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ARAGÓN

Octubre

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No deja de tener ironía el hecho de que un 28 de octubre pareció iniciarse un ciclo, que se ha cerrado un 29 de octubre. El ciclo del auge y la decadencia del PSOE. Desde luego, no soy la primera persona que hace referencia a esa coincidencia de fechas. Supongo que es normal que  quienes tenemos unos años establezcamos esa conexión mental.

El 28 de octubre de 1982 yo aún no tenía derecho a voto. Me faltaban unos meses para la mayoría de edad. Quiero aclarar que si yo hubiera podido votar, no habría votado al PSOE. La verdad, es que mis preferencias se decantaban por el partido que había capitaneado la lucha contra el franquismo. No obstante, y a pesar del amargo resultado del partido al que yo habría votado (el PCE), no pude sustraerme a la emoción de ver a Felipe González y Alfonso Guerra saludando tras el indudable éxito obtenido. Yo también pensé que el cambio de ciclo era una realidad. Y, ciertamente, comenzaban a gobernar otros que no eran herederos del franquismo.

Lo triste es que el paso de los años nos demostró que esa fuerza supuestamente transformadora no lo era tanto. Aunque sí conseguían el respaldo de muchas personas que confiaban en su capacidad transformadora. Muchas personas que militaban, simpatizaban o simplemente votaban al PSOE.

No soy tan ingenua, está claro que gobernar, muchas veces, significa resituarse en muchas cuestiones. Porque, una vez al frente del timón hace falta consensuar, organizar y contextualizar, y quizá aplazar cuestiones. Pero, una cosa es matizar o incluso evolucionar hacia posturas distintas en una determinada situación, y otra cosa es lo que sucedió en los años 80 y 90 con el partido socialista en el gobierno de España. La desfachatez con la que Felipe González encabezó esa evolución fue inaudita. Empezó cambiando el NO a la OTAN por un referéndum para el que pidió el SÍ. Continuó con unas reformas laborales inaceptables, y que le llevaron a afrontar una gran huelga general. Y se movieron con absoluta naturalidad en las cloacas del Estado: Vera, Barrionuevo, Roldán, Amedo y Domínguez,....

Con el paso del tiempo, la desilusión fue resituando a muchos votantes y llevó también a un fuerte abstencionismo. Pero el reparto provincial de los escaños al congreso y senado hace muy difícil salir del bipartidismo, que tan confortable ha resultado al PSOE. Fuera del ámbito estatal, lo cierto es que este partido, en muchas comunidades, sobre todo en las que había multipartidismo, caso de Aragón, por ejemplo, sí se ha acostumbrado a tener que compartir gobierno. Pero también hemos visto que, si ha podido elegir entre pactar con la derecha o con su izquierda, siempre ha elegido derecha. Solo ha pactado con su izquierda cuando no le ha quedado más remedio. En Aragón la cosa está meridianamente clara. En el Ayuntamiento de Zaragoza Belloch pactó con CHA (no le quedó otra) en la misma legislatura donde para el gobierno de Aragón Marcelino Iglesias eligió PAR, a pesar de que en las Cortes de Aragón los números le daban para haber optado por CHA.

A lo largo de todos estos años los medios de comunicación afines al aparato del PSOE, a través de su línea editorial, han justificado todas sus decisiones y han apostado por descalificar, ridiculizar, minimizar y desprestigiar a quien estaba más a su izquierda: IU, CHA, Podemos,... Y, desde luego, han vendido que no apoyar al PSOE era facilitar gobiernos de la derecha. También está claro que el aparato del PSOE se ha movido de acuerdo a unos intereses que ni su militancia ni sus votantes compartían. ¡Cuántos militantes y votantes del PSOE se habrán sentido vinculados a él por la nostalgia o incluso el romanticismo de que representaba un partido centenario que había sido crucial en la República! ¡Cuántos verían en él al partido de su padre, de su madre o de sus abuelos que murieron en la guerra o la posguerra por militar en él o haber sido alcaldes bajo sus siglas!

Sin embargo, hasta la promulgación de la Ley de la Memoria Histórica el PSOE nunca llevó a cabo una política clara de reivindicación de las víctimas de la represión. Y, en el caso de esta ley, ni siquiera la dotó económicamente para que se pudiera hacer algo verdaderamente serio.

