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Bárbara G. Vilariño

Periodista con apellidos: corporativo, cultural y con visión de género.

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El selfi es político

Si nos guiamos por aquella máxima de que lo personal es político, bien podemos concluir en esta primera línea que el selfi es la máxima expresión del ciberactivismo. Solo un par de antecedentes a la afirmación: la autofoto más retuiteada de la historia de Twitter partió de la cuenta de la presentadora y activista LGTBI Ellen Degeneres, y diariamente, el activista transexual Aydian Dowling sube sus autorretratos en Instagram para más de 150.000 seguidores.

Tenemos una realidad política que difunde sus mensajes a través de hashtags, morritos y espejos con una velocidad y calado que ya querrían ostentar muchas cabezas de partidos o medios de comunicación... Y es que no creo que haya mayor lucha contra la transfobia que una autofoto que refleje la plenitud individual de un proceso de reasignación física y social o el apoyo colectivo a las personas transexuales que forman parte del ejército estadounidense -a las que el presidente Trump quería largar del estamento-. No infravaloremos estos mensajes de autoafirmación pop, porque el selfi pega fuerte, y pega donde hace falta: en lo mainstream.

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Concíliate con tu hedonismo

El feminismo, como toda batalla social contra la vida y sus tiranteces, tiene greatest hits sempiternos: prostitución sí, prostitución no, identidades queer, identidades binarias, maternidades variopintas... Y un tema del que todavía me pregunto cómo se ha colado casi en exclusiva en terreno amazona: la conciliación; ese fragmento de reloj resquebrajado que queda entre dormir y conseguir pagar las facturas.

La conciliación vino a la agenda feminista como el supremo derecho de una madre a dedicarse a los cuidados de su prole, en lugar de haberse defendido de primeras como el derecho individual de cualquier persona a disponer de un equilibrio entre las facetas profesionales y las de otro tipo de cuidados, quehaceres o las de asueto, sean estas dedicarse a la reproducción, la cría de agapantos, entrenar una maratón o la vida contemplativa.

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International Normative Orgullo No Sissy Included

Todo el año apestando a alcanfor para por fin desplegar las plumas en el Orgullo. Que en este 2017, caris, será World Pride. Casi ni resulta necesario que especifique que hablo del de Madrid, porque el resto de eventos de provincias se consideran réplicas a pequeña escala que hacen encaje de bolillos para evitar coincidir con las fechas de la capitalina fiesta grande. Desde que el Orgullo es Orgullo, está claro que la fiesta por la fiesta ha tonteado con las manifestaciones y actividades más reivindicativas y culturales, pero debiéramos plantearnos hasta qué punto permitimos que nos vendan un activismo barnizado de oportunidad para la rapiña capitalista.

Llamadme loca, pero en un momento en el que el presidente de COGAM –uno de los históricos colectivos LGTB– explica en una rueda de prensa que "el World Pride irá más allá de la imagen de la marica loca encima de una carroza", me da un mareo y me cambia la vida. Luego ves una programación eminentemente basada en el petardeo y con poco peso a la actividad cultural y te preguntas quién anda detrás: pues una asociación de empresariado de ocio nocturno gayfriendly .

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The mamas and the vacas

Madre no hay más que una… de una especie en concreto: la humana. Ocurrió hace un año, pero las redes sociales nos han vuelto a recordar aquello de la sororidad entre todos los movimientos minorizados. La historia se resume en lo siguiente: una madre acudió con su bebé a un restaurante vegano y pretendía amamantarlo con leche que no era suya, sino de otra especie animal: una vaca.

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Santiaguarse la diversidad

Hoy quiero confesarme... creo en la espiritualidad vivida desde la diversidad sexual. Y eso que porto una cruz que casi me planta en viacrucis: fui una jovenzuela religiosa que pegó la vuelta y colgó su fe en el gabán. Aquello que relataba aquel pastor del Señor no acababa de encajar con mi expresión de género y mi orientación sexual. Tampoco eran tiempos (en los comienzos del 2000) de internet ni de modernizar la interpretación de la religiosidad, así que tuve que abrazar otros dogmas que me reconciliasen con esas ansias de elevarme como persona.

