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ARAGÓN

La vida como concepto político

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La relación entre vida y política sigue siendo hoy  en día el eje de todos los análisis filosóficos, políticos y económicos que giran en torno a la cuestión del biopoder  o la biopolítica. A pesar de la reflexión de Foucault, quien para pensar la resistencia otorgaba a la vida una dimensión política, lo cierto es que la política ha hecho por alejarse de la vida y ha decidido esconderse bajo todas esas razones jurídicas que en nombre de la “invasión de competencias” desarrollan una política alejada de la vida y en ocasiones contraria al ciudadano.  El otro día escribía en una red social, “cuando la educación, la cultura y el sentido común fueron sustituidos por las razones jurídicas, comenzó el caos”. Y así lo pienso y siento.

Todos sabemos y somos conscientes de que esta crisis, brutal y despiadada, deja tras de sí una sociedad infinitamente más temerosa, mucho más vulnerable, descreída en la clase política y paradójicamente esperanzada en las llamadas “nuevas políticas”, que construyen marcos lingüísticos donde moverse con cierta comodidad para hacernos creer que ese nuevo marco trae tras de sí la gran Revolución, que ya solo puede ser la gran Resistencia.

El pasado mes de noviembre, Chunta Aragonesista, que está al frente del departamento de Vertebración del Territorio, Movilidad y Vivienda del Gobierno de Aragón, desarrolló un Decreto-Ley de Vivienda que buscaba conseguir que la vida fuera ese concepto político tan anhelado. Este decreto partía de una premisa: “Las medidas que se contienen en esta norma tienen como único objetivo contrarrestar la situación de emergencia habitacional…”. Había que detener la sangría y en ese decreto se legislaba, entre otras cosas, sobre la imposibilidad de embargar las prestaciones económicas de carácter social, sobre las ayudas de apoyo a la integración familiar; sobre las ayudas de urgencia, sobre la garantía a una vivienda digna; sobre la necesidad de que los bancos cedieran sus pisos desocupados, provenientes de ejecuciones hipotecarias, al Gobierno de Aragón para dar respuesta a la emergencia habitacional.

Estas son algunas de las cosas que recoge este decreto, que básicamente busca favorecer la igualdad y hacer que palabras como “desfortuna” se inmolen de nuestro abecedario cotidiano. Pero la política, aquella que se ejerce desde el poder y que le niega a la vida su cuota, llegó y dijo NO y recurrió ante el Constitucional lo que la vida entiende como justo. El Partido Popular una vez más llegó para decir que a ¿quién se le había ocurrido intentar legislar sobre la imposibilidad de embargar las prestaciones económicas de carácter social?, que ¿qué era eso de suspender los lanzamientos en situación de especial vulnerabilidad? o ¿quién se creía Chunta Aragonesista para decirle a los bancos que tenían que ceder sus viviendas desocupadas? Y todo se detuvo.

Necesitamos, ahora más que nunca, interrogar al poder, sus dispositivos y prácticas, no desde la obediencia en la que nos han querido instalar, sino desde la libertad y desde nuestra capacidad de transformar aquello en lo que unos muchos han convertido el poder de la política.

 Necesitamos resistencia. Necesitamos manos. Necesitamos hombres y mujeres.

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