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Andreu Escrivà

Ambientólogo e investigador en Ecología. Además de algunos aburridos artículos en inglés, he escrito en distintos medios, siempre pensando en contar cómo se gestiona el medio ambiente y tratando de comunicar la importancia de la ciencia para entender el complejo mundo actual. He abierto y cerrado unos cuantos blogs, pero al final uno vino para quedarse: cienciaipolitica.com

Por qué Giuseppe Grezzi lo está haciendo (muy) bien, aunque a ti no te guste

Una de las cosas más curiosas que te puede pasar si escribes un libro es tropezarte, un buen día, con uno de sus capítulos. En “Encara no és tard”, para ejemplificar la importancia de las interrelaciones humanas a la hora de responder a situaciones de riesgo, hablaba de un experimento llevado a cabo hace unos años en la televisión de Estados Unidos. En él, tras activar la alarma antiincendios en un edificio de oficinas, se comprobaba que la gente tardaba mucho más en salir de su despacho si no veía a nadie hacerlo... ¡incluso cuando se añadía humo!

Cuando leí la reseña del experimento en una revista interna de la universidad de Standford casi no me lo podía creer. ¿Por qué no salía la gente? El coste de levantarse de la silla es mínimo, y el riesgo que se asume no haciendo nada, enorme. Al escribirlo, casi me salía una sonrisa, pensando en cómo de tontos eran esos estadounidenses.

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Amb esperança però sense triomfalismes, per favor

Fa dos anys i una setmana em vaig alçar amb molta son, i també amb un somriure i el convenciment profund de que alguna cosa havia somogut de veres al meu país. Vint-i-quatre mesos després, el canvi a la gestió del medi ambient és certament visible, però en alguns aspectes tan feble con un tel de ceba, d’aquells on tot s’hi transparenta i encara pots veure el que hi ha darrere: un llegat enverinat del qual cal allunyar-se com abans, millor.

Potser la mutació més evident, també la més significativa, ha estat el de passar d’una consellera com Isabel Bonig, aliena al món ambiental i amb una agenda política paral·lela, a una consellera com Elena Cebrián, una tècnica formada i amb una llarguíssima experiència en qüestions relatives a la gestió de la natura i l’agricultura. La sensació d’alleujament que produeix saber que qui han posat al timó almenys sap del que parla i coneix el terreny de primera mà (com els consellers Soler o Marzà, posem per cas) és sens dubte una victòria. Xicoteta i insuficient, però.

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Contra la indiferencia: análisis del primer año del Botànic en Medio Ambiente

