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ARAGÓN

Ni feliz ni pesimista (otra lectura sobre el 26 J)

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No, no crean que vaya a salir diciendo que no es para tanto, que lo hicimos bien. Tampoco voy a decir aquello de “este país no tiene arreglo”, ni le voy a echar la culpa al Brexit, ni a las televisiones, ni al fútbol.

No conseguimos el objetivo y hay que asumir el resultado. Hay que sacar conclusiones, hay que ver lo que hemos hecho mal y hay que aprender de los errores.

Eso necesitamos, un análisis serio, hablar y valorar con la gente y las organizaciones, necesitamos análisis y valoración colectiva. Necesitamos un poco más de tiempo para ello. Pero quiero aportar al debate.

Veo, y siento, una evidencia. Desánimo y Pesimismo. Creo que ello es debido a que hemos hecho una campaña basada en lo emotivo, en las sensaciones y en las ilusiones y,… claro, cuando no sale el resultado esperado se cae en la tristeza y la desilusión. La emotividad es la capacidad que tenemos de producir y vivir emociones que no son otra cosa que alteraciones en el ánimo. La emoción puede ser intensa, pasajera, agradable, penosa,…..

Se decidió hacer una campaña, creo que motivada por las encuestas, basada en la emotividad. Sonrisas, corazones, ilusión, esperanza,… Claro el resultado produce frustración, de ahí al pesimismo hay tan solo un paso y, dado éste, la derrota final es inevitable. Éste, a mi juicio, ha sido un error. No podemos basar la alternativa y la construcción de Un Nuevo País a base de emociones. Creo, y espero que lo aprendamos para ese futuro inmediato por el que hay que seguir peleando, que la alternativa se construye desde un programa claro, es verdad que lo teníamos y tenemos, pero no se basó suficientemente en él la campaña.

Otro error, seguramente inducido por la emotividad que reforzaban las encuestas, fue creer que basta una coalición electoral para derrotar al sistema. Al sistema se le derrota con organización, con información, con mucha pedagogía y con movilización. El sistema es muy fuerte, es un enemigo experimentado y, además de que hay que ganar en las urnas, hay que ganarle en las calles y plazas, hay que ganarle social y políticamente. Esta parte hay que construirla. No ha habido tiempo de trabar bien esta alianza social, política y ciudadana en apenas dos meses. Es un trabajo que tenemos por delante. Hay que hacerlo porque la coalición, la confluencia es la única posibilidad que tenemos de cambiar las cosas. Y ahí, para construir bien esta alianza, sobran las culpas de unos a otros, sobra el cainismo, sobran los egos y sobra la pureza del RH de las siglas.

Ahora hay que seguir. Lo primero que hay que hacer es poner a trabajar a los/as 71 diputados/as que Unidos Podemos tiene. Es la primera vez, en la democracia reciente, que hay 71 escaños claros a la izquierda del PSOE. Hay más de 71 si contamos a las fuerzas nacionalistas de izquierda. Este es el primer dato que tenemos que enfrentar a la desilusión. La coalición, en dos meses, ha llevado 71 escaños nuestros, de la gente, al Congreso. Hemos perdido votantes, es verdad, es otra de las conclusiones. Hay que recuperar esas personas que esta vez, seguramente por errores nuestros, no han votado a la izquierda.

Hay que superar el pesimismo. Si caemos en él nos habrán vencido, habrá ganado el sistema, y no estamos muertos ni enterrados, ni mucho menos, ni por mucho que lo digan tertulianos y politólogos de moda.

El PP, diga lo que digan D. Mariano y los suyos, no ha ganado nada. Es verdad que ha sido el más votado, pero si hacemos un poco de memoria, ¡cuánta memoria necesita este país¡, veremos que Rajoy llegó al Gobierno en 2011, con mayoría absoluta, 186 escaños (11 más que los necesarios para la mayoría absoluta), y el 44 % de los votos. Hoy está con el 33 % de los votos y con 137 escaños (39 por debajo de la mayoría absoluta). En 2011 el PSOE tuvo 110 escaños con el 28,7 % de los votos y ahora ha tenido 85 escaños con el 22,6 % del voto. Izquierda Plural en 2011 (no estaba Podemos) tuvo 11 escaños con el 6,92 % y ahora Unidos Podemos tiene 71 escaños con el 21,1 % de los votos.

En cuatro años, descuento el pasado 20 D que no acabó en gobierno, el bipartidismo está retrocediendo. Ojo, no está derrotado. Pero es evidente que retrocede y es, también evidente, que frente a ello se empieza a consolidar un bloque de la izquierda. No lo rompamos, démosle oportunidad de seguir trabajando para que, un día, sí se pueda conseguir lo que hoy unidos y unidas no hemos podido.

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