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ARAGÓN

Médicos al volante para atender a la envejecida población de los pequeños municipios

En la provincia de Teruel, una cuarta parte de los médicos de familia se jubilará en tres años y medio sin que exista respuesto, indican desde la Federación Aragonesa de Médicos Titulares 

“Todo lo que se queda fuera de Zaragoza corre el riesgo de tener serios problemas”, asegura Miguel Guiu, médico en el centro de salud de Caspe y vocal de atención primaria rural del Colegio de Médicos de la provincia

En las zonas más despobladas, los médicos de atención primaria dedican parte de su jornada laboral a conducir, para pasar consulta en pequeños municipios.

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Berrueco, una de las localidades del entorno de Used a la que los médicos se desplazan para pasar consulta.

Berrueco, una de las localidades del entorno de Used a la que los médicos se desplazan para pasar consulta. DPZ

Junto a la laguna de Gallocanta, en una de las comarcas más despobladas de la provincia de Zaragoza, se sitúan ocho pequeños municipios donde viven apenas 800 habitantes. Se trata de una región del Campo de Daroca ubicada a 1.000 metros de altura, a la que se accede por carreteras de montaña. Llevar hasta allí los servicios públicos supone un esfuerzo añadido por la orografía del paisaje.

Used es la localidad más grande de la zona con 288 vecinos. Allí se encuentra uno de los dos puntos de atención continuada que hay en la provincia, que cuenta con un médico de guardia los 365 días del año. Aunque el centro de salud de referencia en Daroca no está lejos, tan sólo a 21 kilómetros, la dificultad del territorio hace necesario este servicio para atender las urgencias sanitarias.

Por las mañanas, dos médicos recorren las carreteras para pasar consulta en estos pueblos. Los dos comienzan su recorrido en Used. Desde allí, uno se dirige a Cubel (189), Torralba de los Frailes (86) y Aldehuela del Tiestos (51). La otra ruta recorre Santed (66), Berrueco (37), Gallocanta (160) y Las Cuerlas (50). En invierno, el desplazamiento por estas carreteras de montaña se hace todavía más complicado, debido a las bajas temperaturas que se alcanzan en la zona. “Son carreteras malísimas que, en invierno, se llenan de hielo y nieve muchos días”, indica la alcaldesa de Used, Carmen Sánchez.

En cada una de estas localidades, hay un consultorio médico que mantiene el Ayuntamiento, que asume los costes de electricidad, agua, calefacción o Internet. El compromiso de estos pequeños municipios, con sus alcaldes a la cabeza, es garantizar una calidad de vida a sus vecinos y la atención sanitaria es clave, sobre todo tratándose de una población envejecida. Por ello, muestran su preocupación por la falta de profesionales que quieren trabajar en el medio rural y las jubilaciones de muchos de los médicos titulares.

Pueblo por pueblo hasta llegar al hospital

De esta forma, la asistencia sanitaria está cubierta, pero la situación se complica cuando los habitantes de esta comarca del Campo de Daroca tienen que asistir a una consulta de especialista. Para ir al pediatra tienen que bajar al centro de salud de Daroca y para hacerse una radiografía, una ecografía o una rehabilitación tienen que desplazarse hasta el hospital de Calatayud.

El problema radica en que muchos de estos habitantes son personas de edad avanzada, que tienen más dificultades a la hora de desplazarse. En estos casos, una ambulancia recoge a los pacientes de estos pueblos y los lleva al Hospital de Calatayud. “Pero no van directos, van pueblo por pueblo, de tal forma que a veces para una consulta de diez minutos están dos horas en la ambulancia”, añade la alcaldesa de Used, Carmen Sánchez. También para conocer los resultados de una analítica, tienen que esperar más tiempo. Las extracciones se hacen una vez al mes en Used y el ayuntamiento se encarga de bajar las muestras al Centro de Salud de Daroca, indica.

“Para cualquier cosa, te tienes que desplazar, de tal forma que las personas que optan por vivir en un municipio pequeño tienen una serie de carencias que van a suplir con tiempo y dinero”, afirma Sánchez, quien añade que a pesar de estas diferencias los habitantes pagan los mismos impuestos que los que viven en localidades más grandes. “No hay exención fiscal”, puntualiza.

En verano, muchos municipios aragoneses se ven obligados a compartir médico. En la comarca de Cariñena, prácticamente todos los municipios tienen un médico de atención primaria que pasa consulta todos los días. Pero curiosamente en periodo estival, cuando los pueblos aumentan su población, los médicos que hacen las sustituciones de verano tienen que cubrir varias localidades, como es el caso de Cosuenda y Paniza en la provincia de Zaragoza.