El nuevo Consell cumple un año y, como era previsible, se han escrito decenas de análisis en la prensa para valorarlo. Algunos son una mera recapitulación de datos, y otros se mueven en el terreno estricto de las opiniones y prejuicios. Uno de los mejores, a mi parecer, es el que  escribieron al alimón Joan Romero y Adolf Beltrán en este medio digital, consultando a especialistas en distintas áreas y resaltando tanto la situación actual como el camino que debía transitarse. No obstante, y para mi mayúscula sorpresa –ambos no sólo están sensibilizados con el mundo ambiental, sino que lo conocen y han publicado otras veces sobre ello-, había un vacío humeante donde debía haber estado el juicio sobre las acciones de la Conselleria d’Agricultura i Medi Ambient. Tampoco se consultaba a ningún especialista en la materia (si acaso Josep Sorribles, quien daba algún pincelazo sobre la dimensión múltiple de la cuestión territorial). La ausencia en el reportaje de Romero y Beltrán no es, sin embargo, un olvido que debamos achacar a eldiariocv ni a sus autores, porque lo que hace es reflejar una realidad que, nos guste o no, es palmaria: no se habla de medio ambiente. Recuerdo una pieza –muy extensa- en otro medio valenciano, a los seis meses de tomar posesión el nuevo gobierno: en un repaso pormenorizado a todos los departamentos y consellers, no había ni una sola mención a Elena Cebrián. Ni una. Ahora imagínense un estudio a las virtudes y flaquezas del once inicial de España en la final de una Eurocopa, y que, por algún extraño motivo, nadie menciona al delantero, o al portero, o al lateral izquierdo. Mosqueante, ¿verdad? Quizás este silencio es lo que mejor define el primer año de gestión ambiental del nuevo gobierno, un periodo en el que se han hecho más cosas de las que parece, pero que no se han sabido transmitir, o esa es la sensación que tenemos muchos. También ha sido un año algo convulso, porque cabe recordar que en la conselleria de Cebrián se produjo la primera destitución del Consell (María Diago, Directora General de Cambio Climático y Calidad Ambiental, a quien sustituyó Joan Piquer), y que acaba de anunciar su marcha uno de los engranajes clave de la maquinaria verde, el biólogo e histórico ecologista Carles Arnal, que ejercía el papel de asesor de Elena Cebrián. El caso, de cualquier forma, es que no ha sido hasta hace poco que la consellería ha empezado a dar muestras claras de hacia dónde quiere dirigirse. Quizás porque trabaja en temas espinosos con mucha resistencia, quizás porque pisaban un terreno ruinoso y lleno de escombros tras la demolición de lo púbico por parte del Partido Popular. Y todo ello en el contexto de los recortes presupuestarios y la infrafinanciación crónica de la administración valenciana, la clave para revertir la situación. Sin fondos no hay buena gestión que valga. Y sin presencia pública y reivindicación constante de la acción de gobierno, complicado hacerse con un trozo más grande del pastel. En mayo pasado la consellera ofreció un par de conferencias en las que detalló su programa de gobierno, algo positivo, pero que hubiese sido deseable escuchar en mayo de 2015. ¿Por qué se ha tardado un año? En materia de cambio climático, especificó, se colabora intensamente con la conselleria de Economía Sostenible, con el fin de dar un papel preponderante a la energía, “olvidada hasta ahora” (y de paso, esperemos, darle contenido al apellido del departamento de Climent). Asimismo, se comprometió a la elaboración de una Ley de Cambio Climático en esta legislatura, lo que no puede ocultar que, tras un año y un aumento del 12,5% de emisiones de gases de efecto invernadero en el País Valenciano, no se ha tomado ninguna medida concreta para disminuirlas. No hay tiempo que perder, y la impresión generalizada es que nos lo estamos tomando con mucha calma. En relación a los efectos previstos del calentamiento global, la prioridad del departamento que dirige es “reducir el número de incendios” mediante la prevención, en la que tendrán un papel importante los mosaicos agrícolas, y la rápida detección. El problema es que en este asunto, la gestión de los montes, se ha abierto la caja de los truenos. Quienes se habían encargado tradicionalmente de ello (ingenieros) han visto cómo se sustituye su cosmovisión forestal (limpieza de combustible, silvicultura preventiva) por una más próxima a la ecología del bosque (interconexión, protección, mantenimiento de los servicios ecosistémicos). Y tras los primeros incendios graves de la