Sería bastante hipócrita por nuestra parte que nos neguemos la impronta judeocristiana en nuestro desarrollo vital. El sacrificio, el amor desinteresado, la solidaridad... fueron proclamas del cristianismo que adoptamos en la sociedad laica. Perogrulladas, ¿no? Además, yo no soy ninguna doctora de la Iglesia ni de la espiritualidad como Santa Teresa, a la que tal vez convendría una lectura para desempolvarnos los prejuicios y aprender de la que fue una de las primeras feministas de las que se tiene registro –amén de algunos versos erótico-festivos nada desdeñables en esa imagen del corazón transverberado–.

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El bálsamo de la cotidianidad

¿Cuántos referentes LGTB habéis visto en los libros de vuestra juventud, en las películas o series que marcaron vuestra infancia? Incluso en plena época de democratización del acceso a internet, seguro que no han sido demasiadas las manifestaciones culturales en las que sentiste cierta representación de cotidianidad; ese bálsamo a veces tan necesario cuando se vive al otro lado de la -y lo- corriente.

Si has nacido antes de la aprobación del matrimonio igualitario (ay, y a veces ante otros condicionantes, ni con esas) habrás crecido brujuleando en blogs y en la inmensidad desordenada de internet (si es que tuviste acceso fácil a la red y no pasabas tardes de rata de biblioteca queer metida en cibercafés, ejem). Con suerte, encontraste Más que amigas de Jennifer Quiles y descubriste todo aquello que querías saber y por lo que nunca te atreviste a preguntar. Descubriste que podrías escucharte en las melodías de Chavela Vargas, verte en bodrios cinematográficos como Lazos ardientes, adentrarte en la literatura de Patricia Highsmith con su Carol -mucho antes de que fuese perpetrada en versión audiovisual- o en la de Jeannete Winterson y su Escrito en el cuerpo -gracias, gracias y gracias a editorial Anagrama-.

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La zarzuela de las chulaponas de Chueca

Vaya chanza la mía, joven zagala, la de salir por la capital de esta España nuestra a disfrutar de esos barrios de bandera multicolor que andan tan en boga por la Europa imperial. Mantilla sobre los hombros, lucimos nuestra galantería y sacamos nuestros abanicos esperando disfrutar de un buen chotis entre otras mujeres de nuestra quinta, ávidas del candor de los cuerpos en los locales nocturnos.

Allí, en la plaza de Chueca, entretenidas en nuestros derechos conquistados, nos sentimos puras gigantas y cabezudas, y entre amarres de fulanitas de tal nos embarcamos en una posada de fama de antaño. Como a mozalbetas curiosas de provincias no nos gana nadie, quedamos prendadas de una cuestión de males de amor que desangraba rosas sobre la barra de la posada.

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¡Hoy ganan las chicas! Mañana ya veremos

Who run the world? Girls! (¿Quién maneja/corre el mundo? ¡Las mujeres!). Tras citar esta oda de Beyoncé, una de las grandes pensadoras y profetas del feminismo mainstream, lanzo la pregunta que tenía guardada desde la primera edición de la " carrera de la mujer": ¿qué imagen de la mujer deportista promueve este evento de participación masiva?

Quise ahuyentar como moscas esos pensamientos feminazis con el suplemento del ¡HOLA!, cegarme con los contenidos light y bajos en azúcar que regalaban con la bolsa de la corredora... Pero imposible no sufrir el impacto de aquella horda de mujeres ataviadas con prendas rosa flúor en lo que cada año se consolida como el mayor evento femenino de carrera a pie en Europa.

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Vacaciones del feminismo

Ahí te ves con la máxima suerte de disponer de un tiempo libre ganado al capital y la productividad para poder disfrutar de la nada más absoluta, sin que nadie perturbe esa calma necesaria que recarga las pilas. Da igual verano o invierno, un fin de semana o un mes entero, quedarse en casa o viajar, la carga activista va sumándole kilos a tu maleta de mano, y la policía del género es más rigurosa que las compañías de bajo coste.

De verdad que sí, que querías pasar de todo y dedicarte a viajar, cambiar el pantone de piel y disfrutar de deporte, pareja, familia y amistades. Aquí empezó el drama, en creerte apta para el disfrute sin mayores lecturas*.

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Siempre es tu Orgullo, hetero

Tómate unos segundos y pregúntatelo: ¿Cuándo hablan de ti las películas, sin dramas ni suicidios provocados por tu manera de vivir? ¿Cuándo no has sido objeto de críticas, por sutiles que sean, por este mismo motivo? ¿Cuándo, en circunstancias cotidianas, no se da por sentado que te relacionas sexual o emocionalmente con alguien de tu mismo sexo?

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