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Ana González-Páramo

Abogada de formación. Con una larga trayectoria en asuntos públicos europeos. Ha trabajado como experta y consultora en Viena, Bruselas, Madrid y La Haya y también como observadora electoral en los Balcanes, Moldavia, Madagascar y Burkina Faso. Investigadora asociada de la Fundación porCausa.
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El lado oscuro de la acogedora Alemania

Alemania se enfrenta este domingo a unas elecciones quizás más decisivas para el futuro de Europa que para la propia Alemania. El rumbo que tome la primera potencia del continente será determinante para abordar los grandes desafíos a los que se enfrenta la Unión Europea, desde la salida de la Gran Crisis económica, hasta el Brexit, o la inestabilidad en las fronteras exteriores al Este o en el Mediterráneo. A nivel interno, las encuestas apuntan a la continuidad. Angela Merkel aspira a un cuarto mandato que la podría convertir en la canciller alemana que más tiempo ha permanecido en el poder desde 1945, superando a Helmut Kohl, su gran referente político. Sin embargo, bajo esa aparente continuidad, algo se mueve en la empedernida estructura política alemana. Se han abierto fallas en la tectónica de un sistema que empieza a fragmentarse. Hasta seis partidos podrían conseguir representación en el Bundestag, el mayor número desde la Segunda Guerra Mundial. Y por primera vez desde el nazismo, un partido de extrema derecha podría entrar en el parlamento federal.

Según las encuestas, Alternative für Deutschland (AfD) podría conseguir cerca de un 12 por ciento de los votos y hasta 50 escaños. Se trata de un partido abiertamente xenófobo, contrario a la inmigración y al islam, con un encuadre para estas elecciones basado en reforzar el concepto de “identidad alemana” frente a la “amenaza” del islam, el cierre de fronteras y la expulsión de todo demandante de asilo cuya petición sea rechazada. A pesar de haberse desmarcado del movimiento Pegida, el papel de esta organización islamófoba en el ideario del AfD y la coincidencia en la masa social que les apoya, no se puede obviar. Las férreas leyes alemanas para luchar contra el antisemitismo, que no tienen reflejo en otros casos de xenofobia e islamofobia, han sido la ventana de oportunidad de la intolerancia. 

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