temporada (Bolbaite y Carcaixent), el debate ha saltado a la esfera pública. La virulencia de los ataques, que se extienden más allá de la cuestión técnica a ámbitos ideológicos y políticos, era en cierta medida previsible: las inercias eran –son- enormes, y si se quiere cambiar la visión y gestión de nuestros montes –algo complicadísimo, pero necesario, dado su estado actual- hará falta mucho diálogo. El cruce de acusaciones –mucho más enconado por parte de quienes han sido desplazados- puede y debe reconducirse hacia el diálogo, el consenso y la búsqueda conjunta de soluciones, dado que los ingenieros forestales tienen muchísimo que aportar, y no sería nada deseable obviar su experiencia y conocimiento. Una herramienta básica es el PATFOR (Plan Forestal), aprobado en 2013 pero en actual revisión, para adaptarlo a los nuevos criterios; sin embargo, urge tender puentes antes de que se rompan del todo. Un aspecto que vende mucho el departamento de Cebrián es el del fin de “la guerra del agua”, pero se asemeja más a certificar la defunción de una momia egipcia que a una ecografía que nos muestra el futuro: ni siquiera el PP se atrevía ya a sacar a pasear el trasvase del Ebro más que en la intimidad. No creo que la consellera –que ha repetido mucho este mensaje- deba incidir más en esa vía: ya no da más de sí. Se acabó (afortunadamente). En el ámbito de los residuos, uno de los que más quebraderos de cabeza está provocando a los responsables de la conselleria, se ha defendido reiteradamente la separación en origen, con el fin de poder producir compost de calidad y minimizar la fracción que se envía a vertedero, actualmente más de la mitad de los deshechos producidos. No se promoverán ni grandes vertederos ni grandes incineradoras, pero sin dar más detalles sobre el futuro de las instalaciones de menor tamaño. Sin embargo, nos volvemos a encontrar con resistencias importantes por lo que respecta al retorno de envases (SDDR), un sistema que se aplica en otros países (como Alemania) y que se pretende implantar en breve. Ecoembes y Ecovidrio, las dos empresas que monopolizan el reciclaje, se encuentran en una guerra abierta con el Consell, quien tampoco piensa ceder en la implantación del SDDR. Y mientras, los vertederos siguen su camino hacia el llenado. Meter la basura debajo de la alfombra no es una solución viable en el s. XXI, y no hay tiempo que perder en abandonarla. Hay muchos más temas, claro está. Desde la cuestión de los espacios naturales (algunos de los cuales llevan más de un año sin director) hasta las especies invasoras, pasando por la enorme problemática de la desertificación o la integración real de la educación ambiental. Pero hay uno que destaca: VAERSA. Desde la entrada del nuevo gobierno se han sucedido de nuevo las situaciones complicadas en la empresa pública, el “brazo armado” de la gestión ambiental de la conselleria. Utilizada en otros tiempos para relajar la contratación de ciertos servicios y personas (lo que no quiere decir que no haya gente enormemente válida y trabajadora en su seno), ha devenido en un problema crónico. Desde los retrasos en las encomiendas (de plagas, por ejemplo), hasta el cuestionamiento del cuerpo directivo por parte de algunos sindicatos, pasando por las denuncias de despidos escalonados para evitar el que sería el tercer ERE en pocos años. Pero lo más grave es la misma esencia de la empresa: una incógnita. La pregunta del millón es si el Consell está cómodo con esta empresa pública, o si entiende que –como ha dictaminado la justicia en otras ocasiones- realiza un trabajo que correspondería a funcionarios, y por lo tanto debe encaminar sus pasos hacia la disolución. Una patata caliente de difícil solución inmediata, pero de la que al menos deberíamos saber si pretendemos explotarla y recomenzar, o pasarla de mano en mano hasta que tengamos que ir al hospital por las quemaduras. Y sí: me he “olvidado” de la agricultura, por dos motivos. El primero, que es un mundo que me apasiona, pero sobre el que creo que hay gente mucho más cualificada que yo para hablar. El segundo, que el análisis de Beltrán y Romero se desgajaba en áreas temáticas, y agricultura me parece lo suficientemente importante como para ser abordada de forma autónoma, de la misma forma que, si de mi dependiese, tendría una Conselleria propia. ¿Quizás con la entrada de Podemos en el gobierno? Quién sabe. El año que viene, en el ecuador de la legislatura, veremos cuántas líneas de este texto habría que tachar. Esperemos que todas.