“No es todo el verano, solo durante las vacaciones del médico titular, pero es algo de lo que siempre nos hemos quejado porque coincide con los meses de más gente”, precisa el alcalde de Cosuenda, Óscar Lorente. Cada año a finales de junio, se reúne el Consejo de Salud de Cariñena, del que forman parte los alcaldes de la comarca, para explicar las singularidades de la época estival. Las dificultades para la contratación de personal durante el verano ha sido este año el primer punto del orden del día.

Los médicos pasan parte de su jornada laboral en el coche

En la provincia de Teruel, los médicos rurales que trabajan en las zonas con más dispersión de población pasan parte de su jornada laboral en el coche. En la zona de salud de Mas de las Matas, estos profesionales atienden nueve consultorios locales distribuidos em pequeños municipios.

“No es que tengamos mucha población, el problema es la dispersión y la población envejecida. Te pasas todo el día con el coche a cuestas yendo de un sitio a otro y siempre con tus medios, con tu coche”, apunta Jesús Rodrigo, que trabaja en el centro de salud de Calamocha. Allí los médicos rurales pasan también consulta en los 23 núcleos que componen esta zona de salud.

Además de pasar parte de la jornada laboral al volante y poner a disposición su propio vehículo, los médicos rurales se encuentran también con infraestructuras precarias para hacer su trabajo, aunque aseguran que ha mejorado mucho en los centros de salud de referencia. Allí disponen de todos los medios que necesitan con una conexión a internet de calidad, que facilita la telemedicina, esto es interconsultas con el médico de cabecera y los especialistas.

Sin embargo, el problema está en los pequeños consultorios locales, sobre todo en los más alejados de la localidad más grande. “Te desesperas hasta que se pone en marcha el ordenador o pones una receta electrónica, no hay una buena estructura de Internet para que funcione. Por ejemplo, Allueva está a 32 km de Calamocha y allí nos encontramos con unas dificultades tremendas”.

Falta de profesionales que quieren vivir en el medio rural

Pero, al margen de la dispersión de la población, el principal problema de la asistencia sanitaria en el medio rural es la falta de profesionales que quieren trabajar y vivir en los pueblos. A una distancia de 100 kilómetros de Zaragoza, no existe esta problemática porque los médicos recorren este trayecto a diario. Sin embargo, en las zonas de salud periféricas hay verdaderas dificultades con el actual sistema de bolsa. “La gente no quiere ir a Mosqueruela, que está a 170 kilómetros para hacer guardias”, indica como ejemplo Jesús Rodrigo, miembro de la Federación Aragonesa de Médicos Titulares.

Esta situación se agrava con las jubilaciones de médicos de familias previstas para los próximos años. En la provincia de Teruel, una cuarta parte de los médicos de familias se va a jubilar en tres años y medio y no hay una generación de profesionales para reponer estas plazas.

“No hay generación para reponer, porque los que acaban el MIR son insuficientes, es decir se jubilan más médicos de los que genera el sistema. Además, una parte de los que salen del sistema de medicina y familia resulta que son de otras Comunidades. Se forman aquí y luego se van”, explica Rodrigo.

39 años en Calamocha

Jesús Rodrigo lleva 39 años trabajando en el centro de salud de Calamocha. Llegó allí después de trabajar en Lechago y no ha querido trasladarse desde entonces. El año pasado se jubilaron dos de sus compañeros y reconoce que a él le queda poco.
Ante esta situación de difícil “remedio”, Rodrigo considera que se deben ofrecer ofertas laborales atractivas con mejores condiciones laborales; con contratos duraderos y no temporales, mejor remunerados, ampliar la edad de jubilación a los 67 años para aquellos médicos que voluntariamente quieran alargar su vida laboral y racionalizar la bolsa de trabajo. “No sólo hay que ir a Utebo o Casetas, también en la Sierra de Albarracín, Matarraña, Gúdar o Barbastro. Tener un poco la obligación de salir fuera si quiere trabajar”.

También Miguel Guiu, que trabaja en el centro de salud de Caspe desde 2013, insiste en que hay que incentivar de alguna manera la asistencia sanitaria en el medio rural, porque de lo contrario “todo lo que se queda fuera de Zaragoza corre el riesgo de tener serios problemas”. Además del incentivo económico para suplir los desplazamientos, Guiu plantea que el tiempo trabajado en los pueblos puntúe más en el sistema de bolsa.

El pasado 10 de agosto, el Servicio Aragonés de Salud publicó a través del BOA el pacto de la Mesa Sectorial de Sanidad por el que pone en marcha un plan de incentivos para los profesionales sanitarios que elijan como destino centros de difícil cobertura.

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