C es ahora. 

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