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¿Es verde el acuerdo IU-Podemos? Un análisis ambiental del pacto que ha revolucionado la izquierda española

Tras la firma del acuerdo entre Izquierda Unida y Podemos, que supone la única novedad relevante por lo que respecta a las elecciones del 26 de junio, toca analizar si se han movido algo las respectivas posiciones. Y quizás uno de los temas más interesantes es el de la cuestión ambiental, dada la nula presencia en los debates electorales de diciembre.

Izquierda Unida partía de un cuaderno separado (como en otras áreas), en cuyas 32 páginas se abordaban las propuestas ambientales, pero también (de forma muy detallada) la pesca o agricultura. En líneas generales la energía, el transporte, residuos y biodiversidad marcaban las pautas, desarrollando especialmente la parte de derechos o nacionalización de algunos sectores (como el del agua). Algunas partes no tenían sentido, como el retazo de “Fauna silvestre y superpoblación”, desconectado de la sección de biodiversidad y a continuación de un parágrafo sobre caza en la sección de protección animal. Justo ahí, por ejemplo, también hay inconcreciones  como la prohibición de la caza en “Espacios Protegidos” (¿cuáles? Os aseguro que si los prohíben en todos no duran ni un mes en el gobierno) o las medidas alternativas al sacrificio en caso de superpoblación (¿cuáles? ¿con qué coste? ¿con qué evidencia científica?). Pero más allá de estos detalles (que también hay que cuidar, porque revelan en qué partes el programa es más sólido y en cuales se ha redactado a toda prisa) el de IU era un compendio ambicioso en material ambiental, aunque algo desenfocado.

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El parc de la Marjal o com es pot reverdir la ciutat en el segle XXI

No és estrany que, en matèria ambiental, ens anem fixant sempre en experiències que es duen a terme en altres parts del món. No obstant això, de vegades tenim els projectes més notables tot just a tocar de casa, i d’això és justament del que ens adonem quan ens acostem al parc de la Marjal, a Alacant. Però comencem pel principi: per què s’ha d’inserir un aiguamoll al bell mig de la ciutat?

En aquest espai, “Aiguamolls amb futur”, hem vist que el litoral valencià ha estat històricament un continu de zones humides, que han anat reduint-se a poc a poc pel canvi d’usos del sòl, des de la construcció d’edificis o infraestructures fins a la transformació per a conreus. Això, tanmateix, ha causat bastants problemes: on abans l’aigua trobava el camí lliure cap a la mar o cap a les llacunes costaneres, ara queda retinguda entre carrers i línies de tren. L’enfocament tradicional ha consistit a construir sobreeixidors per a permetre buidar les zones entollades, tot i que no ha tingut èxit sempre. Però, i si en compte d’això, en redirigírem el flux cap a una zona preparada per a acumular un gran volum d’aigua en episodis de crescudes, tan freqüents en l’àmbit mediterrani?

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El parque de la Marjal, o cómo reverdecer la ciudad en el siglo XXI

No es extraño que, en materia ambiental, andemos fijándonos siempre en experiencias que se llevan a cabo en otras partes del mundo. Sin embargo, a veces tenemos los proyectos más punteros justo al lado de casa, y de eso es justo de lo que nos damos cuenta cuando nos acercamos al parque de la Marjal, en Alicante. Pero empecemos por el principio: ¿por qué insertar un humedal en medio de la ciudad?

En este espacio, Humedales con Futuro, hemos visto cómo el litoral valenciano ha sido históricamente un continuo de zonas húmedas, que han ido reduciéndose poco a poco por el cambio de usos del suelo, desde la construcción de edificios o infraestructuras a su transformación para cultivos. Ello, sin embargo, ha causado no pocos problemas: donde antes el agua encontraba el camino libre hacia el mar o lagunas costeras, ahora quedaba retenida entre calles y líneas de tren. El enfoque tradicional ha consistido en construir aliviaderos para permitir vaciar las zonas encharcadas, aunque no siempre ha tenido éxito. Pero ¿y si en vez de ello redirigiésemos el flujo hacia una zona preparada para acumular un gran volumen de agua en episodios de avenidas, tan frecuentes en el ámbito mediterráneo?

