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Carlos Bouza

Colaborador de Pikara Magazine.

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Solo quiero que me queráis

Conocemos a Rainer Werner Fassbinder (Bad Wörishofen, 1945 – Múnich, 1982) por ser uno de los grandes representantes del Nuevo Cine Alemán, nacido en la misma veta generacional de la que surgieron Wim Wenders o Werner Herzog. Un poco más familiarizados con su obra, descubrimos al cineasta que halló sus temas esenciales en las relaciones de poder y en las mecánicas de opresión del grupo sobre el individuo . En las distancias cortas, distinguimos además a un extraordinario formalista: a un hombre que hizo de la contradicción entre la explosión emocional de los melodramas estadounidenses y el artificio extremo de la forma (desplazamientos de cámara lentos y circundantes, reencuadres claustrofóbicos, fascinación por los espejos) uno de sus rasgos de estilo más reconocibles.

Falleció en plena juventud pero vivió rodando compulsivamente, a veces hasta tres películas en un año, justificando así el título del libro biográfico ( Ya dormiré cuando esté muerto ) que sobre él escribió su colaborador Harry Baer. La peculiaridad de esa filmografía oceánica es que conforma una incesante vuelta de tuerca sobre los mismos asuntos, como si el acto de crear obedeciese a una quemazón interior para la que no existía alivio. O como asegura Baer: “ La explotación de los sentimientos es el tema constante, el elemento dramático de todas las historias filmadas y escritas por Rainer. Una neurosis forzosa para todas las producciones, precisamente porque él ya no era solamente la víctima, sino también, en muchísimos casos, el verdugo”.

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Una carta de amor sobre la herida

" (…) y si cantas verdades la celda te preparan, te preparan el llanto, porque es obligatorio…/ sufrir siendo persona, guardar rencor, adular al pedante, llevar medias en los templos, tener bastantes hijos, volver mañana, tener enemigos, es obligatorio todo esto, y encima te prohíben escupir en el suelo "

En la siguiente anécdota, capturada por Vicente Molina Foix y publicada originalmente en 1998 en las páginas de El País, se intercambian humor y terror al más puro estilo Gloria Fuertes. El columnista entrevista a la poeta, y en mitad de una confesión heladora ella lanza uno de sus petardazos verbales de niña adulta: "Fui al metro decidida a matarme. Pero al ir a sacar el billete ligué, y en vez de tirarme al tren me tiré a la taquillera".

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