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Ana Noguera

Doctora en Filosofía, y tutora de Sociología en la Uned Valencia. Con una amplia actividad política como concejala del Ayuntamiento de Valencia (1995-2003) y diputada autonómica (2003-2011) Colaboradora en diversas revistas de pensamiento político y filosófico como Temas o Sistema. Miembro de ONG´s como Cruz Roja, Greenpeace, Amnistía Internacional o Médicos sin Fronteras. También soy miembro de asociaciones de escritores como CLAVE o Concilyarte. En el blog www.ananoguera.es, puedes encontrar desde artículos de reflexión política a relatos, poesías o mi novela "Un lunar en el labio" o un ensayo "La otra crisis: Ciudadanía y Democracia".

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Mis amigas “las magas”

Ahora que ya han pasado las fiestas navideñas, me apetece escribir estas líneas sobre lo ocurrido en la cabalgata infantil organizada por la Societat Coral el Micalet.

Somos conscientes de los muchos sarpullidos que producen algunas instituciones en gran parte de la derecha política. Eso es lo que ocurre con el Micalet, pero que, les guste o no, sigue siendo y será uno de los puntales culturales más importantes y significativos de la ciudad de Valencia. Nacida en 1905, es una de las instituciones culturales más antiguas de la ciudad, que lleva más de cien años, defendiendo la cultura y tradiciones valencianas. Eso sí, con su propio compromiso e identidad y unos valores democráticos.

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Carlos Fabra, ciudadano ejemplar

En el año 2008, escribí un artículo de opinión sobre Carlos Fabra (uno de tantos de los que se han escrito) que me valió una querella del propio Don Carlos por atentar contra “su honor” (¡qué manera de retorcer las palabras!). Por supuesto, la querella no siguió adelante, pero este insigne personaje utiliza las denuncias, las amenazas, los insultos, como instrumento para meter miedo y presión, e intentar así amedrentar y silenciar voces como hacía contra muchos periodistas, abogados o jueces, y, por supuesto, políticos de la oposición (así lo han sufrido mis compañeros de Castellón).

En aquel artículo, sólo recordaba un famoso programa del desaparecido “Caiga quien Caiga”, donde se hablaba de lo que era un secreto a voces: su fortuna con la lotería, su enorme riqueza ganado con ¿el sudor? de su frente, sus amigos afortunados que ejercían de guardaespaldas, los periodistas pagados con micrófono de Intereconomía, los halagos de todo el PP valenciano riéndole las gracias, su hija entrañable que también pretende seguir la saga de los Fabra y es diputada en Cortes Generales, de su amado yerno exconsejero de Sanidad con Esperanza Aguirre, de la ruta madrileña para ejercer su influencia y presión en el seno del PP, de la anulación de sus juicios (¿qué ha sido de tanto abogado, fiscal y juez que ha renunciado a ejercer el Estado de Derecho en Castellón?), de los favores prestados a cambio de votos, de su uso y abuso de la Institución Pública, y un largo etcétera de lo que era sabido, porque seguro que Don Carlos oculta muchos otros “pecadillos” que Hacienda no ha podido descubrirle.

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El rostro del neoconservadurismo español: Dos años de Rajoy

Los dos años del gobierno de Rajoy se definen en un término: neoconservadurismo.

Eso sí, con los tintes españoles que el PP confiere a su ideologismo cultural vinculado a la Iglesia Católica más reaccionaria, al empresariado más egoísta y a los medios de comunicación más furibundos.

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¡Qué cara nos saldrá la ignorancia!

En la novela “De la Tierra a la Luna” de Julio Verne, los científicos hacen una colecta, país por país, para enviar un cohete a la luna. De España se dice esto (y trascribo literalmente la cita gracias a un amigo novelista que me hizo llegar la observación): “Respecto a España, no se pudieron reunir más que ciento diez reales. Dio como excusa que tenía que concluir sus ferrocarriles. La verdad es que la ciencia en aquel país no está muy considerada. Se halla aún aquel país algo atrasado. Y, además, ciertos españoles, y no de los menos instruidos, no sabían darse cuenta exacta del peso del proyectil, comparado con el de la Luna, y temían que la sacase de su órbita; que la turbase en sus funciones de satélite y provocase su caída sobre la superficie del globo terráqueo. Por lo que pudiera tronar, lo mejor era abstenerse. Así se hizo, salvo unos cuantos realejos".

Esto se escribió en 1865, pero bien podrían actualizarse los “realejos” que con la devaluación, los recortes y el aumento del IVA, prácticamente quedaríamos igual que hace más de un siglo.

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¿Se acaba la cultura en época de crisis y sin apoyo público?

Por supuesto que la Cultura existe y existirá, no se acaba con la crisis y además parece no necesitar a la Administración Pública para crear. Más bien al contrario, estamos envueltos en una agitación y explosión cultural que impide que podamos asistir a todo lo que se hace en nuestra ciudad,  y eso, sin ayudas públicas de carácter totalmente privado. Ahora bien, esa “explosión cultural” no debe servirnos de consuelo ni de excusa para no analizar a fondo de dónde venimos y a dónde queremos ir. Lo que ha ocurrido es que en nuestro territorio han convivido dos Culturas: la “oficial” que dependía de los presupuestos públicos y de las decisiones políticas  y, de forma paralela, la “real”. Ahora que ha desaparecido la programación cultural promovida por la Administración, surge con más fuerza la Cultura real para cubrir los espacios públicos y privados, para ofrecer una programación, y para llenar un espacio de calidad del ocio, imprescindible en una sociedad democrática. 

Sin embargo, la Cultura tiene dos vertientes: aquélla que surge en barrios o locales, de forma voluntaria y participativa, pero sin carácter económico; o la Cultura como una actividad económica que genera empleo y que se quiere “vivir de ella”, lo cual es un propósito, hoy en día, “heroico”.

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