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ARAGÓN

"Queremos ser el Google de la interacción del cerebro con las máquinas"

"Somos la única empresa del mundo en la que alguien viene con un problema de neurotecnología y le ofrecemos solución completa: hardware, software, etc."

Diseñó una silla de ruedas que se mueve con la mente. Ahora trabaja en tecnología que mide las emociones.

"Hemos utilizado la neurotecnología para ayudar a una empresa de bombones. Averiguamos el impacto de la marca en el disfrute y cuál era el momento más placentero. A pesar de lo que imaginamos, no es cuando lo comemos".

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Javier Mínguez. Foto: Juan Manzanara

Javier Mínguez. Foto: Juan Manzanara

Javier Mínguez es Doctor en Ingeniería Informática e investigador en neurotecnología. De sus trabajos en la Universidad de Zaragoza nació BitBrain, una compañía especializada en el desarrollo de tecnología para el campo de la neurociencia. Entre sus líneas de trabajo se encuentra el neuromarketing, que utiliza sistemas de medición biométrica (ritmo cardiaco, movimiento de ojos, sudoración…) para registrar las emociones de las personas.

Desde la nave en la que está instalada la compañía, en el Centro Europeo de Empresas e Innovación de Zaragoza, explica que BitBrain tiene por objetivo tomar todos los avances en investigación en este campo y ponerlos al servicio de la sociedad.

Hace unos años, buena parte de las noticias sobre ciencia se centraban en los genes. Ahora el protagonista es el cerebro. ¿En qué ámbito trabajáis vosotros?

Donde yo más puedo aportar es en neurotecnología. Cuando trabajas en neurociencias, puedes estudiar el cerebro per se o puedes utilizar los avances que hay para utilizarlos en algún contexto. Nuestro objetivo es hacer ciencia para que algún día esa investigación llegue al usuario. Campos como el marketing o la discapacidad están en este sentido. Yo soy profesor de ingeniería y nuestro trabajo consiste en crear máquinas útiles para la sociedad. En ese sentido, BitBrain hace neurociencia y la aplica, crea algo útil para las personas.

¿Será posible comprar alguna aplicación de este campo a corto plazo? 

Ya se puede hacer. En Estados Unidos y Canadá hay empresas que desarrollan aplicaciones básicas de entrenamiento cognitivo. También existen otras aplicaciones que no están destinadas al usuario final, sino a otras empresas que las utilizan en su día a día. Es nuestro caso. En un futuro no muy lejano, sí veo posible que alguien compre un anillo usenns como los que fabricamos. El problema de este tipo de tecnología no es científico, sino de inversión. Es más fácil para una empresa gastar ese dinero que para un usuario.

¿Cuáles son las líneas estratégicas de BitBrain?

Tenemos tres líneas. La primera es proyectos. Una empresa busca una tecnología para hacer cierta aplicación y viene a nosotros. Somos la única empresa del mundo en la que alguien viene con un problema de neurotecnología y le ofrecemos solución completa: hardware, software, etc. Nos da bastantes recursos. Vimos también una gran oportunidad de mejorar el marketing con neurotecnología para tener acceso a determinados aspectos que con la tecnología del momento no era posible. Finalmente, está la mejora cognitiva para ancianos, niños con TDAH, etc. Incluso para personas sanas que quieren mejorar su capacidad. Hoy nos centramos en proyectos y neuromarketing porque dan recursos y hemos dejado aparcada la mejora cognitiva, que nos hacía mucha ilusión; pero esperamos retomarla en un futuro.

¿A qué nos referimos al hablar de neuromarketing?

Para saber lo que una persona siente podemos hacer tres cosas: observar, preguntar o medir su respuesta fisiológica. Son complementarias porque acceden a capas diferentes de nuestras emociones. El neuromarketing mide lo que sientes en un momento dado. Añade para el investigador una capa adicional de información a la que antes no podíamos acceder.

Hace cuatro años entendimos que en este campo había una posibilidad de crear tecnologías nuevas, con lo que existía no se podía avanzar más. Ha costado un tiempo pero es completamente nueva. BitBrain es la única compañía en el mundo que fabrica este tipo de tecnología de forma integral y fiable y lo hacemos todo (salvo una pieza, que viene del País Vasco) en la provincia de Zaragoza.

Se habla de neuromarketing y puede producir cierto rechazo medir nuestros cerebros y nuestras emociones para que las empresas vendan más. ¿Hay conflicto ético?

Depende de cómo se use. Nuestras aplicaciones ayudan a las empresas a mejorar sus productos y también sirven al usuario, porque al final tendremos productos que nos interesen. Hemos trabajado las emociones que siente una persona al ver el tráiler de una película. El impacto emocional o la atención que despierta pueden ser utilizados para optimizar su aceptación por parte del espectador. Con nuestra tecnología vemos si logrará atraer al espectador al cine o no. Empresas de exposición en museos nos han contratado para que les ayudemos. Ellos montan las obras y nosotros medimos las sensaciones de los visitantes. Al ver después los registros, se puede saber cuáles funcionan mejor y cuáles peor. Así pueden mejorar la exposición. También hemos utilizado la neurotecnología para ayudar a una empresa de bombones. Averiguamos el impacto de la marca en el disfrute y cuál era el momento más placentero. A pesar de lo que imaginamos, no es cuando lo comemos. Este verano, hemos hecho con Inside Out la primera crítica (https://www.youtube.com/watch?v=LFrtBElAZF8) de una película mediante neurotecnología.

Javier Mínguez. Foto: Juan Manzanara

Javier Mínguez. Foto: Juan Manzanara

¿Cuál es la meta de Bitbrain?

Queremos ser el próximo Google de la interacción del cerebro con las máquinas. En su día, Google cambió la forma en que buscamos y accedemos a la información en Internet; nosotros esperamos encabezar esta transformación en el ámbito de la información cerebral.

Participaste en el documental El mal del cerebro, y allí se veía a personas con discapacidad que movían su silla de ruedas con la mente. ¿En qué fase se encuentra esta tecnología?

Yo fui una de las primeras personas en España que trajo la tecnología de interfaces cerebro-computador. Lo lógico era intentar aplicarlo al mundo de la discapacidad. Desde entonces, Estados Unidos empuja fuerte con tecnología invasiva, nosotros trabajamos en la no invasiva. No tanto implantar sensores en el cerebro, sino colocar sensores, como pueden ser unos cascos, sobre la cabeza. Hay pocos dispositivos comerciales, falta inversión. Hace siete años diseñamos una silla de ruedas que se movía con la mente. ¿Hasta qué punto se queda en un gran avance científico o llega al usuario? Depende de financiación.

¿Cuál es el estado de la investigación en España?

Ha sufrido mucho. Yo la he vivido en los dos lados. Tuve la suerte de vivir un auge de inversión en investigación y disfrutamos de medios con los que hicimos grandes avances como la silla de  ruedas que se movía con la mente o el control de un robot a distancia, desde Japón. Luego todo eso cae. Cuando las cosas caen, cuesta mucho remontar. Se pierde mucho, la gente formada, las inversiones, hay investigadores que deben irse fuera…

¿Hay posibilidades de innovar fuera de la universidad?

Se puede y esta casa es un ejemplo. Pero es difícil. Nosotros hemos creado todo gracias a investigación. La financiación de I+D la logramos mediante recursos propios, con algunos préstamos blandos que vienen de España y sobre todo con grandes proyectos europeos que se ganan en competición. Generar este tipo de proyecto en España es muy complicado.

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