Por desgracia, las siglas PSOE han acabado siendo usadas como un símbolo por dirigentes que solo quieren mantener una estructura sin importarles cómo.

Si ya nos situamos en la actualidad, este 29 de octubre de 2016 ha tenido que ser un día muy amargo para esas personas que militan en el PSOE con la convicción de que es un instrumento útil para cambiar la sociedad y para poder llevar a cabo políticas más justas. Pienso en tantos representantes de ayuntamientos, que dan la cara por su partido cada día intentando hacer políticas diferentes en sus pueblos, que seguramente se sentirán avergonzados de la deriva de su partido.

Lo cierto es que no me he llevado a engaño, yo suponía que el aparato del PSOE antepondría su estrategia de supervivencia. Todos los aparatos de cualquier tipo de organización humana tienden a reproducirse y a mantenerse. Eso ha hecho que prefieran dar su abstención a Rajoy, que encarar unas nuevas elecciones donde temían un mayor retroceso electoral. Sin embargo, no puedo sentir más que tristeza pensando en todas las personas que pertenecen a ese partido y se sienten implicadas en él. Cada acto de esta tragedia ha sido más lamentable y vergonzoso que el anterior. La reaparición estelar de Felipe González para poner las cosas en su sitio, demostrando, de algún modo cuál es la verdadera cadena de mando del partido; el cameo de seres del pasado, como Rodríguez Ibarra, con su “sugerencia” de romper con el PSC; barones y baronesa territoriales que iban a la destrucción de su Secretario General; espectáculos vergonzosos, como la de esa enviada de Susana Díaz diciendo que era la máxima autoridad del PSOE, o el de la Ejecutiva del 1 de octubre, que pareció una ejecución incruenta; y finalmente, el desenlace, la abstención generalizada ordenada por la gestora, que parecía querer humillar a quienes propugnaban mantener el NO.

Durante este tiempo he oído a algún dirigente del PSOE decir que faltaban líderes, que un verdadero líder es aquel, como Felipe González, que era capaz de pasar de una posición a su contraria y convencer, como pasó con la OTAN. O sea, vender como una virtud lo que es mera desfachatez. Planteamiento similar que oí en la intervención de Antonio Hernando (uno de los adalides del “NO es NO” antes de la defenestración de Pedro Sánchez) cuando decía que, por responsabilidad, el PSOE tuvo que desdecirse de la promesa de salir de la OTAN o que su paso del NO a la abstención era un ejercicio de responsabilidad. Han facilitado la investidura (encima gratis, sin ningún compromiso) del jefe de un partido que está acusado en la Gürtel (y lo que puede venir), que es el mismo que dio su apoyo a Bárcenas o encabezó la política de recortes más dura que podamos imaginar, eso sí, salvando entre todos a los bancos.

Lamentablemente, el espectáculo aún no ha terminado. Ahora vemos a un personaje como Lambán que parece querer ganar puntos con las verdaderas “autoridades” (en la luz o en la sombra) del PSOE, que dice a Pedro Sánchez que se calle, o a los que votaron NO a Rajoy, que dimitan. Sin comentarios. Es evidente que el folletín aún no ha terminado. Y, desgraciadamente, nos vamos a encontrar en los meses venideros con que, con un país machacado por los recortes, en manos de un capitalismo de amiguetes auspiciado especialmente por el gobierno del PP, no es el PP el que está pagando los platos rotos. Y no los paga, en primer lugar, porque, aunque no lo puedo entender, muchos millones le han votado, y, en segundo lugar, porque, de momento, ya se ha hecho con la presidencia. El que se hunde y se desgarra es el PSOE. Y es terrible, por todas las personas que confiaron en él, y por todo el país. Ya que, aún no confiando en la voluntad transformadora de quienes mandan en el PSOE, está claro que un cambio real, una posibilidad de que el poder deje de estar en manos de las oligarquías de siempre, no puede darse sin el PSOE. Con los resultados en la mano, con una mayoría de votantes que se consideran de izquierda en este país, necesitamos todos los actores que se alinean en ese eje para conseguir verdadera democracia y justicia social.

El sueño comenzó un 28 de octubre, la pesadilla continúa un 29 de octubre.

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