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ARAGÓN

La Tierra en nuestras manos

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Comienza el combate electoral y todos los partidos saltamos al ring para pelear por lo que creemos que es mejor para el país y la ciudadanía. En el caso de Podemos, nuestro proyecto de futuro para la próxima década es un plan serio, elaborado con la colaboración de cientos de especialistas que han participado en la creación de nuestro programa. Un programa riguroso, contrastado, porque en Podemos no apostamos ni prometemos: en Podemos garantizamos. Nuestro programa es un contrato con la ciudadanía. Un programa con los pies en la tierra.

Y señalo la Tierra porque esta va a ser nuestra principal baza, más aún en zonas rurales como la nuestra. Estos días se celebra la Cumbre de París sobre Cambio Climático. Mientras algunos la miran con resignación y la conciben solo como un generador de multas e impuestos, nosotros sabemos que la ecología es el motor del futuro. Mantenernos en equilibrio con el medio es una exigencia para nuestra supervivencia. La Tierra puede estar sin nosotros, nosotros sin ella, no.

La sociedad se muestra preocupada por el mundo en el que vive y por la herencia medio ambiental que dejará a las futuras generaciones. No hay mejor muestra de ello que ver cómo ha cambiado el discurso de Mariano Rajoy desde 2007 (“el cambio climático tampoco lo podemos convertir en el gran problema mundial”) hasta ahora (“Hay que apostar por una respuesta global y ambiciosa [contra el cambio climático]”). Pero, oh, casualidad, nos encontramos en campaña. ¿Pretenderá hacernos creer que esta profunda convicción que no se ha visto reflejada en ninguna medida concreta durante los largos, muy largos, ocho años que lleva al frente del ejecutivo? ¿Se manifestará en algún tipo de realidad si renueva su mandato? Y no tiene nada que ver con decirle a la gente lo que quiere oír (populismo me parece que lo llaman).

Lo curioso de todo esto es que, ante una sociedad cada vez más preocupada y que asume en su totalidad los costes derivados de la contaminación en general y de las emisiones de gases de efecto invernadero en particular, las acciones políticas brillan por su apariencia. Porque estar, están (hemos cumplido con la primera fase del protocolo de Kioto), pero solo de fachada (hemos cumplido gracias a gastar 812 millones de euros en la compra de derechos de emisión). En resumen, contaminación para todos, derechos de emisión comprados con el dinero de todos y ¿a quienes encontramos como los principales generadores de CO2? A las eléctricas, ¡qué sorpresa! En el afán de algunos políticos por complacerlas hemos llegado a multar el autoconsumo en España.

Vivimos en un sistema con las manos largas, muy largas, pero, si de algo no se ha apropiado todavía el neoliberalismo , lo único que le queda por privatizar, es el medio ambiente. Pero no por benevolencia o justicia, ni tan siquiera por sentido común, sino por su afán socializador… de los costes. Unos costes medio ambientales que sufrimos todos pero de cuya generación se benefician solo unos pocos.

Hasta la fecha no ha habido una preocupación política, no ha habido un compromiso que vaya más allá de la foto buscando el voto. Hasta la fecha, el compadreo entre las empresas generadoras de energía eléctrica y el Gobierno ha sido absoluto.

Hasta la fecha, porque a partir del 20D ponemos en marcha nuestro Plan Nacional de Transición Energética en el que la Tierra y el medio ambiente no suponen un problema, ni tasas, ni multas, sino que representan nuestro futuro. El cambio de modelo energético es la palanca de cambio para transformar aspectos fundamentales de nuestro modelo socioeconómico. Ahorro y eficiencia, mediante la rehabilitación de 200.000 viviendas al año que supondrá una reducción de hasta el 80 % de la demanda de energía de las viviendas rehabilitadas. Soberanía y empleo, con el impulso de energías renovables, potenciales generadoras de 300.000 puestos de trabajo el primer año. Innovación y desarrollo para un territorio vertebrado y con futuro, con una diversificación industrial de alto valor añadido basada en el desarrollo de las pymes, y agrupada en torno a polos de conocimiento y desarrollo económico localizados en diferentes regiones del Estado. Algo que ya hacen países de nuestro entorno como Francia, Alemania y Reino Unido, y como ya propusimos en nuestro programa autonómico como plan de desarrollo sostenible de las comarcas mineras de Teruel basado en energías renovables.

El 20 D no decidimos solamente la próxima legislatura, los próximos 4 años. El 20 D decidiremos qué proyecto de país queremos. Decidiremos la próxima década.

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