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Illes d’aigua, els oasis valencians

Quan pensem en una illa, acostumem a imaginar-nos un tros de terra envoltada de mar o, com a màxim, d’un riu ample; així és, almenys, com se’ns ensenya a escola i com consta en les enciclopèdies. Però, i si hi invertim l’ordre? I si la mar fóra de pedres i l’illa líquida?

El concepte d’illa entronca amb el d’aïllament, siga del tipus que siga. I és que el que fa úniques les illes és justament la falta de connexió amb altres entorns semblants, el fet d’estar envoltades d’una cosa completament distinta. Això provoca fenòmens extraordinàriament interessants: les illes, tot i que hi haja menys riquesa biològica global que a terra ferma, tenen una taxa d’endemismes (és a dir, d’espècies que només viuen allà) molt superior a la dels continents. A més, l’evolució hi acostuma a prendre camins diferents, ja que fa gran els animals menuts (com l’extinta rata gegant de Tenerife o els lèmurs de Madagascar, també desapareguts) i fa menuts els grans (l’exemple més habitual són els elefants nans, amb fòssils que s’han trobat en nombroses illes). La falta de depredadors o de competidors fa innecessàries les mides lil·liputenques (per a amagar-se) o les desmesurades (per a defensar-se). Les illes són molt més que continents menuts.

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Islas de agua, los oasis valencianos

Cuando pensamos en una isla, solemos imaginarnos un pedazo de tierra rodeada por el mar, o como mucho por un ancho río; así, al menos, es como se nos enseña en las escuelas y como aparece en las enciclopedias. Pero, ¿y si invertimos el orden? ¿Y si el mar fuese de piedras y la isla líquida?

El concepto de isla entronca con el de aislamiento, sea éste del tipo que sea. Y es que lo que hace únicas a las islas es justamente su falta de conexión con otros entornos similares, el hecho de estar rodeadas de algo completamente distinto. Ello provoca fenómenos extraordinariamente interesantes: las islas, aunque su riqueza biológica global sea menor que la de tierra firme, tienen una tasa de endemismos (es decir, de especies que sólo se encuentran allí) muy superior a la de los continentes. Además, la evolución suele tomar derroteros distintos, agrandando los animales pequeños (como la extinta rata gigante de Tenerife o los lemures de Madagascar, también desaparecidos) y empequeñeciendo a los grandes (el ejemplo más habitual son elefantes enanos, cuyos fósiles han sido encontrado en multitud de islas). La falta de depredadores o competidores hace innecesarios los tamaños liliputienses (para esconderse) o los desmesurados (para defenderse).Las islas son algo más que continentes pequeños.

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Com es pot netejar l’Albufera pintant-la de verd

Hi ha un experiment senzill i recurrent que de tant en tant circula per les xarxes socials, però que és encara més freqüent observar en una classe de ciències naturals en moltes escoles. En un muntatge bastant rudimentari, podem veure-hi tres mitges botelles d’aigua (partides longitudinalment): en una hi ha herbes o petits arbustos, en l’altra residus vegetals (escorces d’arbre, fulles), i en l’última només pedres i terra. Després d’abocar aigua en cada un dels tres recipients, s’observa que en el primer cas l’aigua ix clara, en el segon una mica térbola, i en el tercer molt térbola.

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Cómo limpiar l’Albufera pintándola de verde

Hay un experimento sencillo y recurrente que de vez en cuando circula por las redes sociales, pero que es aún más frecuente observar en una clase de ciencias naturales en muchas escuelas. En un montaje bastante rudimentario, podemos ver tres medias botellas de agua (partidas longitudinalmente): en una hay hierbas o pequeños arbustos, en la otra residuos vegetales (cortezas de árbol, hojas), y en la última sólo piedras y tierra. Tras verter agua en cada uno de los tres recipientes, se observa cómo en el primer caso el agua sale clara, en el segundo algo turbia, y en el tercero muy turbia.

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