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ARAGÓN

Por los millones de refugiados y migrantes

La racanería en la asignación de recursos demuestra cuál es la prioridad de este Gobierno. Un Gobierno que ha sido incapaz de comprometerse con 100 millones de euros para el Fondo de ayuda contra la Malaria, el Sida y la Tuberculosis

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La ONU está celebrando estos días una cumbre temática sobre el principal problema humanitario que vive el planeta estos tiempos: la crisis de refugiados y migrantes. Se estima que hay más de 300 millones de personas desplazadas que huyen de la guerra, el hambre y el terrorismo. 300 millones de rostros que sufren la injusticia y a los que la comunidad internacional debemos dar una respuesta unificada, coordinada y contundente. Un mundo que avanza tecnológicamente, que descubre planetas y que es infinitamente mejor que el de hace un siglo no puede consentir que se esté viviendo la crisis migratoria más grave de los últimos 65 años. 

Espero que esta cumbre no se quede en una mera expectativa y de ahí salgan compromisos firmes y rotundos. Compromisos que acaben con acuerdos vergonzosos como el de la UE con Turquía, que consiente y permite tener hacinados a miles de refugiados sirios en campamentos insalubres, tratados como mercancía sin valor y humillados continuamente.

Hay que exigir a los responsables que se reúnen en la ONU estos días que vayan más allá de una mera declaración de intenciones. De momento, los 193 países miembros han firmado la Declaración de Nueva York, que puede ser un primer paso de compromiso con los refugiados, aunque las primeras impresiones son que no es un texto que obligue demasiado y que se queda en palabras bienintencionadas ya recogidas en la legislación de cada país.

Tengo interés por escuchar el último discurso de Obama en la ONU, cuál será su posición sobre la coordinación en la cooperación internacional. Obama, el hombre más poderoso del mundo y antepasado de negros migrantes, explotados y maltratados en otra época. Entidades como Oxfam o Human Rights Watch ya aseguran que esta cumbre se queda corta. Otros colectivos, como Unicef, sin rebajar su escepticismo, quieren pensar que es un primer paso importante. 

Precisamente Unicef acaba de presentar también un estudio relacionado con este asunto. Disponible en su web, su lectura es más que recomendable. Me refiero al  Estudio sobre el Sistema de Acogida de personas refugiadas en España desde la perspectiva de derechos de infancia en el que aborda la situación en España y también nos recuerda que hay 50 millones de niños que deambulan en pésimas condiciones y que merecen una sanidad y una educación allá dónde estén. Hace especial hincapié en la valla de Melilla y el problema de los menores.

Además de la reflexión sobre el papel que las grandes organizaciones internacionales deben ejercer, también podemos echar una mirada a España. La cooperación, en cuatro años de Gobierno del PP, ha caído a niveles de 1990. La ayuda internacional se contempla desde la perspectiva de la caridad, en lugar de considerarse una auténtica cuestión de Estado, de responsabilidad social y de obligación ética.

La racanería en la asignación de recursos demuestra cuál es la prioridad de este Gobierno. Un Gobierno que ha sido incapaz de comprometerse con 100 millones de euros para el Fondo de ayuda contra la Malaria, el Sida y la Tuberculosis, que recientemente ha reunido a más de 30 países en Canadá, entre ellos España.

Me temo que hemos hecho el ridículo como país, pero la opacidad del Gobierno nos impide confirmarlo. Por el momento. De hecho, hemos registrado en el Congreso una solicitud de comparecencia del secretario de Estado de Cooperación para que explique por qué no cumplimos con nuestra obligación como donantes y aportamos las cantidades que aportan países de nuestro entorno.

Estamos hablando de cantidades insignificantes para un presupuesto estatal y que contribuiría a medio plazo a salvar entre 30 y 70 millones de vidas. Porque sí, aunque algunos no lo quieran ver, enfermedades controladas aquí hasta el punto de hacerlas crónicas, siguen acabando con millones de vidas en otros lugares por la falta de medicamentos básicos. Ningún país democrático puede cargar con esa losa sobre su conciencia.

En cooperación hay que ser pioneros, como lo fue España de 2004 a 2011. Ser punta de lanza, vanguardia, liderar la agenda de un problema universal. Solo así, estoy segura, con conciencia global podemos entender mejor los problemas locales. 

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